sábado, 30 de marzo de 2013

Pongamos que ya no te quiero.



Pongamos que ya no te quiero,
pongamos que ya te he olvidado,
y tú ya no necesitas
tenerme junto a tu lado.
Entonces ¿será el mar tan azul
como tu me lo has mostrado?
¿y las palomas blancas?
¿continuaran zureando
debajo de nuestra ventana,
si ya no nos ven besarnos?
Y este nido de gorriones,
mis dedos entre tus manos,
¿ya no emprenderán el vuelo
de tus labios a mis labios?
Pongamos que ya no te quiero,...
pero sabes bien... que te amo.
 


viernes, 29 de marzo de 2013

El tiempo y yo.

Podrá una nube gris, alborotada,
oscurecer la claridad amanecida
y agitar el frío viento impetuoso
la flor, que en su capullo está dormida.
 
Podrá la vasta sombra del olvido
gravemente, borrar cualquier imagen
y hacer mella en mis recuerdos consiguiendo
que mi vida, tal vez, sea un pasaje.
 
Pero no conseguirá jamás el tiempo,
arrancarme ni un segundo lo vivido,
aunque quieran arañarme los recuerdos,
intacto quedará en mí lo sentido.
 
 
 
 
 
 


lunes, 25 de marzo de 2013

Crónica del lunes.

Y regresé, por el mismo camino que me fuí.
Ha sido una jornada laboral ajetreada en todos los sentidos. Primero por la carga de trabajo que había, bajo amenaza verbal de que no saldría nadie a su hora si no estaba todo colocado.¡ Qué maravillosa manera de dar los buenos días!, ¿a que sí?...pero yo he desayunado bien, hoy.
A lo largo de la mañana hemos tenido visitantes de guante blanco, pillados in fraganti por el ojo que todo lo ve, las cámaras de vigilancia. Nada, dos chicas y un chico que traían de turismo la mano larga y el bolso grande, aunque a falta de bolso, pero no de mano, siempre les queda un hueco debajo de la camiseta, en el calcetín, o  hacen sitio delante del ombligo, que imaginación no les falta.
Pero no contaron con la astucia del segurata. El caso es que los han metido a los tres en el confesionario, habitación que hace las veces de nuestro cuarto de descanso, y desde allí intuía, por las voces, lo que se estaba cocinando. El guardia ha sido abofeteado por el chico, las dos muchachas gritaban y gritaban, creo que hasta se sentían ofendidas...hasta que han llegado los municipales.
Primero dos, pero han pedido refuerzos ... otros dos. Total que al final se los han llevado, pero...
no es robo, es hurto, así que ¡a la calle!.
Más tarde, una tierna abuelilla se ha dejado el bolso de mano, después de hacer su no pequeña compra, encima de una repisa y un amable caballero que lo ha visto me lo ha entregado. El bolso ha sido custodiado en el confesionario, no hacía más de diez minutos que la lady inglesa había salido de la tienda, por lo que debería estar en el parking guardando la compra. Efectivamente, al poco llega la mujer azorada, cardíaca perdida por el susto y cariñosamente le digo que se tranquilice, que su bolso está aquí. El guardia de seguridad ya se había marchado a comer y una compañera le hace la entrega de su pertenencia, pero, mi compañera que no se fía ni de su sombra, miró dentro del bolso. Ah!, llevaba, enrrollado en un pañuelo de seda, un bote de laca de la marca de las famosas y dos tabletas de chocolate...hay cosas que no comprendo puesto que no he visto la imperiosa necesidad del hurto en ninguno de los dos casos, Claro que, esas cosas no hay que entenderlas, visto el panorama a gran escala. ¿Será el ansia?.

Lunes!

Lunes, 25 de marzo, hoy he desayunado un tazón de optimismo. Estaba bueno, sí, no me explico como teniéndolo a mano no hago uso de él más a menudo.
Nada más subír la persiana del balcón, ya escucho a los pajarillos del parque trinar y el sol, de momento, ya roza las copas de los árboles. Hace más verde cada hoja que toca, las despierta y las viste , tiene buen gusto. Las gaviotas vienen y van, hacen nido en las salinas que, por situarlas desde donde estoy, están a mi espalda, así que las veo ir y venír del mar a tierra, supongo que también estan en proceso de su desayuno. Debajo del balcón hay un naranjo, dicen que es de naranajas amargas, no lo sé porque nunca las he probado, pero huele dulce,.está cuajadito de azahar, de lejos lo ves y parece que está lleno de palomitas de maíz.
Como el sol no se está quieto, (no noto que giramos todos al mismo tiempo, en algo estamos de acuerdo, qué bien), ya cae de medio lado sobre la callle. Extraño el silencio para ser lunes, claro, es temprano aún para el colegio; en cosa de media hora, son las ocho a.m., ya iré escuchando a los niños que llegan con la prisa de sus madres a la parada del bus escolar.
Mientras tanto, hoy me da igual la crisis, los recibos del ayuntamiento, el seguro a punto de vencer del coche y que espera renovación bajo importe de $, mi laúd desafinado que no hallo forma humana de encontrar la nota de cada cuerda,(aún con el afinador que los reyes M. me trajeron), las ocho horas que me esperan encerrada en el local donde trabajo y que de aquí a media hora he de entregarme voluntariamente. Hoy es lunes, empieza un nuevo día, una nueva semana, ha empezado una nueva estación, ¿se puede pedír más?. Te invito a otra taza de optimismo si por casualidad estas leyendo ésto.Azúcar?, añádele toda la que quieras, eso va a gusto tuyo, yo le puse dos cucharadas, tampoco me importa si se queda pegada a la cintura, bah, ya estaré tipo hueso cuando cumpla los cien.
Bueno pues sólo me falta la musiqueta, voy a pensar un poquito aunque ya sé la mejor para hoy.
¡Buen día!.




domingo, 24 de marzo de 2013

Es difícil.

Es diferente mirar la Luna desde mi ángulo,
es muy difícil pensar un verso sin pronunciarte,
es muy difícil contar el tiempo
que yo no paso junto a tu lado...
 
he decidido no usar relojes ni calendarios.
 
 Era más fácil no haber sabido nunca tu nombre,
era más fácil tocar el cielo que acariciarte,
era más fácil no haberte amado
y ahora no hacerlo me cuesta tanto...
 
mas yo se bien que sin mi presencia...
 sales ganando.

 


viernes, 22 de marzo de 2013

Amberes.

 
Sentado en el gastado sillón de cuero, sostenida su vieja reliquia en la mano derecha, Ovidio inhala el robusto tabaco de su pipa. El transistor emite en ese momento una nostálgica canción y esa voz femenina, junto con el humo grisáceo de la calada, lo transportan de nuevo al puerto de Amberes.
 

 Corría el añó de Dios de 1945 cuando desembarcamos de La Morena en un día brumoso. El puerto bullía en una trepidante actividad, mercancías llegadas de inimaginables lugares esperaban a los muchachos que, antes de despuntar el alba, aguardaban un puesto ocasional como porteadores de aquellos bultos desconocidos hacia carruajes en espera de ruta.
Por aquel entonces yo, Ovidio, era un fornido muchacho de diecinueve años, de barba rala y chispeantes ojos morenos que hacían contraste con mi alma marinera. Mi padre me llevaba allende los mares transportando especias, veníamos de las Molucas en un viaje que duró tres meses y en aquel puerto era donde nos esperaba el viejo capitán de los negocios Patrick Vranken.
Patrick aguardaba en su despacho, un habitáculo dentro de un edificio gris rodeado de ojos, las trescientas ventanas que observaban el trasiego de los grandes buques.
Mi padre y él se saludaron afectuosamente, ya eran viejos amigos de negocios y aquel momento fué aprovechado para presentarme, con el vaticinio de que yo sería quién lo supliría algún día en el arte de la navegación. Nos estrechamos las manos, viejas y finas las suyas, áperas y grandes las mías y comenzaron la negociación.
Mientras tanto, el sol luchaba por abrirse paso por entre las nubes bajas que estaban fuera de lugar y lo consiguió, a eso del mediodía. La resonancia de una voz se escuchó, de repente, por encima del sonido sonámbulo del gentío.
Nos asomamos a la ventana para ver qué sucedía y Patrick, sin levantarse del sillón y restando importancia al asunto anunció: -Bah!, ya está la loca ahí otra vez.  La loca, era una joven de no más de veinte años y según nos contó el belga, cada vez que un barco atracaba, se detenía delante de él gritando un nombre.
-Dicen que busca a su padre, vete tú a saber quién tiene ganas de hija en un lugar así.
Bueno, tal vez la muchacha confía en que algún día aparecerá- fué mi respuesta.
-¡Ay grumete! añadió Vranken, ni te imaginas la de cosas que se dejan olvidadas en los puertos...-así concluyó la anécdota.
La mañana continuó su ritmo y  llegados a  buen acuerdo, mi capitán y mercante, optaron por cerrar el trato delante de un buen estofado acompañado alegremente por unas cervezas de Koninck. No participé en la clausura gastronómica, opté por visitar los aledaños de la ciudad. Me sumergí en sus estrechas y diamantinas calles, una de la cuales desembocó en una gran avenida rodeada de edificios triangulares. Aquello era Amberes, la ciudad abierta a todos los continentes.
Sentada en un portal reconocí a la joven del muelle, crucé por su lado sin detener el paso, ¿a qué había lugar?, pero, retrocedí; la muchacha descansaba su cabeza sobre las rodillas y sus propios brazos intentaban reconfortarla en un abrazo.
-¿ Te encuentras bien?, acerté a decirle.
-¿A quién le importa eso?, me dijo levantando vagamente la mirada.
Me aproximé  a su lado para decirle que me parecía arriesgada su actuación, de la cual fuí testigo esa mañana en el puerto y que cualquier desaprensivo podía aprovecharse de ella con alguna artimaña.
-Mi hermano volverá un día, sé que lo hará- . Me acomodé a su lado, quise saber más de aquel muchacho, tal vez su nombre me sonara y pudiera darle aguna pista de su paradero.
-Hace tres años embarcó en un bajel con bandera alemana. Mi madre aún vivía y él quería recorrer mundo, conocer la mar desde dentro, volar sobre las olas, como él decía...y durante un año y medio nos enviaba cartas desde muchos lugares del mundo, postales maravillosas que guardo en un álbum, la última desde España. No sé nada más desde entonces, nadie me dice nada y es lo único que tengo.
Vivo con mis tías, hermanas de mi madre, pero nadie sabe la pena que me oprime el pecho, mi hermano mayor era mi hijo pequeño.
De ahí a la mañana en que zarpamos en La Morena , con la muchacha, hacia Barcelona, queda omitido, sobre todo por la cantidad de trámites burocráticos ,resalto en cambio a mi padre, Jaime I, "El Capitán Generoso". 
Llegados a nuevo puerto comenzó la aventura terrestre de encontrar a Alain. Dejó pistas de su paradero en comisaría. Con fecha 12 de diciembre de 1944, una denuncia por robo de pasaporte, lo que menos le interesaría al ladrón de la catera, fué constancia del paso del hermano de Natali en suelo español. Supimos por un número de teléfono que dejó como referencia, de un amigo suyo, que estuvo en astilleros del Ferrol trabajando de calafate. Indagamos nuevamente sobre su pista y, nuevamente perdimos su rastro.
Mientras tanto, Natali se instaló en nuestra casa para compaña y alegría de mamá. Mi padre, yo y La Morena continuamos navegando y Alain, quedó entre paréntesis.
Natali estudió enfermería y ofreció sus servicios en el nuevo hospital de La Santa Creu y, en un día brumoso, de nubes alicaídas, un paciente ingresó en urgencias. Se trataba de un bebé de dos meses al que acompaban unos padres temblorosos, el pequeño ardía en fiebre y corría peligro de deshidratación. Fué atendido en maternidad por un excelente doctor y a su cuido y vigilancia le asignaron una enfermera, Natali. Estuvo entre la vida y la muerte, pero la moneda de la vida cayó de cara y aquel chiquitín era tan fuerte como un diamante. Era el hijo de Alain, el eslabón que cerraba el círculo, fué...la casualidad, fué...el destino, fué...llamésmole como queramos, pero existe.
El sobrino de Natali llenó el paréntesis que antes ocupaban los puntos suspensivos.
 
Para mayor gozo de mi vida, mi abordaje en tierra de Amberes es la muestra viva de la buena fama que tienen de pulidores de diamantes, me llevé el mejor, ¡ella!, la aurora boreal de todos mis días.
-Ovidio, vamos, que la comida se está enfriando.
 
Sacude la pipa apagada y apaga el transistor, la bruma se ha disipado.
 
 



                                                           
 
 
 

Mas allá de la moda.

Junto a la casa consistorial se sitúa el bar de Joaquin, es un pequeño local que no ha sido reformado nunca, conserva la esencia y la sencillez de su inauguración. Los taburetes de aluminio, forrado su asiento con skay azul, ha dado muy buen resultado a lo largo del tiempo. Tras la barra metálica, vestida de azulejos hasta el suelo, un enorme espejo anunciando la marca de una conocida cerveza da profundidad al local.  La pizarra con las tapas del día, las fotografías de los equipos de fútbol y la de un honorable cliente que tuvo a bien regalársela con una dedicatoria y firmada, decoran las paredes.
Un canario recogidito dentro de la jaula que cuelga al lado de la ventana es la banda sonora que ambienta al Café de Oriente. En el techo, un ventilador de grandes aspas, gris, y unos tubos fluorescentes algo amarillentos por el paso de los años, terminan de configurar su personalidad.
Enfrente, cuatro mesas con sus respectivas cuatro sillas esperan el aperitivo o la partida de dominó.
Ramón, Paquito, Eugenio y Manolo son los afiliados de la mesa más próxima al rincón. Un taburete corto, por cada dos amigos, hace las veces de mesilla para los carajillos y el cenicero; la mesa central es el escenario del juego. Allí, removiendo fichas, dan paso al azar.
Manolo delimita su espacio privado con una infranqueable barrera de siete ladrillos vestidos de esmoquin frente a los ojos de  Ramón. Ramón ordena de mayor a menor sus fichas, Paquito apenas las levanta para echar un vistazo las vuelve a poner boca abajo, tiene una excelente memoria. Y Eugenio es el de los golpecitos, cuando le toca poner, ¡tiembla la tierra!.
Así, tres días a la semana, Manolo de setenta y cuatro años, jubilado; Paquito de treinta y nueve, bombero,Eugenio de cincuenta y dos, albañil y Ramón de sesenta, contable, gane quien gane, mantienen la amistad, la tradición y abierto el bar de Joaquin y Teresa. Dicen que el Café Oriente está pasado de moda, ¿ y lo que dentro se juega?.


martes, 19 de marzo de 2013

Olvidame tú.

Aún queda un beso dormido
entre los pliegues de mi almohada
que cada noche, sin pedír permiso,
 sonámbulo se acerca a tu cara.
Aún quema la ceniza
en la pira del adiós,
la estela de tu perfume,
no se disipó.
Y el olvido, me mira sentado,
desde un lóbrego rincón,
quiere cogerme la mano,
borrar todo rastro de amor.
Dale la alternativa,
abandéralo tú, por favor,
que yo aún sigo de tu alma cautiva,
  presa de mi sinrazón.

 
 

sábado, 16 de marzo de 2013

Tu voz y la mía.

Canto a tu triste voz,
 a la mía,
que por amarnos, amor,
es fría.
Quién sabe qué lucero
brillaría,
aquella noche, ¡qué Luna!
dormía,
que a la par que el cielo
ofrecía...
¡la tierra a nuestros pies abría!
 


domingo, 10 de marzo de 2013

Sueño de Titanes.

Quise alcanzar el cielo,
-siendo un sueño de Titanes-
en un vuelo que no es mío,
¡pudiera yo, ay, ser ave!.
Besar las  mil estrellas
que rielan en su ombligo,
volar las altas praderas,
con una ramita de olivo
que rompiera cadenas
y fuera abriendo camino.
 
Y soñé, seguí soñando,
-es el sino de mi vida-
y así alcancé su mano,
dueña de mi fantasía
y, al rozar sus dedos blancos,
llenáronse de agua los ríos,
el mar se hizo manso
dejé de sentír frío.
Mis ojos se iluminaron,
mi cuerpo se hizo pequeño
para albergar el cariño
que me brotaba de dentro.
 
Perdí los cinco sentidos...
pero, si la vida es breve,
¡qué caros que son los sueños!,
y en un suspiro leve
se perdió todo mi aliento.
Sus manos se cerraron
como pétalos de invierno
y mis alas, se quebraron,
cayó la ramita al suelo.
Tributo en arancel de llanto,
al que llamo desconsuelo.
 
 
 
 
 

Inventario Galante (Tus ojos) Antonio Machado.


jueves, 7 de marzo de 2013

Preguntas.

Me preguntas qué es amar sin ser amada.
 
 
 
El agua que se vierte en el desierto,
la luz en la mirada que no mira,
la tierra fértil que es abandonada,
la flor, que entre dos hojas se marchita.
 
Ser ave sin poder alzar el vuelo,
hablar de amor en un oído ausente,
un angel perdido de su cielo,
el beso que latiendo, muere leve.
 
Amar sin ser amada es...
 
La fiesta en la que falta el invitado,
el traje de bautizo sin el niño,
la percha solitaria sin su abrigo,
¡vestír de soledad al buen cariño!.
 
 
Eso es, a tí, que me preguntas, amar sin ser amada.

domingo, 3 de marzo de 2013

Palabras de un guante.

En sus manos me prendía
cual si fuera yo una flor,
en sus manos confudía,
con mi tacto, su calor.
 
Yo soy seda de la India,
que su padre le ofreció,
un presente que traía,
un regalo con amor.
 
De sus dedos me hice dueño,
no podía estar mejor,
se cumplió por fin mi sueño,
el que ansiaba con fervor.
 
Eran... pétalos de rosas,
suaves flores de Lis,
eran... casi mariposas,
leves, en vuelo sutíl.
 
Y yo, felíz en sus manos,
siendo su segunda piel.
Pero, ¿por qué aquel día aciago,
de su palma iría a caer?.
 
Fue a elevarme del suelo
un caballero gentíl
que al entregarme, dió muerte,
a aquella, mi dicha felíz.
 
La mano que yo guardaba
se despojó de mi ser,
pues mi figura evitaba
el contacto con otra piel...
 
...La de esa mano galante
que a ella me hizo volver.
Yo solamente era un guante,
y ella, ¡todo mi ser!.
 
 
 
 
 
 
 
 



 


sábado, 2 de marzo de 2013

Llévame contigo al mar. (romance)

Qué puedo hacer si te quiero,
si de tu nombre me acuerdo
cada vez que me despierto.
¡Si olvidarte, ya no puedo,
aunque me cueste el aliento!
 
Te conocí una mañana,
tú venías desde el puerto
yo a la bahía bajaba
y quiso Dios que ese encuentro,
mi vida entera cambiara.
Llevabas la red al hombro,
venías de la almadraba,
para el mar eras un lobo,
para mí, flor delicada,
y al pasar junto a tu lado
y levantar la mirada
tus ojos se me clavaron
lo mismo que dos espadas.
¡Nunca vi el mar tan intenso
como encerrado en tus ojos!
y ese aroma marinero
de salitre, de agua y viento...
Y de la red, una estrella,
fuiste a prender en mi pelo.
Es para tí, mi sirena,
dijiste sin titubeo,
-sin tener culpa la estrella-,
quise esquivar ese gesto
mas, se enredó en mi cabello
y al darme la media vuelta,
mi corazón quedó preso
en una cárcel sin reja.
Las caracolas cantaban
y susurraban melosas
y aquél aire, no era aire,
¡que ahora eran mariposas!
Cada noche, una balada
nos regalaba la Luna,
¡ay amor, la Luna Luna,
la Luna nos la cantaba!
Volviste aquel día a la mar,
-pasión de los marineros-
¡qué te quisiera yo dar!
sólo te daba el pañuelo
que ondea al verte marchar,
¡marino de mis anhelos!.
 
Celosamente guardado,
-solo para mis adentros-
un temblor más que frío, ¡helado!
un miedo de noche oscura
desbarató los cimientos
de mi templanza madura.
Escuché rugír las olas
que rompían contra el puerto,
¡gritaban las caracolas!

yo les pedía silencio.
No habléis así, que estoy sola,
me hacéis temblar como el viento
¡que mi marino está dentro
del barquito que no ha vuelto!.
Me fui hasta la última piedra,
aquella que el mar bañaba,
y el viento me refrenaba,
sacó sus dientes de fiera.
Huyó la Luna esa noche,
los ángeles descansaban
nadie había que velara,
¿por qué? ¡esa noche a mi hombre!
Ya no quiero ver el mar,
ya, no lo quiero escuchar,
quiero alimentar su hambre
con mi cuerpo, ¡naufragar!,
y con su estrella encontrarme,
aquella que fue a colgar
en mi pelo con su nombre.
 
¡Qué puedo hacer si te quiero!,
si de tu nombre me acuerdo
cada vez que me despierto...
Si olvidarte ya no puedo,
¡aunque me cueste el aliento!.
 
 Fondo De La Mar-playa Fotos de archivo - Imagen: 5928733
 
 
 
 
 
 
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