jueves, 25 de diciembre de 2014

Cuando el corazón se hace poema

Cuando en soledad vas sintiendo pasos,
vas oyendo risas de tiempos pasados,
cuando la añoranza llega en ojos claros
y la eternidad tiene el pelo largo...
todo se descubre de un modo distinto;
vuelven los aromas, recuerdos de antaño,
vuelves a sentir de nuevo las manos
y aquellas palabras que abrigaron tanto.

Regresa la infancia con todos sus trasgos,
abriles de luz, diciembres de cantos,
eneros de ensueños, veranos dorados,
septiembres que fueron principios de año.
Ahí me demoro, sin prisa al presente,
y voy escogiendo los bellos recuerdos.
Algunas tristezas aún quedan latentes
quedaron sin darse millones de besos.

Y yo que quisiera ¡no puedo hacer nada!,
todo se marchó, como viento y agua,
y de algún lugar alguien viene y dice: tu no tengas pena...
y en mi corazón nace este poema.




Autoconsuelo, debiera haberlo llamado. En memoria de cuando mi familia estaba entera, cuando la casa estaba llena y nunca piensas que algún día pueden faltarte algunos de ellos y aunque lo pienses no te lo crees, pero el tiempo te hace tragar con todo.


 

viernes, 19 de diciembre de 2014

La poda

Las espadas mecánicas han entrado en el parque y un sinfín de ramas vencidas yacen por los suelos.
Tan grandes los árboles, qué indefensos en su caída, hay savia derramada por donde se mira.
Anoche estuve pensando en los pájaros que lo habitan, desahuciados de sus ramas favoritas: los gorriones, las tórtolas, los estorninos y hasta una ardilla. Buscando, los imagino, un hogar nuevo donde poner el nido, y la ardilla, cruzando carreteras, tan viva...¡quién te mandaría cambiar el campo por la villa!
Los abuelos comentan, preocupados, ¡ en los bancos no habrá sombra en el verano!
Orgullosas, levantadas, seis almenas han ganado en la batalla, ¡seis palmeras!
Queda el parque mudo, desolado. Dice el jardinero que andaba muy cargado y que en breve, brotarán retoños nuevos, tornarán las avecillas en su vuelo, y la ardilla, si es buena venturada, volverá, escogiendo la más alta de las ramas.
Qué sin gracia hay en el parque, tanto tronco desnudo, el cielo azul es más grande, en tanto, el verde, más menudo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Canción del marinero

A mi, que soy marinero
y cambio tierra por mar
dejando unos ojos trigueños
a la deriva, sin par,
no decidme qué es la pena,
mi corazón lleva sal
y cuando el ancla se eleva
en la hora de irse ya,
se disuelve entre mis venas
y entonces me hace llorar.
Luego las olas me acunan
queriendo esa pena frustrar,
se levanta blanca espuma,
mi barco parte la mar
y me enfrento al horizonte
que me llama sin cesar.
Después se acerca la noche
con su vertiente de cal,
que la estrellas me escuecen
si a mi lado ella no está,
se filtran rayos de Luna
en mi cama de metal;
añoro su piel aceituna
cada rato un poco más.
A mi, que soy marinero
no decidme qué es llorar,
que hay olas que se han formado
por mi nostalgia en la mar.







lunes, 15 de diciembre de 2014

Entre sueños

Entre sueños yo sentía
el murmullo de una flor,
el sonido de las olas
dentro de mi corazón.
Los suspiros de la brisa,
de las nubes el vapor,
el temblor de las estrellas
y la Luna alrededor.
Y entre sueños le pregunto
al inmenso cielo azul
¿quién me manda todo eso?
Le pedí que fueras tú.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Las gafas de Salmonete



Había un lugar dentro del agua lleno de rocas, allí estaba la casita de Salmonete. Las olas, sobre todo cuando hacía viento o había tormenta, chocaban fuerte y fuerte contra aquellas rocas, pero sus habitantes estaban acostumbrados a ello. Salmonete era de color rojo y tenía algunas pecas blancas, también tenía unas pequeñas aletas, pero muy fuertes, así como la cola, y era tan fuerte precisamente porque siempre estaba nadando contra las corrientes que hay debajo del agua. La verdad de la verdad es que se lo pasaba pipa. Tenía muchos amigos y no precisamente de su misma especie, qué va, se llevaba muy bien con la sepia Rosita, con el pulpo Fernando, con la estrella Roqueta y el caballito Eduardo. Neptuno, que es el protector de los mares, estaba muy contento de ver lo bien que se llevaban todos.
Un día lo que le ocurrió a Salmonete, debido seguramente a tanta agua en los ojos, es que comenzó a ver mal, él notaba que no enfocaba bien las imágenes, pero no quiso decir nada. Sus amigos se dieron cuenta de ello, sobre todo, el día que Rosita cumplió un año. Ella se había adornado la cabeza con una caracola, iba tan presumida con su peineta cuando Salmonete le dijo:
-Rosi, te ha salido un grano en la cocorota.
Sus amigos se echaron a reír y Rosita se enfadó; Salmonete se marchó un poco triste y avergonzado.
Todo el grupo lo persiguió llamándolo, lanzándole burbujas para que se de detuviera, pero el pececito, a pesar de que volvió la vista atrás, no se detuvo. El pulpo dio un salto grande y se colocó delante suya cerrándole el paso.
-Salmonete, no te enfades con nosotros, nuestras risas no han sido con mala intención, es que nos ha hecho mucha gracia lo que has dicho y Rosita ya no está enfadada. Vamos a hacer una cosa, le diremos a tu madre que te lleve a la consulta del doctor Delfín, él sabe mucho y seguro que da con la solución de lo que te pasa, ¿crees que no nos hemos dado cuenta de que no ves bien? Recuerda el susto que nos diste el otro día, cuando estuviste a punto de comerte aquella gamba que llevaba un anzuelo. Los camarones con los que nos alimentamos llevan cáscara, no están pelados, pero no lo distinguiste. Así que no estamos dispuestos a que nos mates de un susto.
-Es verdad, veo mal.
Salmonete y su mamá visitaron al médico del mar. Don Delfín le miró los ojos de cerca, de lejos, del derecho y del revés, le hizo unas pruebas visuales para ver si distinguía la vieira de la almeja, el calamar del chipirón, (son parecidos pero de distintos tamaños) hasta que dio con el problema y la solución.
-Este peciño (pez-niño) necesita lentes y ahora mismo le voy a preparar sus gafitas.
Abrió Don Delfin un cofre que guardaba entre las algas desde ni se sabe cuando y sacó de su interior unas gafas de bucear que un día se encontró. Después cogió un coral afilado y recortó el cristal a medida de los ojitos de Salmonete. Ahora faltaba ponérselos y para ello cogió dos chapinas deshabitadas que estaban enterradas en la arena del fondo y recortó su centro dejándolas como dos aros, ahí incrustó los cristales. Ya sólo faltaba unirlo todo y para ello sólo le hizo falta unas cuantas algas, y anudadas en su cabecita, se las colocó. ¡Y qué guapo iba Salmonete!
Ni las gafas tenían superpoderes ni Salmonete era un héroe por llevarlas, pero desde que veía bien, gracias a ellas, no sabes la de cosas que descubrió, como por ejemplo el placton, que son unos seres minúsculos y entre otras cosas son alimento de las ballenas, también distinguía la sombra de las gaviotas cuando sobrevolaban por encima del mar buscando peces para comer, en ese momento había que salir nadando a toda velocidad porque ellas se sumergen como torpedos en el agua en busca de su alimento; también había una cosa que le gustaba mucho y eran los bancos de sardinas, a él le parecían nubes plateadas que giraban todas a la vez como empujadas por un misterioso viento.
Pues ésta es la historia de las gafas de Salmonete o de Salmonete y sus gafas y desde que las lleva, él es quien le lee los cuentos a su abuelito.
Y colorín colorado....

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Pueblo blanco.

Pueblo Blanco, poema de Joan Manuel Serrat traído en la voz de Malú.

Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.

Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
sólo el olvido camina lento
bordeando la cañada,
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.

El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura,
el cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán,
y mi pueblo después
vio morir a los tres,
y me pregunto: porqué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.

De la siega a la siembra
se vive en la taberna,
las comadres murmuran
su historia en el umbral,
de sus casas de cal.

Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que noche a noche forjaron en su mente,
fuerte para ser su señor
y tierno para el amor.

Ellas sueñan con él
y él con irse muy lejos,
de su pueblo y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir
quieren morirse al sol,
la boca abierta al calor, como lagartos
medio ocultos tras un sombrero de esparto.

Escapad gente tierna
que esta tierra está enferma,
y no esperéis mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.

Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna,
tal vez mañana sonría la fortuna.
Y si te toca llorar,
es mejor frente al mar.

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí,
pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.









domingo, 30 de noviembre de 2014

Aunque sólo fueran momentos



Olvidar no me resulta fácil
cuando he sentido con el corazón,
se marcha el tren de los momentos
y el sentimiento permanece en la estación.
Abro la ventana del pasado
dejando que salga mi respiración,
pero regresa, con el aliento fresco
de su presencia,
 ya en otra habitación.
Sé que soy torpe en el olvido,
me cuesta decir adiós,
porque negarme lo sentido
es arrancarle a la tierra una flor.




sábado, 29 de noviembre de 2014

Romance de Abenámar

 
¡Abenámar, Abenamar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
 
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,
bien oiréis los que decía:
¡No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida!
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese
que era grande villanía;
por tanto, pregunta rey,
que la verdad te diría.
 
-Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquellos?
¡Altos son y relucían!
-El Alhambra eran, señor,
y la otra la Mezquita,
los otros los Alijares,
labrados a maravilla.
 
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra
otras tantas se perdía
desque los tuvo labrados
el rey le quitó la vida
porque no labre otras tales
al rey de la Andalucía.
 
El otro es Torres Bermejas,
castillo de gran valía;
el otro Generalife,
huerta que par no tenía.
 
Hablara allí el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría;
dárete en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
 
Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mi me tiene
muy grande bien me quería.
Hablara allí el rey don Juan,
estas palabras decía:
-Échenme acá mis lombardas
doña Sancha y doña Elvira;
tiraremos a lo alto,
lo bajo ello se daría.
El combate era tan fuerte
que grande temor ponía.
 
El romance de Abenámar es una composición anónima y destacada del Romancero Viejo.  Se enmarca dentro de los llamados romances fronterizos, a los cuáles se les da ese nombre por estar inspirados en las hazañas de la guerra contra los moros en la frontera de la España Musulmana del siglo XV.
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Suspiros que andan sueltos



Suelen pasar cosas raras
cosas sin explicación,
a mi me ocurrió esta mañana
y averigüé su razón:
El día salió muy claro,
alumbraba mucho el sol
sin ser ardientes los rayos
desprendían su calor.
Las aves aleteaban,
jugando de dos en dos,
y un perrito le ladraba
a un vehículo a motor
-mi ventana mira al parque,
árboles son mis vecinos
y todos sus habitantes,
desde la hormiga hasta el tilo-
De repente, y en silencio,
algo fue que se coló
con colores de artificio
dentro de mi habitación.
Yo pensé, será algún duende
o una mariposa aviesa,
un pajarito imprudente
o una abeja muy traviesa,
puede ser una cometa...
y corrí para mirarla,
pero no se estaba quieta
lo que fuera que allí entraba.
El caso es que media casa
me puso patas arriba:
los cuadros, todos doblados,
las lámparas, encendidas,
las cortinas ondeaban
sin hacer aire ninguno
y aquella cosa tan rara,
lo que fue, me lo figuro...
pues sentados en un banco,
al mirar por la ventana,
vi a los dos enamorados;
dulcemente se besaban.
Aquella cosa tan rara
que en mi casa se coló
fue un suspiro de sus bocas
fue el amor, ¡que se escapó!.
Decid si no es alegría
lo que lleva el corazón.




sábado, 15 de noviembre de 2014

"Nanas de la cebolla" Miguel Hernández


 
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
 
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.
 
Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.
 
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
 
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
 
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.
 
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
 
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
 
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
 
 
 


viernes, 14 de noviembre de 2014

Al militar.

Hombre seguro y tenaz
que dedicas tu vida y esfuerzo
a que el mundo siga teniendo,
con tu ayuda, control y paz.
En misiones de guerra te encuentras,
en países lejanos y duros,
protegiendo las vidas ajenas
muy lejos allí de los tuyos.
Con estrellas y galones
o soldados nada más,
nos proteges de agresiones
por tierra, aire y mar.

Ingenieros, artilleros,
buzos, médicos y demás,
todos cumplen con esmero
su función profesional;
y aguantas, con valor y entrega
que el destino marque tu suerte
porque estás curtido a piedra
y no temes a la muerte.

Es tu vida, militar,
digna por mi de respeto,
porque estás ahí, para entregar
tu esfuerzo siempre dispuesto.
Sacrificio y esfuerzo,
ese es tu lema,
con orgullo y respeto
a tu patria y bandera.


martes, 11 de noviembre de 2014

Al otro lado de la Luna

Haces que te busque en el silencio,
que interprete las palabras que no dices,
haces que despierte de mi sueño
para saber si es verdad que existes.
Me has hecho adicta al juego
de buscar sin encontrarte,
de escucharte sin que estés,
y sin que estés presente hablarte.

Quédate a mi lado, quiebra los escudos que te blindan,
duérmete en mis manos,
bebe de la copa que mis labios hoy te brindan,
que el tiempo no es muy largo,
que el mundo no es tan grande...
Discúlpame,
es que te hablo, sin ganas de olvidarte.


lunes, 3 de noviembre de 2014

Otoño


 
Las tardes no son celestes
que son de trigo dorado,
se ve en el reflejo del agua
que el bosque entero ha cambiado.

Hojas que verdes un día
fueron de color pintadas,
ahora se han puesto otra ropa:
un ocre y bruñido pijama.
Las tardes se acortan,
avanza la aurora,
los árboles son los primeros
en percibir esa onda:
Castaños que dan su fruto,
 azahares su cosecha,
 -eran los dientes pequeños
de las naranjas nuevas-
Nueces, cajitas cerradas,
cofres que guardan tesoros,
lo mismo que las avellanas,
se van abriendo, ¡en otoño
su contraseña es hallada!
Brotan por cientos los hongos
y todo en el bosque encaja,
¡están felices los gnomos!

Pronto pronto prenderá
la chimenea y la brasa,
y todo se recogerá
en el calor de la casa.








domingo, 2 de noviembre de 2014

Destemplanza

Hoy me hacía falta un poco de cariño
y todas las farmacias estaban cerradas,
ni una de guardia.
Así que me fui derechita a urgencias.
Póngame algodón, póngame una venda,
le dije al doctor.
Qué le pasa a usted, pregunta el galeno,
¿dónde ésta la herida? yo no la veo.
Tómeme usted el pulso y ahí en mis latidos
verá que no miento: me falta cariño.
Póngame una venda o póngame algodón
o una lamparita que me de calor.

jueves, 30 de octubre de 2014

Vientos del pueblo me llevan (1937) Miguel Hernández

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos del alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.



lunes, 27 de octubre de 2014

Otro capítulo de Drácula

Los fines de semana le empezaban a gustar, transcurrían éstos desde el viernes noche hasta las 4 a.m de lunes siguiente. Se hizo adicto a los controles de alcoholemia, coger vicios no cuesta mucho y como volaba, aunque fuera dando traspiés, tenía capacidad de medio/largo alcance. Así pues tuvo la oportunidad de conocer un sinfín de ciudades con sus correspondientes rotondas. Uno de aquellos controles fue determinante, ya que le dio un giro inesperado a su existencia. Sabiendo que era un tipo austero, que con su dos metros por uno de ancho que es lo que medía su casa caseta ya se había conformado, -aceptó sin más remedio el embargo de su castillo-  cayó en una sintomatología grave y aguda por culpa de tomar alimento sin control de calidad. Expongo los hechos:
La noche del 14 del 10 del año vigente retuvieron a unos individuos, él ya esperaba agazapado como siempre, pero los susodichos eran diferentes en cuanto que iban trajeados como él, a excepción de la capa. Los observaba meticulosamente, eran cinco, le llamó la atención que fueran más mayores que los habituales y no se le ocurrió otra cosa que pensar que esos entenderían más de caldos y licores, que posiblemente esa noche se metería entre pecho y espalda un buen reserva, esperó y escuchó, lo más que pudo oír fueron sus nombres de la voz del guardia que tomaba nota de ellos:
Tárcenas.
Mujol.
Sirdangarin.
Porrea.
Flesa.       (el coche sólo era de cinco plazas)
Como todo el mundo va a lo suyo él también fue y se les apalancó en el cuello de uno en uno, bueno, aquello se convirtió en su fiesta del sorbete.
Cuando despertó a la noche siguiente, un algo extraño le estaba pasando por dentro, estaba inquieto, no sabía qué le ocurría, sus dedos índice y pulgar no paraban de rozarse automáticamente uno con otro, las dos manos llevaba así, y cuando tenía un momento de descanso las manos se le iban a los bolsillos, palpando, como buscando algo que no sabía lo que era...una zozobra tremenda aquella. Acto seguido se puso a escribir, sólo números le salían, números y números, cuentas larguísimas, de ocho dígitos por lo menos, multiplicándose entre sí...cada resultado se le presentaba en divisas o en su defecto en euros, era todo extrañísimo. Entonces cogió un libro de medicina y alimentación que alguien dejó olvidado por algún rincón ni se sabe cuando y comenzó a leer. ¡Zas! lo cerró cuando hubo encontrado la explicación ,que era la siguiente según
Ludwig Andreas Feuerbach: "Somos lo que comemos". ´Drácula había sido infectado por el virus de L A  C O D I C I A. ¡Danger!
Ahora se le viene encima la Misión Imposible de encontrar la vacuna que inocule ese virus tan patológico, por eso está buscando a Robin Hood, necesita sus anticuerpos urgentemente. Es muy difícil encontrarlo pero alguien le ha dado esperanzas para hallarlo: el pequeño Ricolás, que asegura tener muchos contactos y que lo conoce. Menos mal Dracu, al final hasta vas a tener suerte.
 
Todos los nombres, excepto el de Drácula y por supuesto y con respeto el del filósofo y antropólogo alemán, son ficticios, por aquello del "anonimato".
 


sábado, 25 de octubre de 2014

Un capítulo de Drácula


La crisis del siglo XXI no ha pasado por delante de Drácula, también le ha afectado como a casi todo el mundo, sólo unos fantasmas se han librado de ella, sí, esos que son reconocibles por el olor a chorizo que desprenden. Pero a lo que voy:
Drácula siempre fue un tipo austero, él, con dos metros de largo por uno de ancho tenía más que suficiente como alcoba o dormitorio. No necesitaba energía de ningún tipo, de hecho jamás se escuchó en su hábitat el sonido de una radio, de la televisión, ni siquiera era amigo de la energía limpia de las placas solares, nada. Espejos tampoco tenía, por lo que se deduce que no se afeitaba. Tampoco gastaba mucho en dentistas puesto que con dos dientes que le quedaban era más que suficiente para él, eso sí, eran dos colmillos bien recios. En cuestiones culinarias era más bien sosito, odiaba el ajo, con la gracia que le da a los sofritos..., él comía en crudo.
En lo que tenía mucho estilo era en el vestir, siempre trajeado, impoluto, con su camisa blanca y su capa de dandy, pero era un tipo solitario, noctámbulo, le daba por salir de paseo a altas horas de la noche, cuando todos dormían, claro, así nunca se tropezó con su casero. El único capricho que tenía era el vodka, esa era la verdadera razón de que no pisara la calle durante el día, dormía la mona, la cogorcia del botellón nocturno, pero...se le acabó la reserva de jarabe. Desde ese momento se volvió irascible, las mañanas se le hacían eternas, daba vueltas por la casa, por el techo, no podía conciliar el sueño, ¡qué aburrimiento!
Una de las noches que salió por las solitarias calles diviso a lo lejos unas luces parpadeantes, anaranjadas y verdes, aquello llamó su atención y se acercó cautelosamente a ver qué pasaba. Se ocultó detrás de una farola que tenía la bombilla rota, escuchó clandestinamente, miró atentamente y vio como coche tras coche era detenido a la derecha de la carretera. Después, un hombre, de entre tantos que habían allí vestidos de verde, se acercó al conductor, le ofreció una especie de botellita rectangular y le pidió que soplara. Acto seguido aquel envase daba un resultado y dependiendo de eso el conductor continuaba su trayecto o era acompañado al interior de una furgoneta. Drácula se acercó más, aquello le intrigaba como hacía siglos que no. Aprovechando que una de las ventanillas de aquel vehículo estaba abierta, afinó el longevo oído y escuchó lo que hablaban:
-Sabe usted que ha dado positivo en el control de alcoholemia, ¿verdad? Triplica lo permitido de alcohol en sangre para conducir.
-Ha sido sólo un cubata...y como no he cenado...
-¿Un cubata? a mi no tiene que darme cuenta de qué es lo que ha bebido, lo mismo me da que sea ginebra como que sea vino de Jumilla, esto es una infracción muy grave.
A Drácula se le rieron los dientes, se frotó las manos y esperó.
El joven del cubata sintió la necesidad urgente de miccionar, por lo que pidió permiso para buscar la intimidad de unos arbustos para hacerlo. En ese momento, Drácula que había ido tras él de puntillas se le avalanzó sobre la yugular absorbiendo aquel cocktel de sangre. Paladeó el líquido unos segundos y aseguró que a ese le habían servido vodka de garrafón.
Pero así es como encontró el chollo de su vida, ¡comida y bebida dos por uno!, vamos, que ni el burri King.





miércoles, 22 de octubre de 2014

Cercanía

Me acosté soplando una estrella,
dejando la luna encendida
que su media luz, su candela,
vigile tu noche dormida.
Me acosté mandándote un beso,
pidiéndole a Dios por tu bien,
deseando que todo tu entorno
 agradezca y valore tu ser.
 
Ya de día los pájaros cantan,
la luna marchó a descansar,
las calles bostezan serenas
y hay un barquito en el mar;
y tú te habrás despertado,
yo te quisiera abrazar
y así, el sol habrá coronado
mi extraña forma de amar.
 
 


sábado, 18 de octubre de 2014

El juego de la música (poema infantil)

Manolo toca la flauta,
instrumento singular,
está lleno de agujeros
¡una fuente musical!
El los cubre con sus dedos
cuando comienza a soplar,
y la flauta le responde
dulcemente, tralara.


Marta toca el tambor
con palillos de madera,
hace pim pam pom pom pom,
es muy muy rocanrolera.
En la caja del tambor
vibra el aire que se encierra,
es así la percusión
¡y alegra todas las fiestas!.


A Luis lo que le gusta
es la guitarra, de verdad,
tiene un mástil y seis cuerdas
y puede tener muchas más.
Presionando alguna de ellas,
acorde con las demás,
y ensayando mucho mucho
¡suena un precioso compás!



Y a Fermín lo que le gusta
es agitar las maracas,
tienen ritmo sabrosón
¡como la salsa cubana!
Toca bien sacudido
y con su oído musical,
consigue un sonido
muy alegre y tropical.





Ahora viene Don Mateo,
con batuta, a dirigir
a todos sus educandos
de la banda juvenil.
En el aire marca el paso
de cuando debe de entrar
cada niño con su trabajo,
¡y aplausos recibirán!







jueves, 16 de octubre de 2014

Poema ensoñado

 A vos, gentil hombre de versos,
de palabras que se encarnan
en el hondo de mi alma
y en el talle de mis sueños.

A vos, caballero insigne,
a vos os vengo a decir
que no hay otro paladín
al que mi corazón consigne
la custodia de su amor,
vuestra defensa lo crece,
si de frío no perece
sólo es por vuestro calor.

Sabed que en la lejanía,
que entre la noche y el día
entre luna y albor,
se levanta mi razón
sea quimera, sea utopía,
sea tan sólo una ilusión,
qué le importa al alma mía,
le importáis tan sólo vos.

Gentil hombre de versos
vos tenéis mi admiración,
llevadme dentro del pecho
así como os llevo yo.




miércoles, 15 de octubre de 2014

Más que tiempo y materia

No puedo contener, de la lluvia en mis manos,
más que un poco;
ni abarcar de la inmensidad del mar, en mi mirada,
más que un trozo;
ni puedo perpetuar la párvula tersura que tiempo atrás
tuvo mi rostro.
Pero puedo discernir todo el amor que hay condensado
en tus palabras;
contemplar en un pequeño instante la bondad
de tu mirada 
y, puedo asegurar, que la distancia no es frontera
para el alma.
 
 
 


lunes, 6 de octubre de 2014

Cuando pienso en ti

Cuando pienso en ti...

Vuelo sobre el arco de las nubes,
giro entre las rosas del jardín,
templo con mis manos la mañana,
duermo entre mis dedos a un jazmín.
Y ese día, todo viene a ser distinto,
si es enero, vuelve a ser el mes de abril;
si los ojos son, del alma, los espejos,
yo los miro donde puedo verte a ti.



sábado, 4 de octubre de 2014

Capricho de mariposa

 
 
Quiso ser la mariposa
en su vuelo de color,
avecilla primorosa
sin perder su resplandor.

 
Quiero plumas vaporosas
que me lleven a volar
por el aire, entre las rosas
y su néctar yo libar.

 
Son mis alas temblorosas,
delicadas, de cristal,
y sueño con alas plumosas
volar alto, sin igual.

 
Pidió al cielo su deseo
cuando el sol salió a brillar
y el azul cumplió su sueño
y en el aire echó a volar.

 
Convertida en pajarillo
la pequeña fue a jugar
entre jazmines y lirios,
entre orquídeas y azahar.

 
Y esta avecilla vestida
de azul, verde y carmesí
es la mariposa atrevida
convertida en colibrí.
 


viernes, 3 de octubre de 2014

Consenso y otros menesteres.

Las tres de la tarde era buena hora para dar un paseo por los alrededores de la finca, al mismo tiempo que se aprovechaba el solecillo tan agradable de aquellas alturas del invierno se ayudaba a hacer la digestión. Aquel día Arturo y Maribel vinieron a visitarme, hacía tiempo que mis hijos no pasaban un día entero conmigo, pero ya se sabe, los jóvenes andan con el tiempo contado mientras que los mayores ya hemos perdido la cuenta de él.
Decidí buscar caracoles. Entre las matas de hinojos que perfuman el camino habían hecho su campamento y yo, siempre llevo una bolsa en el bolsillo por lo que pueda acontecer.
En aquello me andaba cuando escuché a Maribel llamándome: Papi, hemos preparado café, vente que se enfría.
Tres docenas llevaba recogidas cuando me volví a la casa.
Las tacitas humeaban encima de la mesa, dejé la bolsa de los caracoles en la cocina y me enjaboné las manos. Después me senté junto a ellos y entre tintineos de cucharillas contra la loza y sorbos aromáticos saqué el tema de la Navidad. Arturo dijo que este año las cosas no pintaban muy bien para pasarlas juntos, puesto que su novia, que es de Bélgica, hace varios años que no ve a su familia y pretende hacerles una visita en esas fechas y ya de paso, conocer a sus futuros suegros. Yo noté que Maribel se incomodaba, pensé que no le pareció muy bien el plan de su hermano, pero no era por eso, era porque a ella tampoco le venía muy bien este año pasarla juntos. Dijo que, sintiéndolo mucho, ya tenía pagado un viaje a Sierra Nevada con todo incluido, con sus amigos, y que una oferta como aquella, que era una ganga, seguramente no se le volvería a presentar. Yo no dije nada, me serví otra taza de café con doble de azúcar.
Los dos me miraban esperando una reacción por mi parte, a estas alturas ¿yo les iba a reñir?, no, ni a saltarles con sermones paternalistas tampoco. En ese momento me vino a la cabeza la Trini. Trini es una viuda como yo, bueno, doble, porque ella enviudó dos veces, la conozco del hogar del pensionista, suelo pasarme por allí dos o tres veces por semana a echarme la partida de Mus con los amigos, ella va los miércoles y precisamente el otro día colocó un cartel en la misma puerta de entrada anunciando que el día de Navidad hay una comida especial para todo aquel que quiera asistir. Pues nada, vía libre y San se acabó.
Maribel me miraba con el morrito arrugado, con aquel gesto se le notaba que tenía mala conciencia, así que para que a la pobre muchacha no se le quedara aquel sentimiento tuve que delatarme yo también, y le solté mis planes.
Pero, no será con lo que me saltó la piba, que hay que ver, que podía haber desembuchado yo primero y no dejarlos a ellos como egoístas. Yo me quedé a cuadros, si hablas, porque hablas, si no hablas, porque no hablas.
Podemos hacer otra cosa si es que os parece mal ver a un pobre acomodado, -les dije-, me voy contigo a Bélgica, Arturo, o contigo a Sierra Nevada, niña, estoy abierto a las dos opciones.
Anda papá, no seas tontito, si lo he dicho de broma hombre, parece mentira que no me conozcas, sabes lo impulsiva que soy. Arturo no decía ni mu, como si con él no fuera la cosa, pero prometimos pasar el Año Nuevo juntos, con novia incluida, y yo invitaré a la Trini.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El arca de la infancia

Los animales que ocuparon tiempo y espacio en mi casa e infancia constituyeron en sí toda una fauna con bastante diversidad, cada uno tenía una historia, una manera de ser que lo hacía propio dentro de su especie.

El pato.

Teníamos una pata, ponía huevos por eso supimos que era hembra. Todos los días, a partir de no sé qué momento, empezó a contribuir con su sustento, pero la pata era caprichosa. Vivía, naturalmente, en el patio, y el antojo del ánade no era otro que dormir encima del sumidero. Al principio no pasaba nada pero con el tiempo le fue entrando reúma; todas las mañanas, cuando mi abuela salía a su encuentro, la veía caminar, no ya patosamente sino anquilosada, entumecida, medio paralítica, y aquello a mi abuela le supuso una preocupación lastimera así que decidió que por las noches, la pata dormiría dentro de una caja de cartón alejada de aquella humedad. Pero se escapaba, era cabezona y volvía al frescor del desagüe. En invierno el problema se agravó y nuevamente tomó otra decisión: meterla por las noches, envuelta en una sabanita, dentro de casa, delante de la estufa, así que allí y así veíamos todos juntos el Un, Dos, Tres. Mi abuelo terminó cansándose de aquello y la pata acabó siendo el regalo para una vecina que también tenía animalejos en su casa. Un día, la vecina pasó por casa para decirle a mi abuela que qué bueno que le había salido el guiso de pato.
Lloramos ese día.


El gato.

Teníamos dos gatas, una se llamaba Estrella y la otra Cuqui, la primera era de color gris ceniza, a rayas, y tenía unos ojazos verdes preciosos, completamente redondos como si fueran caramelos. Era bastante huraña y traicionera, cuando más a gusto estabas con ella encima, acariciándola ¡zas! se revolvía y te arañaba de arriba abajo. Ya tenía sus años cuando nos regalaron otro gatito que tendría tres o cuatro meses al que llamamos Fany. Estrella, como suele pasarle a los animales entrados en años, tenía pocas ganas de juego, pero con el gato nuevo se le revolvieron los instintos maternales de una manera muy acusada y la amamantaba. Qué curioso era verla, con aquel carácter suyo, panza arriba y con su bebé adoptivo succionando el perfecto alimento.
Con el tiempo nos dimos cuenta de que Fany estaba medio loca, no creo que fuera por culpa de la leche je, y lo que le pasaba es que tenía la costumbre de que cuando veía la puerta de la calle abierta salía escopetada, desde el patio, atravesando toda la casa en línea recta, salvando los muebles y cogiendo velocidad en ese trayecto hacia la acera de enfrente. Evidentemente cruzaba hasta la carretera para toparse con la pared en donde daba la vuelta y hacía el mismo recorrido a la inversa.
Un día la atropelló un coche que se llevó de golpe y porrazo sus siete vidas.


Los monstruos marinos.

Había, en mis tiempos de mocos, una revista que nos mandaban por correo en la que se anunciaba, con la intención de vender, infinidad de cosas raras: productos que hacían que unos brazos enquencles de golpe y sopetón se convirtieran en los de Hércules, fajas que ponían el talle de avispa, cacharros para la cocina, cremas milagrosas, gafas con rayos X, sonotones para espiar al vecino y entre todas aquella rarezas Monstruos Marinos. Mi hermano y yo convencimos a mamá para que nos permitiera pedir los monstruos, qué chulada...y nos dejó hacerlo. Días antes de la entrega yo ya andaba con el run run de qué hacer si los monstruos crecían mucho, si ya no cabían en la pecera, si se volvían malos; pensé que los podía tirar por el wc, pero ¿y si volvían? También pensé en llevarlos a la playa pero todo intento de deshacerme de ellos me proporcionaba una preocupación tremenda, así que pensé que ya se vería, que de momento el pedido estaba hecho.
El día que vino el cartero con aquella peligrosa entrega llamé a mi amiga Mª del Mar, la apertura de la caja era un acontecimiento muy importante. Mi hermano que es un poco mayor que yo fue el encargado de hacer los honores, lo recuerdo como si fuera ayer, alrededor de la mesa mi abuela, mi madre y nosotros tres, mi padre ya se encontraría la sorpresita cuando llegara y mi abuelo, como no se creía nada ni se arrimó. Allí que andábamos, con la pecera llena de agua ya preparada encima de la mesa y los monstruos dentro de un sobre, el cual fue abierto con mucho cuidado y nosotros respirando flojito por si acaso aspirábamos alguno de aquellos seres. La mezcla se produjo sin ningún tipo de reacción, todo lo más fue que el agua se enturbió y por causa de que ya estaban en proceso de vivificación, ¡ou! Para poder verlos, ¡venían unos prismáticos de regalo! que nos fuimos pasando de uno a otro, pero mamá trajo la lupa que era más eficaz, con lo otro no se veía nada. Yo esperaba ver el tritón, a Neptuno con su tridente (igualito que el de la foto del anuncio) o la sirena de pelo largo...nada, ni lo veía yo ni lo veía nadie a no ser que tuviera una vista privilegiada y una imaginación desbordante.
Tres o cuatro días nos duraron los gusarapos aquellos.
Lo del hámster caníbal, la tortuga fantasma y el periquito globo se queda sin contar que ya es mucho texto. Pero decir que cada pérdida tuvo sus lágrima lo digo.

Divina infancia.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Pensamiento

Yo quisiera colgarme de tu brazo, ser el eco de tu risa,
 cobijarme en tu regazo hasta sonrojar al día.
Bucear en los secretos de tus aguas transparentes,
tomar aire de tus besos y nadar contracorriente.
Y después, qué se me daba, ahogarme con tu recuerdo
en la celda sin ventana de un castillo de silencio,
si colgada de tu brazo, aunque sea sólo un momento,
si en tu fondo de ojos claros ya he sentido el Universo.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

A Cádiz.

Que en Cádiz, dicen, no hay nieve,
que no lo consiente ni el mar ni las olas
que Cádiz, por blanco, tiene,
sal marinera que es nieve toda.

Y dicen que allí, cantan las flores
y que en los patios de las casitas
cuelgan los soles.
¡Ay Cádiz!, que tienes, bonita,
dos manos blancas
que hacen palmitas,
la frente clara,
cabello al viento
y gracia infinita
dada en latidos
de taconeo.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Y además, en Navidad.

Su padre era Pirata y él trajo en su fisonomía legados de aquel nombre, quizá vino pidiéndolo y sólo bastó mirar con atención sus rasgos para saber que, inconscientemente, su apelativo ya lo traía dado, Bandido. Llevaba un antifaz negro que le cubría también las orejas, blanco el manto y sobre el lomo, unos lunares brunos que no terminaban de ser redondos, lo adornaban. Antes de fijar la atención en su nariz, era obligado detenerse en sus ojos, pequeños pero vivaces, del mismo color del café con leche con mucho azúcar, dulces. La nariz, nada que envidiar a la de los muñecos de peluche, era un botón, si no un dedal, por darle fondo, forrado de charol; tenía las pestañitas peinadas en diagonal hacia el vértice exterior del ojo. Le cortaron el rabo al nacer, a mi no me hubiera importado que conservara su cola, tal vez por esa falta, toda su alegría la manifestaba a través de la mirada y la exteriorizaba en saltos y carreras. El tacto de su pelo era suave, algodonoso mientras fue cachorro, mullido como todos lo son, después fue perdiendo ese pelaje y sustituido por otro tieso, con más carácter, acompañando a su nombre intrínsecamente, por concluir, levantado en armas.
El último capítulo de su aventurada vida, no por ello traumática amén de éste episodio, lo recuerdo con tanta claridad que se hace extensiva al sentimiento de desasosiego que me acompañó durante los días que lo secundaron.
Bandido salió de paseo con su correa atada al collar, pero se revolvió dando cabezadas, de tal manera que se liberó de su propia seguridad. Se lanzó como un pajarito libre a la carrera, juguetón, travieso e inocentemente inconsciente y cruzó la carretera. En ese mismo momento una moto que circulaba y él se alcanzaron en su cruzada trayectoria, el atropello ya era inevitable; el motorista cayó al suelo derrapando por el asfalto durante unos segundos, el perro fue lanzado por el golpe recibido hasta el otro lado de la vía, siendo frenado en su inercia por el borde de la acera con la que impactó su cabecita. Quedó tendido e inmóvil. En cuestión de quince minutos acudió un policía avisado por algún transeúnte, nos aseguramos que el conductor estuviese bien, lo estaba, a excepción de una manga rota de la chaqueta que llevaba puesta y el espejo retrovisor que resultó quebrado. Bandido seguía inmóvil, inconsciente, muerto. El policía lo tocó ligeramente con la punta de su bota, nada...,de repente el perro se levantó, aturdido, desorientado y dolido y como un cohete en el que acaba de hacer contacto el fuego con la pólvora salió corriendo, corriendo, corriendo...
Aquella misma tarde/noche anduvimos buscándolo por los lugares aledaños,... nada.
Los días que sucedieron al atropello fueron esperanzadores, decepcionantes, angustiosos, tanto más cuanto más iban pasando los días y no aparecía. Visité la perrera, la casa donde antes vivíamos, él tenía la costumbre de volver allí, al balconcito bajo de la ventana ,donde se subía y se acomodaba hasta que mi tío que vive enfrente se percataba de aquel visitante y me telefoneaba para que fuera en su busca, curiosamente no sabía regresar.
Nada, fueron días nulos y fueron pasando de tal manera que se convirtieron en semanas. La incertidumbre es mala, también la tristeza y si las dos se suman, es angustia lo que termina por adherirse. En casa, de cuando en cuando teníamos la sensación de que arañaban la puerta de entrada, abríamos, no había nadie. La Navidad se acercaba con sus fríos, con sus noches heladas, sus días de lluvia y lo dábamos ya por perdido.
La misma mañana de Navidad me levanté temprano, siempre madrugo, ya por defecto, y en la mesa todavía estaba la bandeja de turrones, mazapanes y dulces que no desaparece en tanto no pasa el día de Reyes; escuché los arañazos en la puerta, eran tan reales que una vez más me acerqué a abrir, pero esta vez, en ésta ocasión ¡sí era Bandido!, allí estaba, con su cabecita agachada, como si llevara puesto encima un abrigo tres tallas más grandes que la suya, como si todos los huesos de su esqueleto hubieran invadido más espacio del que le correspondieran, con su naricita seca como una flor a la que se le ha negado el agua, cuarteada, acartonada. No podía creerlo, era una sensación grande, increíble, de agradecimiento, ¡Bandido estaba vivo! en casa por Navidad, ni el famoso anuncio...
El golpe que se dio en la cabeza, que fue algo más arriba de la ceja, le dejó una marcada cicatriz oscura y una de sus patas traseras presentaba un bulto, fruto del trastazo que le dio la moto.
No sé, perdí la cuenta de los polvorones que le di, la casa bullía de alegría pese a que él, hasta pasados unos meses no volvió a ser el mismo de siempre, estaba extraño, silencioso, carente del nervio y viveza que le caracterizaba, era como un robot que atendía órdenes pero no expresaba nada, supongo que pasaría lo suyo para sobrevivir desorientado y sólo, con hambre y sed. Alguna vez hasta me parecía percibir en él sentimiento de culpa por haber estado lejos, otras, que nos veía culpables de su abandono, pero eso por supuesto eran sensaciones mías. Bandido, con el tiempo volvió a ser Bandido, tal vez un poquito más, porque desde entonces adquirió la costumbre de ladrar y gruñir a todos los perros con los que se cruzaba, quién sabe si le tocó lidiar con alguno en aquellos momentos.
Sinceramente, una Navidad para no olvidar.

Es un relato fiel a la realidad, escrito y sentido desde mi verdad.






sábado, 13 de septiembre de 2014

Hay un lugar

Corazón de ojos curiosos
¿qué lugar vas a buscar
donde descansar libre de enojos
en tu identidad?
Vas a la orilla del río,
donde las aguas saben cantar,
pero hay piedras y guijarros
y no puedes descansar.
Vas a un arco de colores,
una cascada de luz
que aparece tras la lluvia,
y en la noche ¿qué harás tú?
Parece ser que no encuentras
lugar donde descansar,
porque lo bueno conlleva
su trocito de mal.
Pero siempre que puedas ¡ve al río!
después de que llueva ¡ponte a volar!
y cuando la oscuridad asome
¡dale tiempo a la claridad!

martes, 9 de septiembre de 2014

El simulacro.

Ayer tuvimos un simulacro de incendio en el trabajo. No estábamos avisados de ello, debía ser lo más cercano posible a la realidad, con efecto sorpresa, así que fuimos convocados a razón de una reunión. Las ocho y media de la mañana trajo a toda la plantilla, excepto los que ya estábamos laborando desde las siete. Una de las veces que entro en el almacén me encuentro con dos compañeras, que si bien recuerdo, salían de él cogidas de la mano, le di los buenos días a una de ellas, con la que no me había cruzado todavía y al Supervisor que también estaba allí con cara sonriente. A continuación, vuelven a entrar allí, y una de ellas me dice: hay un incendio.
Ah, ¿hay un incendio?- no sé como me pilló que así contesté-, sí y está en la máquina del cartón; la compactadora del cartón se sitúa dentro del almacén, donde estábamos nosotras y todos los compañeros que a continuación  fueron llegando previo aviso. Allí mismo hay una puerta de salida, de una sola hoja y al lado una puerta amplia que se recoge hacia arriba enrollándose en una cadena que es por donde descargan los camiones la mercancía.
Bien, pues la evacuación era justamente por esa pequeña puerta que además, para llegar a ella hay que pasar por delante del presunto incendio. Me dio la risa y comenté si no era mejor salir por la puerta de emergencia que esta dentro de la tienda, lejos del incendio, que no hay que salir de uno en uno y que además da a la calle. No, dijo mi jefe, por aquí está bien. Quemados salimos jefe, pero no pasa nada, de momento no duele.
El encuentro de todo el personal debía ser bajo un tótem que hay en el parking con el logotipo de la empresa. Una vez reunidos allí, ¡salvados! nos vemos que se dirige hacia nosotros, desde otra puerta de salida que es por donde entramos a trabajar, un compañero que en ese momento había ido al baño y al que nadie había avisado que la tienda estaba en llamas.
Pero lo que más gracia me hizo de todo fue el colofón con el que se cerró el protocolo de actuación  en caso de: el Super dijo que había alucinado con aquella maestría de rescate por parte de la compañera a la que se le pidió el modus operandi, que por favor, ¡un aplauso para ella que lo merece!
Aplaudimos, aplaudí porque estaba mandado pero, por favor, que no se nos queme nada, aunque me reí recordándolo...máxime cuando hay una puerta corredera de metal a modo de cortafuegos que, en caso de incendio en el almacén, se cierra y aísla éste del resto del centro.
Sinceramente un incendio es preocupante y no se si las empresas están obligadas a dar pautas de actuación para ese caso o es algo voluntario de cada cual, pero ya que se ponen, si es necesario, que se rasquen un poquito el bolsillo para que éste tema parta de un profesional,  y no dejarlo a la imaginación personal, aunque una lo haga con toda su buena voluntad.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Respira tu vida.

Quiere sin remedio,
ama sin voluntad,
abraza sin miedo,
vive tu realidad.
Da la mano siempre que puedas,
sé fiel a tu singularidad,
que un día, todo se irá,
y nunca más volverá.



sábado, 23 de agosto de 2014

Ya no tengo ganas de soñar

De una estrella a esta parte
ya no tengo ganas de soñar,
a ella le contaba los desaires
y las cosas que me hacían respirar.
Por las noches, se acercaban las doncellas,
esas que en el cielo oscuro salen a escuchar,
y en el día, siempre se quedaba algún testigo,
un lucero vigilante que solía trasnochar.
Nuevamente salen en la noche,
nuevamente vienen a escuchar,
pero yo me siento diferente,
ya no tengo ganas de soñar.
Debe ser el cambio ese que dicen
-perspectiva longitudinal-
 de que cuantos más años se van cumpliendo,
más nos vamos acercando a la verdad.
Eso será.

lunes, 18 de agosto de 2014

Te quiero tanto



Hoy pienso en ti, como todos los días,
desenvuelvo tu recuerdo, lo abrazo,
busco tu mirada en la fotografía.
Que tu ausencia es tan grande...lo sé,
que me falta tu sonrisa, no sabes cuanto...,
que necesito hablarte, ya ves.
Cruzaste sólo el camino
y no nos despedimos, papá,
¡hoy volvería contigo
para no dejarte jamás!
Te quiero, que el cielo lo sepa,
tú no lo vayas a olvidar
y el día que yo me muera
¡prometo irte a buscar!

domingo, 17 de agosto de 2014

Alma y materia. Relato fantástico, o no.

Entramos en aquella taberna empujados por el frío viento que vencía a los robustos árboles, cuanto más a nosotros, dos personas cuyos pies eran frágiles raíces apoyadas en la tierra. Dentro, una luz acogedora hacía su perfecta combinación con el mobiliario de madera. Al fondo, una chimenea encendida se ofrecía como pista de baile a las llamas que chisporroteaban dentro del lar. La barra quedaba situada a la izquierda de la entrada y sobre ella, como farolillos que bajaban del techo, colgaban jarras de cristal.
Mario y yo escogimos una mesa que estaba próxima al calor, nos quitamos los anoraks, metimos los guantes dentro de los bolsillos y los colgamos en el respaldo de la silla. En seguida se acercó hasta nosotros un hombre de cara amable y barba rala para tomar nota de lo que queríamos tomar. Mario pidió un café Irlandés y yo un café con leche.
Las ventanas estaban bien selladas puesto que afuera, a través de los cristales, podíamos ver los árboles balanceándose a uno y otro lado empujados por el loco viento y en cambio, desde dentro, no se escuchaba ni un soplido.
La puerta volvió a abrirse y, como la tenía enfrente, vi entrar a un hombre altísimo, diría que rondaba los dos metros, lo deduje porque me recordó a los jugadores de baloncesto. Era una hombre de edad avanzada, me llamó bastante la atención el tamaño de sus manos, eran enormes, muy proporcionadas con su estatura; se sentó en un taburete frente a la barra, silencioso, encorvó la espalda para no rozar con la cabeza las jarras que pendían del techo y después sacó de sus bolsillos trozos de papel.  Los doblaba, giraba, incluso recortaba a pellizquitos con las yemas de los dedos de tal manera que aquellos pedazos de papel, quedaron convertidos en animales. Los puso encima de la barra, en fila: un conejo, un pato, un ciervo y una ardilla, un pájaro que parecía un águila..., me sorprendió cómo aquellas manos tan grandes, que a priori inspiran fuerza, pudieran tener tanta delicadeza.
Mario chascó los dedos - despierta, que te has quedado embobada- me dijo.
Mira, - le pedí que se volviera-
Vaya, si que es grande ese hombre.
Sí, pero aparte de eso mira lo que ha hecho, ¿has visto que figuritas?, acaba de hacerlas ahora mismo y me ha transmitido una sensación tan hermosa como extraña.
Venga, pues despierta de sensaciones que tenemos que marcharnos ya, pronto se hará de noche y nos queda, como poco, media hora hasta el hotel por estas sinuosas carreteras de montaña.
Nos levantamos, volvimos a enfundarnos los anoraks y nos dirigimos a la barra para pagar la consumición. El hombre alto nos habló - son ustedes turistas ¿verdad?
Sí, así es -contestó Mario-
¿Verdad que éstos bosques son hermosos?
Lo son, vaya, lástima que hayamos tenido que salir precipitadamente por este cambio de tiempo tan repentino -contesté-
¿Están alojados en el pueblo? yo soy de allí de toda la vida, miren -nos dijo señalando unas fotografías que habían en la pared- esos dos somos el de la barra, mi buen amigo Ernesto, ese de ahí- dijo señalando al dueño de la taberna-  y yo, años atrás.
Ernesto, al mismo tiempo y al vernos mirar las fotografías, corroboró sus palabras, que eran él y su buen amigo Sebastián, el mejor guardabosques del mundo, -así lo dijo-.
Pagamos la cuenta y nos despedimos.
Una vez en el coche arrancamos camino al hotel, pero Mario se dio cuenta de que Sebastián acababa de salir de la taberna. Se había puesto un gorro de lana, abrochado el abrigo hasta el cuello y emprendido el paso.
Tal vez él también va al pueblo, ¿te parece bien si le preguntamos si quiere que lo acerquemos?
No sé, -dije- no lo conocemos de nada, tengo algo de desconfianza, la verdad...pero fíjate qué frío hace...vale, pregúntale.
Cuando el hombre llegó a nuestra altura Mario bajó la ventanilla del coche y le preguntó, el hombre accedió a venir con nosotros. Yo me pasé al asiento de atrás dejando que él ocupara el mío. Durante el trayecto nos iba diciendo el nombre de los lugares por donde pasábamos y además, nos recomendó visitar un mirador que se emplazaba a pocos kilómetros de allí. Sólo hablaba bondades de la montaña y los bosques.
Una de aquellas veces nos hizo mirar a un lado de la carretera, era una zona especialmente hermosa por la que transcurría el curso de un río y, al volver la mirada a la carretera, el asiento donde debía estar Sebastián ¡estaba vacío! Mario detuvo el coche inmediatamente y los dos, quebrados de color, éramos incapaces de articular palabra; justo a la derecha de aquel tramo de carreta se levantaba un cartel de madera señalando el lugar en el que estábamos: Paraje Del Fiel Guardabosques, a la memoria de Sebastián Freire.








viernes, 15 de agosto de 2014

Las manos del abuelo


¿Quién sabe mirar las manos del abuelo,
los surcos, los callos, los dedos doblados,
su temblor y pulso pautado?
Es porque la vida pasó por sus manos,
de las caricias a la rabia y el llanto.
Son las mismas que un día acunaron
al recién nacido, las que el futuro levantaron
y sobre una piel, volaron;
las que dieron, tomaron, cambiaron,
protegieron, así son las manos del abuelo,
ya apenas tendrán fuerza,
la agotaron,
pero queda un poso en el hueco de esas manos
que no se ha evaporado;
ternura, diría yo,
ternura, pongamos.




jueves, 7 de agosto de 2014

Impronta

Si quieres trabajar con nosotros debes comprometerte a tratar a los animales como lo que son, animales, es decir, no dejando tu impronta en ellos, puesto que una vez curados han de ser devueltos a su hábitat natural donde actuarán de acuerdo a su naturaleza para vivir y sobrevivir, ¿estas de acuerdo?.
Ella respondió afirmativamente. Los alimentaba y curaba pues dejando la mínima huella humana en ellos, tratándolos sin que percibieran ayuda ni tacto humano.
Se encariñó con un león, eso no pudo evitarlo, ver aquel ser con tanta fortaleza, tan desvalido, le produjo un exagerado sentimiento de lástima y cariño; pero cumplió su palabra, y desde entonces, ella ruge.


martes, 5 de agosto de 2014

Tu mundo y el mio

Lo que separa tu mundo y el mío
es una enredadera de rosas,
que todas ellas hermosas
esconden espinas y filos.
Lo que tu mundo y el mío separa
es un pasaje improbable,
una razón velada
y un proyecto inalcanzable.

Lo que une tu mundo y el mío
es un cante de ruiseñores,
dos corazones, un desafío,
una vibrante batalla de flores.
Mil palabras guardadas
y en el alma un acorde
que tempo a tempo, hilvana,
mi corazón con tu nombre




lunes, 4 de agosto de 2014

De tierra y viento.

A la flor,
a la flor del naranjo,
chiquita y blanca,
que desprende su aroma
desde los campos
hasta mi alcoba.

Al limón,
al limón soleado
chispa en la boca,
donde viene a juntarse
lágrima y sed
espina y hoja.

A la menta,
a las frescas hojitas
verde esperanza
que perfuman mis sueños
y que tienen el fondo
de tu mirada.

Y a mi niño,
a mi niño moreno,
mi pensamiento,
limonada en mi sed
 y el aroma de azahar
de mis vientos.












viernes, 1 de agosto de 2014

Cruzando el Meridiano

 
He cruzado el Meridiano de su ausencia
- aventura de mi loco corazón-
y las tardes en que ansiaba su presencia
y las noches que añoraba su calor.
Veinte grados Norte, cinco a Oeste,
una hora, tres minutos y a babor
van mis naves acercándose a su frente,
dos le llevan mi cariño, y mi amor, un Galeón.
Me aventuran fuertes vientos y corrientes,
mas, superado he la Galerna y un Tifón,
la mar en calma y un solsticio de verano
 para cruzar la línea imaginaria de su amor.
 
Mediterranía, en un uno de agosto del año 2014 del Señor.