viernes, 21 de agosto de 2026

Salvadora de mi corazón.

 Llegas en oleadas de amor

y viertes tu esencia en el hueco

que tu ausencia me dejó.

Me llenas con tu imagen,

tus palabras, tu forma de ser.

El camino, entonces, queda abierto

y puedo seguir caminando

sin el peso de la soledad

que dejaste en nuestro jardín

de vida.

Sé que no me olvidas,

como yo a ti no te olvido.


Sigues creciendo dentro de mí

como un retoño nuevo,

como un árbol sólido,

como una buenaventura infinita

que me dio vida

y que me mantiene en ella,

porque es por ti también

que sigo y me levanto.


Te esforzaste en ponerme de pie

en la vida que me diste,

yo no puedo abandonar tu trabajo

mamá,

no puedo dejar que se marchite

tu labor, tu cariño, tu esfuerzo,

la ternura que en mi depositaste,

no, no puedo, 

te lo debo, por esa niña que fui

y porque ese es tu legado de vida.


Lo que amaste, es, y es

para conservarlo lo que me reste

de vida, aquí.


Te amo, mamá.

Amo todo lo tuyo, y yo,

soy tuya.

Gracias. Te quiero.

Sé feliz hermosa flor nueva.