De tu grácil silueta nació mi cuerpo
y en tus preciosas manos me acurrucaste,
eran tus finos dedos diez primaveras
que embellecían todo lo que tocaban.
Hoy estarás cuidando de algún niñito
de esos que corretean por las alturas.
Eras toda ternura, mi hermosa madre,
vergel de amor rotundo que aún dulcifica.
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