martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz Año 2014.

¡Feliz 2014!
 
Que este Nuevo Año reparta amor,
salud y trabajo para todo el mundo
a partes iguales, es mi deseo.
 


domingo, 29 de diciembre de 2013

Sintonizando el dial.

Dos cafés dispuestos en la mesa invitan a Rodrigo y Ernesto a una distendida conversación pero, dado que son colegas médicos de la apasionante rama de la psiquiatría, aparte de amigos, la charla deriva en cambios y contrastes de opiniones sobre algunos de sus casos.
-Ahora estoy sumido en el tratamiento de una familia de tres miembros, padre, madre e hijo, los tres padecen doble personalidad: el hijo es mecánico y por las noches dice que un impulso superior a su voluntad le obliga a vestirse de mujer. Ayer mismo me comentó que se había comprado unas medias de rejilla y que está loco por estrenarlas. Este individuo ha encontrado su vía de escape en una sala de fiestas, se ha hecho Drag Queen y reina en la noche, pero no porque sienta atracción por los hombres sino porque su parte femenina eclosiona hasta el extremo de la exageración, eso me cuenta. Se le va un pastón en atrezzo, no creas. Tiene un problema añadido, alguien lo está acosando y dice que se vengará de él el día que se le averíe el coche y lo lleve a su taller para repararlo.
Por otro lado el padre, que es fontanero, se desdobla en la personalidad de un guardia civil, también con nocturnidad y tiene entre ceja y ceja a una mujer que, según me cuenta, es una alteradora del orden público. De hecho la está investigando y todas las noches la ve entrar en un dudoso local; él, paga religiosamente su entrada para no levantar sospechas y desde un rincón la observa. Alguna vez ha pensado si estará en manos de una banda mafiosa, pero descarta esa posibilidad puesto que en las actuaciones de la chica nota que disfruta con lo que hace. Se ha matriculado en un gimnasio porque necesita entrenamiento y fortaleza para cuando llegue el momento de su detención; por lo visto ella mide dos metros veinte frente al metro y medio de tubería del fontanero.
Y la madre, pobre mujer, dice que es inspectora de sanidad y que cuando su marido e hijo llegan a casa, siente la imperiosa necesidad de tomarles muestras de aliento, ha comprado un alcoholímetro de estos que venden en las gasolineras y un microscopio donde repasa toda evidencia aspirada de la ropa de ellos. Ha llegado a la conclusión de que su hijo es un mujeriego, no hay noche que no venga con el cuello de la camisa marcado de maquillaje y purpurina y  afirma, que su marido tiene contacto con armas de fuego, le encontró una bala del calibre catorce sin detonar y testada del año 65. Yo le digo que más que inspectora de sanidad lo que es, es una agente del C.S.I.
¡Uh! se me ha hecho muy tarde Ernesto, me marcho, que antes de incorporarme a la consulta debo pasar por el rastrillo a ver si encuentro de una puñetera vez el cromo que me falta de Heidi.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Yo invito.

Dos amigos se encuentran
por la calle de Las Ventas.

¡Tres años sin vernos las caras!
dime amigo ¿qué te cuentas?
La vida me trata bien,
no me puedo quejar
unas veces toca perder
otras, toca ganar.
Te invito a comer, dice Pedro,
y así entre viandas, hablamos,
me cuentas y yo te cuento
y al mismo tiempo tragamos.
Empieza Pedro a pedír
jamón con queso manchego,
una botella de Anxo Martín,
dos cazuelitas de mero,
langostinos por doquier,
una pierna de cordero,
pestiños bañados en miel
y dos tocinos de cielo.
Poco hablan los amigos,
no le dan tiempo al bigote
de articular palabra
ante fantástico lote.
Pide Pedro la factura
y enrrollada la trajeron
si se midiese en altura
tendría dos metros y medio.
Cuando ve el susodicho tal rollo
se levanta muy tranquilo,
como el que no quiere la cosa,
y dando pasitos muy finos
a la salida se emboca.
El otro se levanta apurado:
¡eh, dijiste que me invitabas!,
Y ya lo he hecho, he invitado
¡haz tu también algo y paga!.

viernes, 20 de diciembre de 2013

No llorad.

No llores mar,
no llores niña,
si aquel barquito
que tu querías
te abandonó.
No llores flor,
no llores reina,
si aquella abeja
que te rondaba
te abandonó.
No llores cielo,
no llores tú,
que si tu lloras
que si tu lloras,
se muere el sol.
Mirad mis ojos,
¿los veis llorar?
¡los veis alegres,
los veis calmados!
porque no quiero
que tristes sean,
porque no quiero
que así los vean
quien quiero yo.
Porque mi llanto,
por que no duela,
está guardado,
queda plegado
como una vela,
al corazón.

 
 


jueves, 12 de diciembre de 2013

Mi gorrión.

Siempre estuvo ahí
pero yo, no lo veía,
era como un gorrión
que volaba en el día.
Pero un día sentí la ternura
que su persona escondía,
y me asomé a su nido
bajo una rama sombría.
El corazón me dictaba,
en ese preciso momento,
que mis labios sellara,
que guardara silencio
que no molestara su canto
ni su vuelo sereno.
Pero no pude callarlo,
y le dije te quiero.
Luego, lloré al comprender
que no podía tocarlo,
pero prefiero llorar,
que causarle algún daño.
.
 


sábado, 7 de diciembre de 2013

Noche de insomnio.

En esta noche de insomnio
voy a contar las estrellas,
distraerme, haciendo acopio,
de un sin fin de planetas.
 
Voy a invertir el insomnio
en una noche de cuentas.
 
Dos estrellas, rumbo Norte,
brillan frías y lejos,
son los besos que me debes,
me susurra el Universo.
 
Otras, tiemblan, al Oeste,
como brazos que se mecen,
deben ser los veinte abrazos
que al no darnos, se estremecen.
 
Miro al Sur, voy contemplando
el jardín de Cassiopea,
me parecen margaritas
esperando que se lean.
 
Ya se va yendo el insomnio
en esta noche de cuentas.
 
Y es que, al Este, me conducen
nuevamente a imaginarte
 una rebelión de estrellas...
y me llevan a soñarte.
 
 
 

martes, 3 de diciembre de 2013

Intimos desconocidos.

De todos los acontecimientos importantes se suele recordar la fecha pero en este caso, y siendo algo trascendental, no se supo en que momento ocurrió. Tal vez comenzó todo a decaer tras aquella profunda decepción que, por parte de Andrés, sufrió Helena. Tal vez fue debido a la apatía en que se convirtió lo que un día llamaron amor, tal vez fue una mezcolanza de todo, el caso es que ellos dos, viviendo juntos, eran habitantes de dos mundos distintos. Se habían convertido en vecinos de cama y mesa, limitándose a darse los buenos días y las buenas noches. Pero de un tiempo a esta parte algo había cambiado en Andrés, sí, ella lo adivinaba en su mirada, y era algo que a esas alturas no le importaba, no sentía recelos de ninguna clase, es más, le alegraba su alegría.
Ella también estaba dichosa, se había enamorado, aquella cortina doble y pesada en que se había convertido su rutina diaria se había descorrido, volvía a entrar la luz del sol, volvían las manecillas de su corazón a marcar el tic tac que despertaba sus días.
Las horas en que menos trabajo tenía en la oficina se conectaba a una red social de amigos, allí fue donde conoció a Enrique. Se estuvieron hablando durante tres meses, los dos compartían gustos e intereses, reían con las mismas chorradas, proyectó en aquel hombre todos sus deseos y carencias afectivas. El, por su parte, le correspondía con una ternura infinita, algo que Helena, Sara para él, pocas veces saboreó en su matrimonio.
-No me esperes a comer hoy Helena, tengo una importante reunión y no regresaré a casa hasta la noche-. Ese fue todo el "hasta luego" que Andrés anunció antes de marcharse de casa. Ella asintió con la cabeza, le ofreció su abrigo y le cerró la puerta con un "hasta la cena". Después sonrió y contuvo la respiración: -lo haré...voy a ir.
Enrique la esperaba en un restaurante acordado, ese iba a ser el día que se conocerían físicamente, hasta entonces todo se había limitado a conversaciones escritas, se conocían por dentro, ahora lo harían por fuera. El último mensaje que él le envió fue: Restaurante La Florida, a las dos de la tarde, mesa cinco.
Ella se presentó ante el maître, el cual acompañó a la señora Sara a la mesa cinco anunciándole que la esperaban.
Allí estaba Enrique, sentado de espaldas a la entrada, ella tomó aire y con paso decidido y el deseo haciéndole nudos en el estómago se acercó hasta él, dejando caer cariñosamente la mano sobre su hombro. Enrique se levantó, girándose para contemplar el rostro de aquella mujer que le había robado el sueño y devuelto la alegría.
El nombre de Andrés tembló en los labios de Sara.
El nombre de Helena palideció el rostro de Enrique.