lunes, 23 de mayo de 2016

Cuando ya no estemos

Cuando ya se rompan todas las cadenas
y nada nos una a la tierra y mar,
quizá vengan otros, de párvulos ojos,
a nuestros poemas en boca entonar.
Seguirá el amor, dado mano en mano,
seguirán los besos dándose a la par,
seguirán los otros, de miel heredados,
pero nuestras rimas ya no se unirán.
Mas en el momento en que sean sentidos
cobraremos vida, la que nos darán,
les pondrán dos alas a lo que escribimos
y a través de ellos nos despertarán.

martes, 17 de mayo de 2016

A las estrellas que caen

 


De cuando en cuando me parece ver que las estrellas
se aburren del sonido sideral y de estar quietas
y bajan a la tierra por la noche en un cometa
saltándose las leyes de la ingravedad, traviesas.

¿Qué habrá por esos altos tan oscuros, tan enormes,
en esas trayectorias de planetas uniformes?
Y qué dirán las otras ¿dictarán algún informe
de aquellas que han venido a visitarnos a los hombres?

Estrellas que venís tan descaradas y sin miedo,
seguro que buscáis lo más bonito que tenemos
y aunque alguien sí acertó en decir que el mundo es un pañuelo,
no podréis, bonitas mías, volver a vuestro cielo.





viernes, 6 de mayo de 2016

Bancos y problemas

Los problemas del parque no son los bancos, que los hay, ni los columpios; ni los árboles, avecillas, hormigas y papeleras. Los problemas del parque no se ven porque se hablan:

Es el hijo que se ha divorciado, el nieto que no come, lo mal que está la vida con tanto sinvergüenza suelto; el viento que hace hoy y el calor que ayer hizo. Lo buenas que están las croquetas que hace el abuelo, tan buenas, que cuando va a echar mano de ellas, con suerte, le dejan una.
El solitario hombre que abre una lata de atún sobre la hoja de periódico que hace de mantelito.

Pero para que todo ello se dé, para que esos problemas, no ya que se resuelvan sino que se desfoguen, que a veces suele aliviar, es necesario ese escenario que para quien va con prisas pasa inadvertido.
Ese rayo de sol de las cuatro de la tarde que llama a sentarse en el banco que da al oeste; el magnífico color granate del pruno, el alto y espigado pino lleno de piñas que intenta tocar el cielo año por año. Las despeinadas palmeras. El jaleo de los gorriones y ese céfiro empapado de salitre que sube desde la playa y se expande como un suspiro de la bajamar. El tumulto de los niños chicos que sacan a botar la pelota y da miedo verlos; los jovenzuelos en pandilla que llegan, al salir del instituto, con los dedos pegados a los teléfonos móviles. Y los labios que se pegan a otros labios.

Sí, hay bancos buenos.




miércoles, 4 de mayo de 2016

Autoprotección

Su mirada se volvió dura, helada, plana y brillante como una bandeja de acero inoxidable y por primera vez empezaba a sentirse bien: todo le resbalaba.

Poemas de Karmelo C. Iribarren

Poemas de Carmelo C. Iribarren  (1959)




TORMENTA DE VERANO

Están cogidos de la mano
en silencio,
bajo los soportales.

El niño mira su columpio,
muy triste,
bajo la lluvia,
y no lo entiende.

El padre mira al niño:
es la vida, hijo
-quisiera poder decirle-,
y no ha hecho más que empezar.




RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE

Un paquete de tabaco,
un libro de poemas,
cuarenta duros
para tomar unas cervezas...

Poca cosa, es verdad:
pero para mí era suficiente.

Y entonces aparecieron las mujeres.



LAS RESACAS

Las primeras tienen
su cosa, es cierto. Otra vez
con el vaso en la mano
uno se siente a gusto de sentirse
tan mal, de tener ese cuerpo,
de ser al fin el blanco
de miradas y sonrisas (comentarios
jocosos, vacilones), ya sabes,
de sufrir como un hombre.

Luego vienen las otras.

las de siempre, las clásicas,
sin el encanto de la novedad,
las que uno ya conoce en su justa
 medida, aburridas y tercas,
pegajosas, las que apenas
sorprenden, las que una mañana
te avisan que ojo al parche,
pero tú ni te enteras.

Las últimas resacas,

las auténticas, las de verdad,
las que ni risas ni miradas
que valgan, las del vómito
encima, las del asco
y las lágrimas, las del miedo
a vivir y a morir de repente,
las de la más absoluta soledad,

esas, amigo mío, mejor
que no las tengas que pasar.



YA ESTÁ

Ya poseemos
casi todo
lo que nos iba
a hacer felices.
Puede decirse
que lo hemos
conseguido.

Ya está.

Ahora solo
nos queda
comprobar
hasta qué punto
fuimos sinceros
con nosotros
mismos.