domingo, 19 de marzo de 2017

El principio no siempre llega en ese orden

El techo de aquel bar estaba lleno de jamones colgados, no se sabe bien las patas que podían haber allí; contando por encima encima podrían ser cincuenta, ordenadas en fila india,como estalactitas carnosas. En la barra, dentro de la vitrina, otro tanto de quesos, una sobrasada que no había plato que la recogiera y una tanda de butifarras como collares que esperaban un gaznate miraban desde la pared incitando el voto de algún estómago caprichoso.
Entonces entró aquél hombre, seco como el orégano, con unos zapatos con un agujero por el que se le salía un dedo y la espalda levantada a consecuencia de los puñetazos que le daba el estómago pidiéndole sustancia. Se acercó al dueño de aquello que trajinaba detrás de la barra y le pidió la voluntad.  El camarero le dijo que lo sentía pero que allí no podían ayudarle.
El hombre se dio la media vuelta para salir del bar pero alguien, a su espalda, le tocó el hombro invitándole a entrar de nuevo.
-Sírvele al amigo un bocadillo de jamón con queso- y lo sentó junto a él en una de las mesas.
-Qué ¿la puñetera crisis verdad?
-Sí, la crisis.
-¿Y trabajo? no tienes trabajo...
-No, hace seis años que no tengo trabajo ni ayuda de ninguna clase, la suerte es que vivo solo, no tengo hijos ni he estado nunca casado, menos mal por ese lado.
-Entonces tu situación va para largo por lo que veo.
-Para largo y tan largo, no se imagina uno lo diferente que se ven las cosas desde el otro lado, desde el lado en el que estoy. No siempre he sido la persona de ahora, antes trabajaba, era camionero, conozco Europa de cabo a rabo pero desde que me despidieron no he encontrado nada, es como si me hubieran cerrado las puertas de España y encima la edad, si para los jóvenes ya es difícil imagínese para mi que ya he rebasado los cincuenta. Estuve cobrando la prestación del paro pero ya se me agotó y la cosa más tonta que hice fue que en mis años de bonanza me metí en una hipoteca, así que ahora al no poder pagarla ya no tengo casa, ni prestaciones porque ya he agotado todos los recursos, ni jubilación porque no llego a la edad, esto es lo que se dice estar en un limbo.
Lo curioso del asunto es que yo antes veía a la gente que pide, que siempre ha habido, fíjese que los veía como personas inadaptadas a la sociedad, pobres desgraciados incluso vagos, pero ah amigo, cuando estás aquí qué diferente se ve todo y cuántos caminos son los que conducen a Roma...
El hombre que lo sentó a su lado no pudo más -¡Manuel!- se dijo así mismo - hay que hacer algo con éste hombre, de momento engordarlo y después ya veremos, de momento esta noche duermes en mi casa que vivo en un piso de alquiler con tres habitaciones y me sobran dos. Yo estoy separado, prejubilado y cobrando el paro y donde come uno comen dos y cuando estés más preparado a buscar trabajo que la presencia dice mucho y es muy importante.
Al hombre seco se le cayeron dos lágrimas.
De alguna manera todo es empezar en ésta vida, aunque sea por otros caminos.
Hay cosas que sin ayuda, un hombre sólo no puede hacer.
Y hay cosas que sólo un hombre puede hacer.

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