Llegas en oleadas de amor
y viertes tu esencia en el hueco
que tu ausencia me dejó.
Me llenas con tu imagen,
tus palabras, tu forma de ser.
El camino, entonces, queda abierto
y puedo seguir caminando
sin el peso de la soledad
que dejaste en nuestro jardín
de vida.
Sé que no me olvidas,
como yo a ti no te olvido.
Sigues creciendo dentro de mí
como un retoño nuevo,
como un árbol sólido,
como una buenaventura infinita
que me dio vida
y que me mantiene en ella,
porque es por ti también
que sigo y me levanto.
Te esforzaste en ponerme de pie
en la vida que me diste,
yo no puedo abandonar tu trabajo
mamá,
no puedo dejar que se marchite
tu labor, tu cariño, tu esfuerzo,
la ternura que en mi depositaste,
no, no puedo,
te lo debo, por esa niña que fui
y porque ese es tu legado de vida.
Lo que amaste, es, y es
para conservarlo lo que me reste
de vida, aquí.
Te amo, mamá.
Amo todo lo tuyo, y yo,
soy tuya.
Gracias. Te quiero.
Sé feliz hermosa flor nueva.