martes, 26 de febrero de 2013

Dueña de nada.

Si algún día me marcho y ésta, mi voz, no encuentras,
si mis ojos marrones, no han de volverte a ver,
si estas manos que escriben, se vuelven torpes, lentas
y mis sueños, despiertos, ya no saben qué hacer...
 
No permitas que la duda, te envuelva con su sombra,
diciendo que es mentira lo mucho que te amé,
porque los sentimientos, ni tienen fecha ni hora,
y aunque no esté presente, amándote me iré.


 
 


domingo, 10 de febrero de 2013

Carta sin dirección.

Abril de 20¿?

Era la abuela de esencia dócil, reservada y sentida; tímida por naturaleza. Aunque con el tiempo, dicen, tendemos a quitarnos las capas que pesan, las que van curvando los hombros poco a poco, en realidad las que sobran, ella nunca se desnudó completamente. Tal vez, la capa más profunda le abrigaba el alma.
No fué una persona de comportamiento irracional, sólo que, unas sonrisas repentinas, se dibujaban en su cara sin venir a cuento. Otras veces parecía tratarse de un rayito de sol que se asomaba por sus pupilas.
Compartía esa alegría con los demás y cuando le preguntaba, ella siempre me contestaba:
Cuando me veas sonreír sin motivo, no pienses que estoy loca, sólo piensa que, además, te quiero doblemente. Y me plantaba un beso en la cara.
Recogiendo sus pertenencias de los cajones, encontré una carta, solamente una, doblada y custodiada entre las páginas de un libro. Violé su intimidad, la leí.

Es terriblemente injusto que tú y yo dependamos por completo de la electricidad. Primero, porque son tus palabras descargas de mil voltios que se encienden en mi mente, atraviesan mi garganta y prenden en mi corazón, aunque bien podría ser el mismo circuito cerrado en dirección opuesta, y tendría el mismo significado. Segundo, porque es la única mensajera con la que propagarnos el uno hasta el otro, a través de un interruptor, (fría distancia).
Sobra decír que anhelo un día de tu mano, un sencillo camino que se hiciera especial sólo por el hecho de recorrerlo juntos; un aire nuevo que respirar, por que en él, estaría impregnado tu aliento y, un sol nuevo, visto por los dos desde la misma perspectiva.
Sobra decír que te echo de menos.

Descubrí entonces, que la abuela compartió su alegría con nosotros, pero no su angustia.

sábado, 2 de febrero de 2013

Armando.

Una lágrima clara
aún asoma...
negra brotó aquel día
en que la luna,
plisó tu agua
y a mi alma, toda.
 
Lloraba la fragua
tus manos de fuego,
el laúd marcaba
álgidos trastes
y es que el cielo redondo,
bajó a llamarte.
 
¿Quién gozará hoy tu risa,
con quién hablarás tu pena,
para que una sea grande
y se haga la otra pequeña.?
No te verán mis ojos,
pero tu hija te sueña.
 
No entiendo de olvido,
ni aún hablando de pena,
que olvidar, puede el necio,
puede el alma buena,
¿pero yo?
¡que llevo guardada tu sangre en mis venas!.
 
Dedicado a mi padre con todo el amor que me quedó por darle.