martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz Año 2014.

¡Feliz 2014!
 
Que este Nuevo Año reparta amor,
salud y trabajo para todo el mundo
a partes iguales, es mi deseo.
 


domingo, 29 de diciembre de 2013

Sintonizando el dial.

Dos cafés dispuestos en la mesa invitan a Rodrigo y Ernesto a una distendida conversación pero, dado que son colegas médicos de la apasionante rama de la psiquiatría, aparte de amigos, la charla deriva en cambios y contrastes de opiniones sobre algunos de sus casos.
-Ahora estoy sumido en el tratamiento de una familia de tres miembros, padre, madre e hijo, los tres padecen doble personalidad: el hijo es mecánico y por las noches dice que un impulso superior a su voluntad le obliga a vestirse de mujer. Ayer mismo me comentó que se había comprado unas medias de rejilla y que está loco por estrenarlas. Este individuo ha encontrado su vía de escape en una sala de fiestas, se ha hecho Drag Queen y reina en la noche, pero no porque sienta atracción por los hombres sino porque su parte femenina eclosiona hasta el extremo de la exageración, eso me cuenta. Se le va un pastón en atrezzo, no creas. Tiene un problema añadido, alguien lo está acosando y dice que se vengará de él el día que se le averíe el coche y lo lleve a su taller para repararlo.
Por otro lado el padre, que es fontanero, se desdobla en la personalidad de un guardia civil, también con nocturnidad y tiene entre ceja y ceja a una mujer que, según me cuenta, es una alteradora del orden público. De hecho la está investigando y todas las noches la ve entrar en un dudoso local; él, paga religiosamente su entrada para no levantar sospechas y desde un rincón la observa. Alguna vez ha pensado si estará en manos de una banda mafiosa, pero descarta esa posibilidad puesto que en las actuaciones de la chica nota que disfruta con lo que hace. Se ha matriculado en un gimnasio porque necesita entrenamiento y fortaleza para cuando llegue el momento de su detención; por lo visto ella mide dos metros veinte frente al metro y medio de tubería del fontanero.
Y la madre, pobre mujer, dice que es inspectora de sanidad y que cuando su marido e hijo llegan a casa, siente la imperiosa necesidad de tomarles muestras de aliento, ha comprado un alcoholímetro de estos que venden en las gasolineras y un microscopio donde repasa toda evidencia aspirada de la ropa de ellos. Ha llegado a la conclusión de que su hijo es un mujeriego, no hay noche que no venga con el cuello de la camisa marcado de maquillaje y purpurina y  afirma, que su marido tiene contacto con armas de fuego, le encontró una bala del calibre catorce sin detonar y testada del año 65. Yo le digo que más que inspectora de sanidad lo que es, es una agente del C.S.I.
¡Uh! se me ha hecho muy tarde Ernesto, me marcho, que antes de incorporarme a la consulta debo pasar por el rastrillo a ver si encuentro de una puñetera vez el cromo que me falta de Heidi.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Yo invito.

Dos amigos se encuentran
por la calle de Las Ventas.

¡Tres años sin vernos las caras!
dime amigo ¿qué te cuentas?
La vida me trata bien,
no me puedo quejar
unas veces toca perder
otras, toca ganar.
Te invito a comer, dice Pedro,
y así entre viandas, hablamos,
me cuentas y yo te cuento
y al mismo tiempo tragamos.
Empieza Pedro a pedír
jamón con queso manchego,
una botella de Anxo Martín,
dos cazuelitas de mero,
langostinos por doquier,
una pierna de cordero,
pestiños bañados en miel
y dos tocinos de cielo.
Poco hablan los amigos,
no le dan tiempo al bigote
de articular palabra
ante fantástico lote.
Pide Pedro la factura
y enrrollada la trajeron
si se midiese en altura
tendría dos metros y medio.
Cuando ve el susodicho tal rollo
se levanta muy tranquilo,
como el que no quiere la cosa,
y dando pasitos muy finos
a la salida se emboca.
El otro se levanta apurado:
¡eh, dijiste que me invitabas!,
Y ya lo he hecho, he invitado
¡haz tu también algo y paga!.

viernes, 20 de diciembre de 2013

No llorad.

No llores mar,
no llores niña,
si aquel barquito
que tu querías
te abandonó.
No llores flor,
no llores reina,
si aquella abeja
que te rondaba
te abandonó.
No llores cielo,
no llores tú,
que si tu lloras
que si tu lloras,
se muere el sol.
Mirad mis ojos,
¿los veis llorar?
¡los veis alegres,
los veis calmados!
porque no quiero
que tristes sean,
porque no quiero
que así los vean
quien quiero yo.
Porque mi llanto,
por que no duela,
está guardado,
queda plegado
como una vela,
al corazón.

 
 


jueves, 12 de diciembre de 2013

Mi gorrión.

Siempre estuvo ahí
pero yo, no lo veía,
era como un gorrión
que volaba en el día.
Pero un día sentí la ternura
que su persona escondía,
y me asomé a su nido
bajo una rama sombría.
El corazón me dictaba,
en ese preciso momento,
que mis labios sellara,
que guardara silencio
que no molestara su canto
ni su vuelo sereno.
Pero no pude callarlo,
y le dije te quiero.
Luego, lloré al comprender
que no podía tocarlo,
pero prefiero llorar,
que causarle algún daño.
.
 


sábado, 7 de diciembre de 2013

Noche de insomnio.

En esta noche de insomnio
voy a contar las estrellas,
distraerme, haciendo acopio,
de un sin fin de planetas.
 
Voy a invertir el insomnio
en una noche de cuentas.
 
Dos estrellas, rumbo Norte,
brillan frías y lejos,
son los besos que me debes,
me susurra el Universo.
 
Otras, tiemblan, al Oeste,
como brazos que se mecen,
deben ser los veinte abrazos
que al no darnos, se estremecen.
 
Miro al Sur, voy contemplando
el jardín de Cassiopea,
me parecen margaritas
esperando que se lean.
 
Ya se va yendo el insomnio
en esta noche de cuentas.
 
Y es que, al Este, me conducen
nuevamente a imaginarte
 una rebelión de estrellas...
y me llevan a soñarte.
 
 
 

martes, 3 de diciembre de 2013

Intimos desconocidos.

De todos los acontecimientos importantes se suele recordar la fecha pero en este caso, y siendo algo trascendental, no se supo en que momento ocurrió. Tal vez comenzó todo a decaer tras aquella profunda decepción que, por parte de Andrés, sufrió Helena. Tal vez fue debido a la apatía en que se convirtió lo que un día llamaron amor, tal vez fue una mezcolanza de todo, el caso es que ellos dos, viviendo juntos, eran habitantes de dos mundos distintos. Se habían convertido en vecinos de cama y mesa, limitándose a darse los buenos días y las buenas noches. Pero de un tiempo a esta parte algo había cambiado en Andrés, sí, ella lo adivinaba en su mirada, y era algo que a esas alturas no le importaba, no sentía recelos de ninguna clase, es más, le alegraba su alegría.
Ella también estaba dichosa, se había enamorado, aquella cortina doble y pesada en que se había convertido su rutina diaria se había descorrido, volvía a entrar la luz del sol, volvían las manecillas de su corazón a marcar el tic tac que despertaba sus días.
Las horas en que menos trabajo tenía en la oficina se conectaba a una red social de amigos, allí fue donde conoció a Enrique. Se estuvieron hablando durante tres meses, los dos compartían gustos e intereses, reían con las mismas chorradas, proyectó en aquel hombre todos sus deseos y carencias afectivas. El, por su parte, le correspondía con una ternura infinita, algo que Helena, Sara para él, pocas veces saboreó en su matrimonio.
-No me esperes a comer hoy Helena, tengo una importante reunión y no regresaré a casa hasta la noche-. Ese fue todo el "hasta luego" que Andrés anunció antes de marcharse de casa. Ella asintió con la cabeza, le ofreció su abrigo y le cerró la puerta con un "hasta la cena". Después sonrió y contuvo la respiración: -lo haré...voy a ir.
Enrique la esperaba en un restaurante acordado, ese iba a ser el día que se conocerían físicamente, hasta entonces todo se había limitado a conversaciones escritas, se conocían por dentro, ahora lo harían por fuera. El último mensaje que él le envió fue: Restaurante La Florida, a las dos de la tarde, mesa cinco.
Ella se presentó ante el maître, el cual acompañó a la señora Sara a la mesa cinco anunciándole que la esperaban.
Allí estaba Enrique, sentado de espaldas a la entrada, ella tomó aire y con paso decidido y el deseo haciéndole nudos en el estómago se acercó hasta él, dejando caer cariñosamente la mano sobre su hombro. Enrique se levantó, girándose para contemplar el rostro de aquella mujer que le había robado el sueño y devuelto la alegría.
El nombre de Andrés tembló en los labios de Sara.
El nombre de Helena palideció el rostro de Enrique.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Adolescencia

 
Comprimidos en su mochila
guarda sueños y libros
y sus adolescentes ojos limpios,
brillan en su cara de niña.
 
En esta revolución callada
emergen mil sensaciones,
que brotan en una cascada
de rebeldía y contradicciones.
 
La crisálida ya es mariposa
que quiere volar en su mundo,
pero es delicada y preciosa
y aún no ha marcado su rumbo.
 
Y en sueños de purpurina,
resplandecen sus quince años,
siendo mujer, aún es niña,
niña que roza otras manos.
 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Querido inerte.

Cuán parecidos somos los dos; tú, ahí, eternamente esperando, no lo quieras disimular, a los dos nos han abandonado.
A ti te dieron la vida a golpe de cincel y martillo, a mí también, querido inerte, a mi también. Cada golpe que recibí me construyó, como a ti, me dio forma y carácter, me empujó a salir al mundo, y ya ves, insigne inerte, a los dos nos abandonó quien nos dio la vida.

Los dos descansamos sobre un pedestal, el tuyo de mármol frío para igualar tu temperatura; el mío de cartón, para regular la mía. A ti te acompañan las palomas, a mi un gorrión, mi perro, y no digamos la plaza que compartimos, expuestos los dos a las miradas, con un mismo fin, querido inerte, que no nos olviden.
Verdad es que, cuando nos mira la gente, piensa en nuestro pasado y que, posiblemente, si estamos aquí es porque lo merecemos. Yo lo noto más que tú, se distinguir la intención que hay en una mirada.
En fin, querido inerte - ahora habla en voz alta y, haciendo un esfuerzo, se levanta del suelo- me marcho, si hay algo que soporto peor que tú es el frío, la lluvia y el hambre.
Vamos Gorrión.

martes, 19 de noviembre de 2013

Romance de la incomprensión.

Y ahora pasa por mi lado
y tan siquiera me mira,
a veces, me vuelve la cara,
como a una desconocida.
 
Yo le di la primavera,
lo hice flor de una semilla,
lo alimenté con mis venas
y le recé de rodillas.
Dos veces treinta,los años,
que me ha gastado la vida,
a pares los desengaños
con alegrías vividas.
Nuestro hogar era un brasero
con llamitas encendías,
mi niño, era el lucero,
y mi marío el mesías
al que le hice juramento
de amarlo todos los días;
y lo quise, bien es cierto,
y el me quiso, a su manera,
sin campanas tocando a besos,
mas con lecho y mesa ofrecida.
Y así, niño de agua,
fueron pasando los años,
-el chico, como en la fragua,
se fue forjando hecho hierro
y nosotros, los amantes,
que nunca tocaron el cielo,
nos fuimos acostumbrando
a vivir sin un te quiero-
Y ahora, maldita la suerte
que se cruzó en mi camino,
me está llevando a la muerte
y a la vida que no he vivido.
Ese hombre que odias,
ese, con el que convivo,
al que nunca llamarás padre
y  te respeta como a un hijo,
le ha vuelto la vida a tu madre,
me ha hecho saber que yo existo.
Repróchame el abandono,
la frialdad que he tenido
al elegir de qué modo
quiero acabar mi camino;
pero soy la misma madre
que con dolor te ha parido,
la que te lleva en la sangre
aunque no estés en el nido.
Castígame con palabras
y con tu rencor de niño,
levanta un puente de silencio
que al tiempo caiga vencido,
planta un jardín de ortigas
que, al tocarlas, me recuerden
lo que escuecen tus heridas,
las que son mi media muerte,
pero no me vuelvas la cara
ni me entierres en tu olvido,
sí, tu madre está enamorada
y qué...
¡ tú sigues siendo mi hijo!
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


viernes, 15 de noviembre de 2013

Romance de la voz en la sangre.( Rafael de León )

Fue hacia la tercera luna
cuando lo sintió en los centros.
Estaba sobre la hierba,
tumbada de cara al cielo
—viendo la tarde morirse
sobre sus ojos abiertos—
cuando notó en la cintura
como un pájaro pequeño,
que aleteó por lo oscuro
de su vientre unos momentos,
y luego vino a pararse
sobre su talle, en silencio...
Fue hacia la tercera luna
cuando lo sintió en los centros...
Un ¡ay! de gozo y asombro
y otro de duda y recelo
salieron de su garganta.
Las palomas de su pecho
se erizaron de blancura,
y un temblor de alumbramiento
sacudió de sur a norte
todo el mapa de su cuerpo
e hizo crujir entre sombras
las ramas de su esqueleto...
En un brinco de gacela
se ha levantado del suelo
y ha echado a andar lentamente
por la vereda de cedros.
Parece tallada en tierra
la cara de Sacramento.
—Iré a ver a la Jacinta
lo mismo que otras lo hicieron...
Ella conoce las plantas
y sabrá darme el remedio...
—¿No te da pena matarme
antes de nacer...?
¡Qué miedo
le dio al escuchar la voz
que le salía al encuentro,
envuelta en hilos de sangre
cortando su propio aliento!
—¿Quién eres que así me hablas...?
—Ahora, nadie... casi un sueño;
mañana, si tú me dejas,
un hombre de cuerpo entero...
—¿Y qué voy a hacer, mi niño?
—Parirme como un almendro
en la mitad de la cama
con las entrañas ardiendo.
—¿Pero y mi honra?
—Tu honra
la limpiaré con mis besos:
las madres después del parto
quedan igual que un espejo...
—Pero me faltan seis meses,
seis plenilunios completos
frente a los ojos que miran
y las bocas de veneno.
—¿Y a ti qué te importa nadie?
Ponte delante del pueblo
y escúpele la belleza
de llevar un hijo dentro.
—¡Temo a las lenguas cobardes!
—Y en cambio no te da miedo
ir a buscar una planta
de sombra —flor de silencio—,
para derramar mi vida
por el primer sumidero
y que no quede del hijo
ni una fecha ni un recuerdo...
—¡Calla!
—No puedo callarme.
Una perra no haría eso:
me lamería los ojos
hasta que los fuera abriendo...
Pondría mi piel süave
lo mismo que el terciopelo
y luego ya, sin saliva,
con los dientes en acecho,
se tumbaría a mi lado
hecha un río dulce y tierno,
para que yo la dejara
hasta sin cal en los huesos.
—¡Por Dios!
—Por Él, yo te pido
que no me dejes sin cielo.
Corta sábanas de holanda;
borda pañales de céfiro;
aprende nanas azules
y planta naranjos nuevos...,
y cuando me hayas parido
como a un torito pequeño,
abre puertas y ventanas,
que me contemplen durmiendo
lo mismo que un patriarca
en el valle de tus pechos...
La voz se apagó en la sangre;
la cara de Sacramento
parece como de barro
de oscura que se le ha puesto,
y con sus manos sin pulso
se toca el vientre moreno...
¡Ay qué monte de alegría!
¡Qué rosal al descubierto!
¡Qué luna bajo la falda!
¡Qué lirio de tallo inquieto!
—¡Yo te juro, amor —mi niño—,
por mis vivos y mis muertos,
que te he de parir un día
sonámbula de contento,
aunque me escupan a una
todas las lenguas del pueblo!

martes, 5 de noviembre de 2013

Antítesis.

Si de una dulce mirada
brota un río de paz...,
si de una boca enamorada
el fuego que enciende un lar...,
si de unas manos amorosas
la fuerza de la bondad...
entonces, lo que siento, no puede ser malo...,
y lo debo olvidar.

Sensibilidad en estado puro.


Este bebé es el ejemplo más claro de lo que es sensibilidad.
Si su mamá no le da un beso y un achuchón...¡se lo doy yo!.

sábado, 26 de octubre de 2013

A través de ellos. (Relato)

El padre de Alfonso era guardia, fue destinado a otra ciudad en un nuevo destacamento. Eran sus primeros diez años de profesión y todavía no tenía plaza fija en un determinado lugar; iba a merced de las órdenes de sus superiores. Su equipaje era, aparte de los uniformes que vestían su graduación, su mujer y  sus dos hijos.
Uno de ellos, Alfonso, contaba con catorce años en aquella época, la niña , Aurora, era menor, ella tenía nueve años. Así que cada vez que llegaban a una ciudad nueva, tocaba buscar vivienda puesto que no les gustaba vivir en el cuartel. Siempre encontraban un piso acogedor donde vivír y acto seguido la matriculación de los niños en la escuela y de alguna manera, a empezar de nuevo.

El carácter de Alfonso era seguro, a pesar de una ligera timidez que desaparecía en cuanto congeniaba con sus nuevos amigos. Era un chico educado, casi a la antigua usanza en cuanto a los modales con sus homónimos.
Lola era de su misma edad, se conocieron en el colegio y si en algo le ganaba a Alfonso era en timidez, un rasgo de su personalidad que la acompañaría siempre.
Los catorce, quince años, es una edad en la que muchas cosas se despiertan y nacen, y esa es la edad propicia para que el amor haga acto de presencia. Eso fue lo que ocurrió entre aquellos dos colegiales, pero no fue un amor abierto, declarado, fue más bien como un juego de señales, de miradas e indirectas, un te quiero, pero no me atrevo. Tontamente y entre amigos se decían cosas como que un día nos casaremos y tendremos tres o cuatro hijos, bajo la complicidad de las sonrisas, pero dentro de sus ojitos, tanto uno como la otra proyectaban aquella vida.
El padre de Alfonso, tras un año en aquella ciudad, recibió la orden de un nuevo destino.
Se marcharon , y todo desapareció entre Alfonso y Lola, no quedó más que el pensamiento lleno y éste se fue disipando conforme avanzó el tiempo. No pudo ser de otra manera.

Cuarenta años después se volvieron a reencontrar por éstas cosas del destino y el destino, precisamente, les ha dado aquello que querían: un hijo... el nieto que comparten a través de la hija de Alfonso y el hijo de Lola.
Cuando el Universo se propone algo, lo consigue, él busca y encuentra todos los medios para lograrlo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Si quieres que te olvide.

Me pides que te olvide
y sabes bien que lo haré,

pero primero...
el cielo debe ser verde,
las aves, volar del revés,
la blanca nieve, amarilla,
y los árboles, tener pies.
Las manos, deben ser alas
y los mares, de papel,
las rocas, de blanda espuma
y la sal, que sepa a miel.
Que al mediodía, la luna,
brille más fuerte que el sol
y en el hielo de un iceberg,
se despierte una flor.
Y cuando todo se cumpla,
sabrás que ya te olvidé.


Tres canciones para Sofía.

Nació en el seno de una familia humilde, tanto, que era monoparental. Su madre se hizo amiga de la soledad en el mismo momento en que dió la noticia de su embarazo al hombre que fue su pareja. Ella, Adela, hizo de tripas corazón para llevar a buen término su embarazo. Apenas cumplidos los veintidos años supo que la felicidad es un decorado y la suerte, el tramoyista que cambia el fondo del escenario en cualquier momento. Pero aquella soledad, no fue razón de peso para dejar de amar al ser que poquito a poco iba creciendo en su seno.
Sofía nació hermosa y sonrosada como una rosa de Alejandría. Quiso su madre llamarla así por la alusión de su nombre a la sabiduría.- Esta niña llevará aprendida la lección de su madre, le ensañaré a luchar por sí misma y por lo que ama, pese a que los andamios sobre los que pueda apoyarse algún día sean débiles.


Primera canción para Sofía:

Viene mi niña a la vida
con dos rosas en la cara,
trae el rubor en las mejillas
de la flor más delicada.
Un lunar en la rodilla
sobre piel de porcelana,
es la octava maravilla
en mi preciosa niña amada.

Sofía creció siendo una niña felíz. Adela la sacó adelante con una extraña madurez hoy en día en la juventud. Sacrificó la etapa de diversión que cronológicamente le correspondía por derecho, pero con tanto gusto, que la palabra sacrificio no casaba en absoluto con la responsabilidad para con su niña.
El tiempo pasó. Adela, cuando cumplió los treinta años, conoció a un chico, Andrés, y volvió a prender la llama del amor en su vida. Sus miedos, o tal vez su decepción, se fue disipando en el tiempo y el carácter de ese chico avaló toda la confianza en el tramoyista de la felicidad.
Por aquel entonces Sofía tenía siete años y un día, sin más ni más, jugando en el parque bajo la mirada supervisora de su madre, un hombre se presentó delante de la niña. En un principio Adela pensó que sería el padre de alguno de aquellos niños que jugaban, pero de repente le dió un vuelco el corazón. Aquel hombre era Hugo, el padre biológico de la niña.
-¿Qué vienes a hacer aquí?- dijo Adela acercándose rápidamente a su niña.
Ha pasado tanto tiempo...-dijo él-, pero nunca te he olvidado. He sabido de tí y de la niña a través de personas conocidas de los dos..., pero nunca me he atrevido a dar el paso de hablar contigo.
-Nada tienes que hablar conmigo, yo no te conozco, así que vete de nuestro lado o llamo a la policía.
-Tienes que escucharme, te lo suplico, no tiene perdón lo que hice, lo sé y me ha pesado siempre pero... es cuestión de vida o muerte.
Adela cogió a la niña en brazos y se marchó.
Habló con Andres de lo sucedido aquella tarde en el parque, y decidieron ir a consultar con un abogado si Hugo tendría algún derecho sobre su hija, a la que no había visto ni en su primera ecografía. Tenía miedo, realmente estaba asustada más que nunca en su vida. El abogado les dijo que él podía pedír una prueba de paternidad para reconocer a su hija, y en ese caso, tendría derechos y obligaciones sobre ella.

Segunda canción para Sofía:

Mi pajarillo solito en el nido
de su mamá quieren quitarlo,
pero mis alas, que son tu abrigo,
son de algodón y de titanio.
Siempre estarás cogida a mi mano
sin tus deditos, mi bien, me pierdo,
y esta canción de tono amargo
no escucharás, se irá en el viento.

Hugo no volvió a dar señales de vida hasta pasados tres meses de aquel encuentro. Esta vez fue a esperar a Adela a las puertas del lugar donde ella trabajaba, una tintorería. Frente a ésta había una cafetería y le pidió que, por favor, lo acompañara allí para hablar. Ella se negó en rotundo y él se echó a llorar como un niño chico.
Aquello le sorprendió tanto que su blindaje cayó de repente, no entendía ese amor tan conmovedor y repentino...accedió a escucharlo.
Tomaron asiento en una mesa alejada de las miradas y allí le expuso lo grave de su situación:
No quiero haceros daño a ninguna de las dos, ya te hice bastante en su momento comportándome como un cobarde sin escrúpulos. Fui un inmaduro que no supo hacer frente como tú a las reponsabilidades de mis actos y eso no tiene perdón porque, aparte de dejarte a tí en esa situación, también dejé a mi propia hija a su suerte. Ahora vuelvo nuevamente como un cobarde asustado y necesitado, egoísta.
Me casé hace cinco años, tengo un niño de dos años y está enfermo. Necesita un transplante y Sofía es una posible donante para él. Sé que merezco todos los calificativos que quieras ponerme pero, ya no piensa en mí, piensa en que ahora, si esa posibilidad existe y me la niegas, también estas abandonando a un ser inocente a su suerte, que sin ser nada tuyo, es hermano de Sofía. Jamás mi intención es quitarte a la niña, ella ni me conoce, pero esto puede ser un final, o el principio de una nueva oportunidad para todos. Piénsalo Adela, la niña no correrá ningún riesgo grave para su salud y a cambio, puede darle la vida a su hermano. El tiempo apremia, sólo te pido que tengas el corazón que yo no tuve en su momento.
Le dejó una tarjeta con su teléfono y direción y se marchó con el paso de quien lleva una pesada carga sobre los hombros.
Adela habló largo y tendido con Andres sobre lo sucedido, pasaron días de incertidumbre, dudas, sentimientos encontrados..., pero su hija se llama Sofía y ella la sacó de dudas.
Mami, tienes que cortarme el pelo como Andres, -le dijo una mañana-
Pero si Andres no tiene pelo,- le contestó a la niña echándose a reír.
Ya lo sé, pero es que Eduardo, un niño de mi clase, ha estado malito y le han tenido que cortar el pelo porque le dolía la cabeza. Ahora que ha vuelto al cole me ha dicho que se siente un poco mal porque todos lo miran raro y para que no lo vean raro yo también me lo quiero cortar.
Sofía, ¿tu ayudarías a un niño que está muy malito,... pero de otra manera?. Tendrían que operarte y pasarías unos días en el hospital, pero el otro niño se curaría.
Yo sí, -dijo Sofía-, si yo estuviera enferma, ¿tu no quisieras que me ayudaran a mí?
¿Dónde hay que apuntarse mami?
El niño de Hugo fue operado, Sofía era compatible, tuvo que someterse a dos intervenciones que le valieron por un hermano, un segundo padre y madre y el acertado nombre que en letras de oro lleva en el pecho, con permiso de mamá.

Tercera canción para Sofía:

Nació una niña sin padre,
con madre que vale por dos,
con inocente coraje
y un juguete en el corazón.
Es el juego de la vida
que con fuerza y con amor
en bondad se mutiplica,
cuando existe el perdón.

lunes, 21 de octubre de 2013

El ruiseñor y la flor.

Hubo una vez una flor
que tener alas, quería,

sus pétalos, de dos en dos,
con gran esfuerzo movía.
Pero ese leve temblor
al aire no la subía,
en cambio, agitaba su olor
y al cielo lo suspendía.
Su aroma llamó a un ruiseñor,
vientos nuevos le traía,
sintió que él era el cantor
de la más bella melodía.
Bendíceme con tus alas,
tuyos son mis colores.
Ave y flor perfumada,
son nuestros dos corazones.

domingo, 20 de octubre de 2013

Teorema de un sentimiento.

"El amor, ejerce un empuje hacia arriba
proporcional a la soledad desalojada".
Así lo siento yo cuando me miras;
así lo siento yo, cuando me hablas.
 

Pequeña poesía.

Eres el néctar que endulza mi boca,
la fruta madura que invita al bocado,
la ola que llega con fuerza a la roca
proyectando amor en un largo abrazo.

Eres la calma de un campo de trigo,
arco del cielo y arquero de enigmas,
en mis noches frías, refugio y abrigo,
llanura de sol, tierra prometida.

Eres la respuesta de las mil preguntas
que quedaron mudas en mi biografía;
eres tantas cosas, que aún estando juntas,
quedaría pequeña cualquier poesía.
 



viernes, 18 de octubre de 2013

Tengo.

Tengo una mañana de otoño
vestida de primavera
y un amor que crece lento
y denso, como la hiedra.
 
Tengo el sonido del mar
de fondo, que me susurra,
y unas alas que me elevan
atravesando toda penumbra.
 
Tengo el olor de la noche,
de jazmín y hierbabuena,
impregnado entre las sábanas
en las que mi alma te sueña.
 
Un ramito de violetas
y una cinta de terciopelo,
para que cuando tú vengas,
anudarte junto a mi pecho
 
y quedar los dos ligados
bajo el color de las lilas.
Tienes mi amor en tus manos,
¿tendré yo el tuyo algún día!
 
 
 


lunes, 14 de octubre de 2013

Déjame que te cuente.

Tengo pena, madre,
madre, tengo pena
de la flor que se marchita
en la mano del amante.
Del calor que nunca llega
de unos labios a escucharse,
del beso que se propaga,
en un vacío cortante.
Tengo pena, madre,
madre, tengo pena
del hombre que muere joven,
del viejo pidiendo muerte,
de la flor que nace blanca
y en amarga almendra revierte.
Y tengo pena, madre,
que el amor, siendo tan noble,
el que a toda mano acoge,
se abandone, como a un perro
malherido, a su suerte.
 
 


Vendrán golondrinas.

Vendrán golondrinas
por verdes paisajes,
de tímidos campos,
cruzando mil valles.
Llegarán en el vuelo
de tus horas rosadas
y vendrán a cubrirte
de alegría, la cara.
En tu boca harán nido,
en tu pecho, con calma,
trenzarán finos hilos
de la noche hasta el alba;
y el amor nacerá,
como nace el buen trigo,
el que crece en tu alma
y en sus ojos de niño.
 
 

jueves, 10 de octubre de 2013

Procuro olvidarte.

No puedo guardar la esencia
de la flor más perfumada,
ni la luz que a mi pupila
en claroscuros dilata.
Ni el sonido de las palabras,
ni la voz de una guitarra,
venga cantando alegre
o llore penas amargas.
 
No quiero guardar el recuerdo
de tu imagen en mi memoria,
ni aquellas palabras tuyas
que me supieron a gloria.
Ya ves que extraños deseos
confluyen a su albedrío;
lo que quiero guardar, no puedo,
lo que quiero olvidar..., ya es mío.

 
 
 
 


miércoles, 2 de octubre de 2013

Las decisiones del buen Pepín.

Pepín y Manolita, un matrimonio feliz doquiera se busque, llegadas las vacaciones del hombretón, habla con su mujer.

Pepín: Mi reina, hace mucho que no salimos a ver mundo, pues ya está bueno lo bueno, he decidido que te voy a llevar a que conozcas La Giralda de Sevilla.
Manolita: ¡Huy La Giralda!...¡no sabes la ilusión que me hace a mí!, ya era hora de que tomaras decisiones, hijo de mi alma, que siempre me dejas a mi con todo el peso de hacer o dejar de hacer.
Pepín: Pues ¡ea! ya estás preparando la maleta que para luego es tarde.

Ella, obediente, busca en el ropero la maleta que tiene guardada en el altillo envuelta en una sábana, la echa sobre la cama, la abre, y dubitativa dirige la mirada a su marido que la contempla desde la puerta de la habitación.

Manolita: Oye Pepillín, digo yo...que...mi madre...no la vamos a dejar aquí solita ¿no?.
Pepín: ¡Noo!, de eso nada, ¿cómo?, la vamos a llevar a la casa de tu hermano, al calorcito de la familia, no penes por eso mi reina.
Manolita: Ay Pepín...si es que...no es por mi hermano, pero su mujer...no la va a cuidar como lo hago yo, ni siquiera le va a hablar como yo, ella es muy chillona ya sabes las voces de soprano que se gasta.
Pepín: Sufres por sufrir, Manolita, si tu madre y su oído hace tiempo ya que perdieron la amistad. Anda, confía en tu cuñada que tu madre la va a entender mejor que a ti, mujer.
Manolita: No sé, no sé, yo no me quedo tranquila, mira si no cómo estaré de azorada -le dice mientras va doblando la ropa que va metiendo en la maleta-  que sin darme cuenta ya he metido dos blusas suyas en el equipaje.
Pepín: Pues las sacas, una equivocación la tiene cualquiera.
Manolita: Esto es una señal del destino Pepín, esto va a ser que se tiene que venir, hay que hacer caso a las señales mira si no la ocurrencia tuya de irnos de viaje, a santo de qué después de tantos años íbamos a viajar...,es otra señal del destino y verdad es que le vamos a hacer caso.

A Pepín poco a poco se le va calentando el genio, pero no dice nada, sólo resopla, bufa.
Buscando argumentos para hacerla desistir de su idea le pinta Sevilla con unas calles empinadas y cuesta arriba y con las aceras hechas de cantos rodados, incómodas de transitar.
A todo ello Manolita le responde que su madre tiene el oído extraviado, pero que las piernas muy obedientes.

Manolita: ¿Me estás dando a entender, Pepín de mi corazón, que si mi madre nos acompaña, en vez de ir de vacaciones vamos a ir de Vía Crucis? porque eso no te lo voy a consentir, sabes cuánto te quiere, los guisos que te prepara...¡mira! así se lo vamos a agradecer, ¿ves? es otra señal del destino.

Pepín, que lo que más grande tiene, aparte del estómago, es el corazón, contesta:

No se diga más, mujer, tu madre se viene.
Manolita: ¡Ay!  -un ay largo y alegre como unas castañuelas-  si yo llego a saber lo bueno que eres tomando decisiones...te las dejo todas a ti.
Y haciendo como que le abrocha un botón de la camisa y luego se la plancha con las manos, termina el arreglo con un beso cuyo chasquido en la mejilla resuena por toda la habitación.

El día siguiente es el día del viaje, Manolita ya le ha dejado dicho a su marido que sea él quién le de la noticia a su madre, ya que de él ha sido la decisión de llevarla con ellos a la capital Hispalense.
Pepín se dirige a la habitación de doña Carmen, que está sentada en una mecedora, con el bolso colgado del hombro y recién llegada de la peluquería.

Pepín: Carmencita, ¿ha visto alguna vez La Giralda?.
Doña Carmen: ¿Cómo dices, hijo? ¿si ya he guardado la falda?...sí, me llevo tres, con esas me arreglo para unos días. ¿Nos vamos ya?.










martes, 1 de octubre de 2013

Inaccesible amor.

 
España se me hizo tan grande,
cuánta tierra por medio había,
galopando en corcel, de noche,
sus crines peinaba el día.
Valles anclados, sin nombre,
montañas de cumbre umbría,
bosques de encaje, y guijarros,
de piedra en la serranía.
 
Para encontrar tu mirada
nada me detenía.
 
En las noches buscaba aposento
bajo los robles armados,
y el primer rayo del alba
era tu nombre en mis labios.
Bebía en copa de río,
lavabanme rayos de luna,
mi alimento era el rocío
mis sábanas hilos de bruma.
 
Para encontrar tu mirada
fuerza e ilusión eran una.
 
Y adelante, siempre adelante,
siempre en busca, en pos de un sueño,
de un camino inacabado
a inacabado sendero.
Mas, ¿dónde ha desta tierra fin?
¡cuán errantes dama y montura,
cabalgan aún bajo la luna,
hasta el último confín!
 
 


domingo, 22 de septiembre de 2013

Alma y corazón.

¿Por qué lloras? alma sin corazón,
acaso tú, que nada pesas,
¿puedes sentir más tristeza que yo?
Tu escapas, huyes cuando quieres,
te distraes con un rayo de sol,
en cambio, yo, aquí encerrado,
como oveja obediente al pastor,
todo lo sufro, todo lo callo,
yo soy el yunque que grita sin voz.
 
Sí, soy alma, mas me he alimentado
de la misma fuente que calma tu sed,
y lloro lo mismo que tu ser cuitado,
tu dueña y la mía es la misma mujer;
la que cuando ama, pone el alma en boca,
en sus manos deja todo el corazón,
por eso hoy estamos los dos lastimados,
nos duele lo mismo su herida de amor.
 


jueves, 19 de septiembre de 2013

Los rostros del Amor.

Os siento triste y desolado esta mañana,
vuestros ojos han quedado cual la noche

que se niega a recibír a la alborada
y se obstinan ser reflejo de azabache.
Ella ha sido y aún será su blanca estrella,
la que indica el caminar de su existencia,
la que os perfumó de azahar con su belleza
y con su aliento consumió vuestra tristeza.
No podéis quedar en desaliento,
ella lloraría si así os viera,
y no querréis que en un murmullo el viento,
le haga saber que aún hay lágrimas por ella.
 
Ella fue el diván en el que mi alma
cansada, recobraba nueva vida,
sólo ella y el color de sus mejillas
me alegraban, me ofecían vida y calma.
Si ya no está conmigo, no hay sentido,
para este cuerpo que no tiene más remedio
que aceptar con valentía mi destino,
o morír en soledad con su recuerdo.
Y se inclina la balanza hacia su lado
y un océano me ruge en las entrañas,
sólo quiero sumergirme en ese lago
que escondían con cuidado sus pestañas.

Mi señor no habléis así que yo no puedo
consentír que vuestra voz se resquebraje
cual cristal, que aunque templado es ligero
y frágil, cuando sois hierro forjado.
¡Qué no veis alrededor de vuestro mundo!
¿por qué no levantáis vuestra mirada?
que estas flores necesitan vuestro cuido,
que son brotes de la luna plateada.

Y miró el noble señor aquellos ojos
y esas manos, que pequeñas, le agarraban
y en su cara vió nacer los mismos gestos
y mejillas en que flores estallaban.

El amor perpetuó su pura esencia
en la niña que en sus brazos acunaba
y encontró en la criatura la presencia
y el amor que en bella esposa le faltaba.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Si del corazón hablamos.

Te quiero, sin más querer que quererte,
así haya sol, viento, lluvia o nieve;
y al quererte, mi corazón se estremece,
sin que haya sol, viento, lluvia o nieve.
 


jueves, 12 de septiembre de 2013

La última batalla.

Año 564 - Baja Edad Media-.


Los caballos estaban ensillados y nerviosos. En el aire se respiraba una sensación extraña; mezcla de valor y seguridad de quien confía en sí mismo, mezcla de desasosiego, como quién sabe que deja en manos de los demás una importante labor sin acabar.
Era la hora de partír, el momento de las despedidas, de besos y lágrimas.
Ella lo besó en los labios dejándole el sabor dulce tan particular de su boca. El acarició su rostro con delicadeza y guardó la llave dentro de su bota de montar.
Era la costumbre, la atroz y denigrante costumbre,  para la mujer,  del cinturón de castidad.

Pasadas cinco semanas de aquella mañana ella se despertó con náuseas. Su cara estaba pálida como la cera y a duras penas podía sostenerse sobre sus piernas.
Sus temores se habían confirmado: estaba encinta.
Lo que para cualquier mujer hubiese sido una alegría, ella lo lloraba amargamente.
El no regrasaría -si regresaba- hasta Dios sabe cuándo y ella, en ese estado, se encontraba en un gran dilema.
Los comentarios no tardaron en escucharse. Unas mujeres, las más piadosas, se compadecían de ella ofreciéndole consejos y remedios; otras, -posiblemente las que menos tuvieran que hablar- la miraban con desprecio y no bajaban la voz en sus comentarios al verla pasar, todo lo contrario, querían ser escuchadas.
-Ahí va ella...de nada le ha servido al esposo guardar su tesoro, porque si él hubiese estado seguro de esa posibilidad nunca hubiera cerrado la puerta.-
-Hay algunas que son así ya desde que nacen y no hay llave que las encierre....- y reían jocosamente.
Sabía que se exponía a ser repudiada por su esposo -siendo un castigo benevolente- si a su vuelta lo recibía con un niño en los brazos, pero era demasiado el amor que sentía por su criatura para hacerle pagar a él la turbia mentalidad de esos tiempos.

Fué liberada del cinturón de castidad antes del séptimo mes de gestación por un herrero y su hijo vino al mundo en una madrugada del mes posterior.
Estuvieron los dos entre la vida y la muerte a causa de la escasez de higiene y de que el niño se presentó de nalgas. Pero con mucha suerte los dos lograron sobrevivír.

A los tres años regresó su marido de las duras batallas que tuvo que librar.

Sus fornidos brazos apenas eran ahora piel y huesos. Estaba famélico, la barba le caía onduladamente cubriéndole el mentón y en sus ojos quedaba un deje de tristeza, de amarga victoria. Sólo él sabe lo que su mirada contemplaría.
Entró en la casa apresuradamente, casi con alegría, y bajo el arco de piedra que daba al patio encontró a su esposa y sobre sus brazos, un niño.
La primera reacción de él fué acercarse a ella y palpar su cintura.
Ya no estaba allí, solamente notó, a través de su larga falda, el contorno redondeado de sus caderas.
Miró al niño con extrañeza, el pequeño le respondió con una sonrisa, dejando ver sus diminutos y blancos dientes como granitos de arroz.
La miró de una forma cortante y fría y dió media vuelta marchándose en silencio.

Ella dejó al niño en el suelo, con cuidado, y corrió tras él.
Lo cogió del brazo haciendo que se girara y con lágrimas en los ojos le dijo:
-Mi felicidad es ahora doble, esposo mío, estás vivo, estás salvo y nuestro hijo tiene padre.


-¿Nuestro hijo? - contestó él con voz áspera.- Yo no dejé ningún hijo al partir.
-Sí lo dejaste, mas ninguno de los dos lo sabíamos. Ha crecido en mi vientre el fruto de nuestro amor, y eso, nadie nos lo puede arrebatar. He llorado ríos por tí, pero mares por nuestro hijo, por el niño que mi mano toma.
El hombre la besó en la frente y dándole la espalda se marchó.

No volvió a verlo hasta pasadas tres semanas.
Regresó de librar otra batalla, la batalla interior de su conciencia.
La última batalla.
-He matado en nombre de nuestro Rey, he padecido dolor, hambre y enfermedad por los demás. ¿Cómo perder la gloria ahora que la tengo en mis manos?.

Y se fundieron los tres en un largo abrazo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

El sueño de un molinero.

 
A la sombra del molino
descansaba un molinero
con el pecho oliendo a trigo,
con el corazón sereno.
Y soñaba con las aspas,
con blancas velas de lino
que, como barco en la mar,
son del viento capricho.
A su sueño lo mecía
el susurro de la yerba
que en la tarde se vencía
en minúsculas piruetas.
Las nubes blancas pastaban
cual silencioso rebaño
que a algún pastor de los cielos
se les habría escapado.
Mi vida ¿será como el trigo?
se preguntaba entre sueños,
pues siendo apenas un niño
era una espiga en el suelo
y ese chico ahora es grande
¡y firme, que miro al cielo!.
Una amapola ha venido
para la vida alegrarme,
tiene los labios de vino,
dulce, y embriaga mi sangre.
Se han molido mis penas,
esos granos de soledad
a los que llamaba amiga
por no quererme abandonar.
Ahora, de blanca harina,
entre su vientre y mi lar
y el amor a fuego lento,
nació un bollito de pan.
 
 
 
 


domingo, 1 de septiembre de 2013

El verde abrazo.

Son las siete y cuarto de la mañana, el sol ya ha baldeado el suelo del cielo y ahora se sienta a pensar, tanto, que poco a poco empezará a calentarse; después de tantísimos años mirando las cosas que hacemos los de por aquí abajo cuando enciende la luz, es de entender que sus motivos tendrá.
Dado que esta escena que a continuación relato es presenciada desde la casita de la sierra, entenderá el lector que la vecindad son las aves, los árboles y las hierbas, las florecillas, los insectos y hasta las mismas piedras, bastante proclives al beso mineral. Creo oportuno aclarar lo del beso mineral. Cuando el agua penetra en la tierra, es besada, tanto por su recibimiento como en su despedida que será a través de los muchos manantiales, siempre ha sido así, creo que es el beso más antiguo de la historia.
Pues bien toda esta vecindad es la que otorga magnificencia a éste enclave, por lo demás, mi presencia es intrusiva, pero el monte, recogiéndose un poquito, me deja un lado, me recepta. Es un excelente anfitrión y antes de marcharme debo agradecérselo. Tengo tiempo para pensar.
No existe la prisa en este lugar, aquí el tiempo no es oro, es más, aquí fluye con su natural recorrido por el camino del día. Los pajarillos tienen su quehacer y por cierto lo hacen muy ordenadamente. Uno de ellos está construyendo un nido, lo he visto ir y venir de la rama al suelo y del suelo a la rama con ilusión...¿ilusión?...,tal vez eso de la ilusión solo es cosa nuestra. Sí, estoy convencida de que en el reino animal eso no existe, por eso tampoco existe la decepción. Aquí todo es instintivo, memoria genética, todo es sencillo y al mismo tiempo grande. Que me digan que construya mi propia casa con mis manos y proporcionándome a mi misma todo lo necesario; o que me pidan la paciencia de las florecillas que han de esperar el momento adecuado para florecer, o que me pidan la inteligencia del árbol de hoja caduca que sabe desprenderse de sus hojas para sobrevivir cuando el alimento escasea. La naturaleza es inteligente, no busca motivo, busca fin, la naturaleza se da.
Dentro de esta paz que percibo hay un movimiento y un trabajo excepcional, de categoría. Todo tiene aquí un orden perfecto, sin voces, excepto el sonajero que se traen entre patas estas cigarras, pero bueno, están en su casa. Cada cuál sabe su función y la asume sin necesidad de orden ni premio.
He pensado que la mejor manera de agradecer mi acogida es que el monte nunca se de cuenta de que he estado aquí.


p.d.
No tengo ninguna casita en la sierra, vivo a pie de mar, pero eso no es en absoluto motivo para no valorar, agradecer y recordar lo importante y hermoso que es el verde abrazo de la naturaleza.



viernes, 30 de agosto de 2013

Cosas de la naturaleza.

Le dieron rojo al clavel
por que, prendido en el pelo,
reluzca como un cascabel
alegre, claro y sincero.
 
A la azucena le dieron
blancor de luna llena,
por que, entre verde y verde,
su carita resplandezca.
 
A la rosa dieron fragancia
y unas cuantas espinitas,
recordando que el amor
suave tacto necesita.
 
Y a mí, lo que me dieron
de la florida naturaleza,
fue el temblor del rocío,
y lo siento cuando te acercas
cariñosamente a mi oído.