miércoles, 29 de mayo de 2013

Y ahora...

He sido un poco Princesa,
cuando reinaba en la Villa
de mi niñez, con dos trenzas
y tres rosas en cada mejilla.
Un poco Reina de Espadas,
que atravesaron mi corazón,
que me dañaron el alma
instalándome en el dolor.
He sido un poco retama,
tomillo, magnolia y espliego,
cerezo en flor, jacaranda,
azahar, manzanilla y romero.
He sido un poquito de mar,
lágrima de agua salada,
goleta que al navegar,
un viento la refrenaba.
Soñadora incorregible,
marioneta sin cruceta,
demasiado predecible,
y naturalmente imperfecta.
Y ahora, con sentirte a mi lado,
soy un poco más felíz,
nunca pedí demasiado,
todo es mucho para mí.
 
 
 


domingo, 26 de mayo de 2013

Memorias de una casa.




Tantas veces vuelve a mí que así no podrá nunca romper el lazo del recuerdo; ahora lo hace en sueños, donde sabe que no es delito y aun así, dentro de ellos, muchas veces se da cuenta de que ya es una intrusa en su propia casa.

Desde la calle en la que me construyeron podía ver el mar y divisar cada barco carguero que arribaba a puerto. Su saludo sonoro se propagaba por todo el pueblo, era un silbido grave, imponente a la vez que alegre. Todos le daban la bienvenida, incluso con el pensamiento. Era un jubileo ver banderas nuevas ondeando en aquel viento mediterráneo. Antaño, cuentan, aquellos buques traían cosas que aquí no se habían visto antes y que los marineros extranjeros, sobre todo los americanos, regalaban a los niños que acudían en tropel a recibirlos: chicles, *estrato, azúcar moreno...
Yo era de techos altos y grandes ventanas, cada una con un balconcito cerrado por una reja de mediana altura a cada lado de mi puerta de entrada. De la protección de los finos cristales, que siempre temblaban cuando algún cansado camión subía la calle, se hacían cargo dos persianas verdes de madera.
Ella nació en una de mis habitaciones. La única comadrona que había, y que después fue alcaldesa, ayudó a venir al mundo a la mayoría de los de su generación. Aquellas madres eran un tanto arriesgadas en cuanto a cualquier complicación que pudiera surgir en el parto, incluso en el neonato.
Mi patio era lo que más le gustaba. Su abuela lo tenía lleno de macetas con hortensias, geranios, y un árbol de Navidad que se ponía precioso cuando llegaba la época de lucir sus flores rojas, aunque, curiosamente, son hojas que se visten de flor.
También había un columpio de doble asiento que hizo su padre y que, tanto ella como su hermano, compartían, algunas veces juntos o empujándose el uno al otro. Otra de las ventajas que tenía el patio era que allí le dejaban tener animales, entre ellos, gatos, que iban y venían libremente por los tejados.
Sus paredes encaladas de inmaculado blancor a veces se confundían con las sábanas tendidas y éstas, a su vez, confundían su aroma a jabón con el perfume de las flores. Son delicias caseras. En el verano tomaban el fresco bajo la parra que su abuelo plantó y que abrió sus brazos a modo de sombraje, pero eso sí, con ojo avizor, puesto que las avispas también acudían al almíbar de los pequeños racimos de uva que graciosamente se descolgaban.
El tiempo pasó con su desfile de años y yo siempre estaba llena, estaba viva. Los tíos de Mallorca venían de visita todos los agostos. El tío Eduardo contaba anécdotas de cuando vivía en Cádiz y de sus viajes en el Juan Sebastián Elcano; era músico militar de la Armada y anduvo por medio mundo en aquel buque-escuela. En invierno, poco antes de Reyes, era cuando recibíamos la de los tíos de la Parroquia, pueblo cercano, con sus dulces artesanales como regalo y en agradecimiento marchaban con otros tantos presentes.
La vida trajo muchos acontecimientos felices: comuniones, bodas, nacimientos. Y también tristes: duelos y separaciones. Pero todos vividos y sentidos entre mis brazos, bajo mi techo, sobre mi suelo. Hogar significa estar en lo bueno y en lo malo.
Al morir la dueña, la que figuraba en un mísero papel como mi propietaria, sus sobrinas, las herederas, dueñas a la vez de seis o siete casa(S) más, me quisieron a mí.
Ella, mi verdadera dueña, la que yo vi nacer, luchó con la mala ayuda de una mala abogada y un día empezó a recoger muebles, a llenar maletas... Y yo no pude elegir. No puedo moverme.
De vez en cuando la veo pasar por delante de mí. A veces me mira y otras, agacha la cabeza.
Nada puedo hacer. Aunque quiera abrirle mi puerta me han tapiado la entrada. Han cegado mis ventanas y pintarrajeado mi fachada. El patio murió de soledad.
Sé que mi dueña viene a visitarme en sueños porque en la maleta que se llevó no caben todos los recuerdos.



Cayó una estrella del cielo.

Cayó una estrella del cielo
y una estela de colores
la acompañó hasta el suelo.
 
Mas la estrella no era feliz
en este nuevo mundo,
necesitaba el matiz
de su cielo azul profundo.
 
Desde el suelo hasta el cielo,
pedía ser lanzada,
pero su ferviente deseo
era una quimera vana.
 
Una gaviota, enterada,
quiso hacer feliz de nuevo
a esa estrellita estrellada,
que lloraba sin consuelo.
 
En su pico, con suavidad,
tomó su cuerpo celeste,
y echó con ella a volar
de Norte a Sur, de Este a Oeste.
 
Pero por más que volaba,
por más que al cielo subía,
jamás alcanzaba
lo que fielmente prometía.
 
Extasiada ya, sin aliento,
la estrella del pico cayó,
pero no fue vano el intento,
 en el mar se sumergió.
 
Y allí, en el fondo marino,
la estrella feliz se quedó,
rodeada de azul cristalino.
 
Los luceros, sus hermanos,
aún la buscan sin parar,
y desde entonces los océanos,
son cielos, con estrellas de mar.



 
 
 
 
 

viernes, 24 de mayo de 2013

Frente a frente.

Dos amantes callados
se miran, se van mirando,

frente a frente, uno a otro,
y nunca se dan la mano.

Él le muestra gallardo
sus verdes pinos carrascos,
y ella su falda de hierba,
sobre enaguas de alabastro.
Y entre los dos, un río
de amor baja temblando.

El es el rey de sus sueños,
senderos bordan su capa
y ella reina en sus deseos
bajo una tiara blanca.

Ni tú eres Monte ni yo Montaña,
como esos dos enamorados,
pero así somos tú y yo,
dos amantes condenados
a mirarnos frente a frente,
sin poder nunca tocarnos.
 
 


miércoles, 22 de mayo de 2013

La paloma enamorada.

Con amor y con esmero
grano y agua le servía,

él mimaba a su paloma
y ella le correspondía.
La enseñó a enviar mensajes
y otros tantos le traía,
de su ventana a una torre
volaba todos los días.
Era cierto que adoraba
a su blanca compañera,
confidente y fiel, alada,
su paloma mensajera.
Y ella, por verlo felíz,
todo su vuelo prestaba;
de sus labios, de sus manos,
se sentía enamorada.
Marchó inocente una tarde,
con una notita enrollada,
y al llegar hasta la torre
una joven la esperaba;
una mujer de ojos claros,
tomó la nota guardada,
soltó el nudo de aquel lazo
que con celo, ella guardaba.
Y la paloma sintió
que el corazón le quemaba
cuando la joven leyó
aquel poema en voz alta.
La muchacha estaba alegre,
la muchacha sonreía
y al mismo tiempo, de pena,
la paloma, allí moría.




martes, 21 de mayo de 2013

Al sol no hay que ir de noche. (relato infantil)

Esa era la idea que rondaba por las cabezas despeinadas de aquellos cuatro chiquillos que hacían cuentas y planes, sentados como los Sioux en la alfombra. Tenían muchas cosas en común: iban al mismo colegio, eran amigos y pertenecían al grupo de rodillas del mismo color, el de la mercromina; señal inequívoca de los porrazos que tras el ayy, el uyyych ¡sóplame mamá!, sanaban sin dejar rastro.
Ya observaron por dónde se escondía el sol, era por la parte del descampado que había detrás de la casa de Pablo. Ahora faltaba preparar las mochilas y decidír el día.

Faltan tres días para mi cumple -dijo Pablo. Podemos irnos ese tarde por que estaremos los cuatro juntos. Lo voy a celebrar en mi casa, pero sólo después de la tarta es cuando podemos irnos, ¿eh?
Jolines, claro tío, cómo vamos a irnos sin cantarte el cumpleaños felíz  -añadió Juan-.
No digas tonterías, -dijo Pablo-  sabes que con ocho años ya no se soplan velas.
Eso porque tú lo digas, - replicó Manolo-, mi abuelo tiene por lo menos ochenta y cinco y las sopla
Bueno, ¿tu que dices, Vicente? - pues que sí, pero que no te voy a poder llevar un regalo, mi padre no cobra hasta final de mes.
Eso da igual, yo no lo hago por los regalos, -contestó Pablo-.
Bueno, vamos a ver que nos llevamos para el viaje.
-Yo voy a coger la linterna de mi hermano, tiene una manivela que le das vueltas y se enciende, así no hacen falta pilas -habló Manolo- y también sus gafas de sol de la nieve, ¡son molonas!.
¿Y tú, Vicente?
- Yo me voy a llevar una cantimplora, los prismáticos, una bolsa de madalenas, la gorra de Scooby Doo y unos calcetines de repuesto, me sudan los tachines y allí hará mucho calor.
-Vale, yo me llevo el mapa, la brújula, la máquina de hacer fotos y una libreta, hay que tomar notas, tenemos que traer algún recuerdo, ¿no?- dijo Juan-
Yo me llevo los  bocatas, -añadió Pablo-, una bolsa de madalenas será poco. Le voy a decir a mi madre que prepare muchos, que tenemos mucha hambre. ¿De qué los queréis?
-De nocilla, de salchichón y de queso.
-Ah, y de mortadela.
-Bueno pues ya está, el día 17 a las cinco y media en mi casa.

Mercedes tenía todo listo aquella tarde. Ya solo faltaba esperar que Pablo volviese del colegio. Vistió la mesa con un mantel de papel de colores, unos globos sujetos a la lámpara del techo aumentaban el ambiente festivo y unas risas infantiles le avisaron que ya se acercaba la pandilla; el sonido del timbre lo confirmó.
Fue un goteo de invitados lo de aquella tarde. Fueron llegando sus amiguitos hasta bien dadas las seis y media y la casa se llenó de papel de regalo, risas y formalidades, éstas últimas en el momento en que los carrillos de la cara eran ocupados por la merienda.
Y después del encendido y apagado de velas, pidieron permiso a las mamás para bajar al parque.
Permiso concedido bajo advertencia de no salír de allí.

Una vez en la calle se dirigieron al descampado en fila de a dos. Pablo y Juan abrían paso con la brújula, que decían saber interpretar, pero más bien era un artilugio para darle importancia a la misión. Se encaminaron al horizonte por donde el sol comenzaba a bajar y apresuraron el paso.
Aquel terreno estaba lleno de setos espinosos, piedras y desniveles que lo mismo les hacían caminar como hormiguitas, de lo lento que iban cuesta arriba, que coger carrerilla cuesta abajo.
La cantimplora no tardó mucho en salír de la mochila, el azúcar de la tarta empezó a darles sed.
-Hey, mirad esto- dijo Vicente. Los tres chiquillos se detuvieron para observar un lagarto verduzco que los observaba encima de una piedra. -Vamos a tomar nota-, sacaron la libreta y anotaron:
El primer ser extraño que encontramos es de una especie desconocida; pensamos que debe tratarse de un capitán lagartija....-¡no!, pon mejor que es una cría de cocodrilo- ideó Juan. Le voy a hacer una foto, van a flipar los del cole.
El lagarto salió corriendo por el destello de flahs. -Veremos si no hay problemas- dijo Pablo, creo que se ha sentido atacado, como avise a su equipo y vengan a por nosotros...
Continuaron el camino. Un poco más adelante habían unos arbustos de escasa altura, pero la suficiente para llamar la atención del equipo, sobre todo cuando vieron aquellas ramas agitarse suavemente. Giraron, entonces, veinte grados Este para llegar a ellos y con una caña que encontraron apartaron las ramas para ver qué había allí. Manolo sacó los prismáticos, los fue pasando silenciosamente al resto del grupo y tomaron nota:
El segundo elemento es un ser de ojos saltones, dientes largos (dos) y grandes orejas. Pensamos que se trata de un oso conejero.

Sin darse cuenta apenas, fue cayendo la noche. El sol se les escapó con tanta toma de notas e investigación.
De repente, a sus espaldas, comenzaron a encenderse unas luces que se dirigían hacia ellos. Aquellos halos de luz en movimiento de izquierda a derecha, se les acercaban cada vez más y decidieron sacar la linterna con manivela y corresponderles en son de amistad, con las mismas señales. Manolo, además, se colocó las gafas molonas de la nieve para impresionar a aquellos seres. Eran valientes.
-¡Aquí están! -se escuchó decir-
¡Hablan nuestro idioma! - dijo Vicente-
Un grupo de policías los abordó y con ellos, cuatro madres desesperadas.

Después del interrogatorio, abrazos, besos, achuchones y reprimendas para más tarde, los niños contestaron:
Si sólo queríamos ir al sol...pero no nos ha esperado.








domingo, 19 de mayo de 2013

El sueño de un hada.


Sé que nunca te he tenido,
sé que nunca te tendré,
que besarte es mi delirio,
olvidarte...,¡cómo hacer!.


En la celda del silencio
cumple condena mi amor,
mas se libera en suspiros
de esa errante prisión.

Tu sonrisa son estrellas,
la luna ¿no es tu corazón?,
y tu voz son las estelas
que un ave a su paso dejó.

Aunque me duela el silencio,
he aprendido a vivír con él,
te he acurrucado en mis sueños
y en mis sueños, te amaré.

 

 

miércoles, 15 de mayo de 2013

 
 

Te miro, Ashton, y te diría todo de algodón...como decía el buen Juan Ramón Jimenez a su Platero, pero tú, pequeñeco, no trotas. Tu eres como uno de esos molinillos que flotan en el aire por los campos, o en los jardines cuando escapan a la ciudad, así eres, silencioso y blandito, suave.

Para hacer honor a la verdad diré que tu sonido más escandaloso se limita a un intento de ladrido. Eres tan pequeño aún, que todo lo tuyo son ensayos, prácticas para cuando seas grande.

Quedarán muestras de tu aprendizaje en mis zapatillas deshilachadas, en el dobladillo de las cortinas, que por alguna extraña razón tanto atraen tu curiosidad, sobre todo cuando el aire juega con ellas y tú , cómo no, te sumas al juego. Otra extraña razón... es la que me lleva a mirarte sin cansarme.

Los hilos del destino.

Llegaste a mí con el mediano sol de un mes de octubre,
a pasear sobre la tierra ya labrada de mi era,
fuiste el calor de la tibia llama, que en la lumbre,
dulcifica el ocre otoño que empujó a la primavera.
 
Y a tu paso, levantóse de la la tierra un brote nuevo,
florecieron en mi corazón diez mil violetas,
y las hojas ya marchitas, se iban yendo,
con tu agua, con tu viento en la vereda.

Y ahora el destino que te trajo hasta mi alma,
viene a apartarte de mi vida, ¡él es el dueño!,
y como viento y como sol, y como agua,
te me vas,¡ amor!, de entre los dedos.
 
 

La niña gitana.

¿Llevaba en su frente un estigma o un brillo de antiguas navajas?. ¿Es por eso que la miraban de aquella manera?-con recelo-.
Era su pelo negro como la noche y sus ojos un eclipse de luna llena, con alguna estrella reflejada en el fondo de su mirada.

Yo, hastiada de tanta hipocresía hecha raíz, tanto corazón de esparto y teniendo en mi mano el tiempo de labranza de aquellos niños, no podía permitír que sus almas blancas fueran salpicadas por prejuicios raciales. En mi patio no, no en mi colegio.
Los observaba en el tiempo del recreo, pedí voluntariamente ser quien vigilara a los infantiles y aquella niña, deambulaba por el patio, sin una mirada amiga. Pero yo sentía que tampoco la buscaba, tal vez ¿tendría que ser del mismo color de sus ojos? y si otros ojos no la miraban ¿qué mal podría hacer ella?, ¿tendría la culpa de no llevar los mejores pantalones conjuntados con una estupenda camiseta, las deportivas de última moda o la más popular de las mochilas?.
Una tarde lluviosa y melancolica fue el detonante para romper esquemas y prohibiciones.
Eran las tres y media de la tarde y aquella clase de plástica sería muy diferente, íbamos a modelar la amistad, los valores que cada chiquitín de mi clase llevaba dentro; íbamos a abrir la puerta de la diversidad.
Propuse a mis alumnos una clase de teatro real, es decír, cada uno de ellos saldría a demostrar qué se le daba mejor hacer. Para uno, eran los puzles, para otro narrar cuentos, alguno contaba chistes, varias niñas bailaban ballet, para otros era jugar a la pelota; uno de ellos preparaba muy bien los aparejos para la pesca, dibujar, los trabalenguas, cantar..., cada uno mostraba sus aptitudes. Incluso bajamos al patio para comprobar la destreza de los ocho futbolistas que tenía sentados en el banquillo de clase. Mi niña morena, en su momento, nos dijo que lo que más le gustaba era cantar y bailar flamenco y nos demostró a todos el cascabel de su arte.
Después de aquellas clases magistrales no volví a verla sóla .
Así empezaron a conocerse unos a otros mucho mejor, por que, cuando no existen las debidas presentaciones, los adultos tenemos la obligación de unír manos, romper vacíos, fomentar la amistad, motivar... El mundo es tan diverso que no tendremos lugar jamás de conocerlo todo, pero, el no por el no, nunca será maestro de nada, no hará sino alargar distancias. La vida marcará después las diferencias personales que cada uno haya de labrarse así mismo, pero la escuela está para enseñar además de (...), amistad, igualdad y respeto.
La diversidad debe ser nexo de aprendizaje, no punto de inflexión.

Fin.

sábado, 11 de mayo de 2013

Sobre todas las cosas.

Sobre todas las cosas, qué importa,
si no la blanca mirada del niño que a la vida se asoma.
Sobre todas las cosas, qué deja caricia
más noble en la boca, que un beso entregado del alma.
 
Sobre todas las cosas.
 
Sobre todas las cosas, la fuente que brota,
el latido del mar,
la blanca paloma,
y el olivo que espera sin desesperar.
El olor de una cuna,
el calor de un hogar
y la inmensa fortuna
del amar por amar.
 
Sobre todas las cosas, esas son de verdad...
sobre todas las cosas, esas quiero  mirar.
 
 
 

viernes, 10 de mayo de 2013

Dulcemente amargo.

La vida...¿está conmigo?
¿o acaso está en contra de mí?
ella lo ha puesto en mi camino,
me ha hecho saber de su existír.
Siento mi piel a veces fría,
otras en cambio parece arder,
cuando él me cubre con sus caricias
que luego arranca como papel.
¿Tiene sentido así quererlo?
¡amor de dulce!, amor de hiel,
a veces me hace tocar el cielo...
y me destierra del aquel Edén.
La vida a veces está conmigo,
son esas veces, que estoy con él.
 
 
 


miércoles, 8 de mayo de 2013

La dependienta pesada.

Entró Eulalio, un señor,
en una papelería,
necesitado de un bloc
precisamente aquel día.
Le pide, cortésmente,
un cuaderno a la dependienta
y ella muy diligente,
de momento, así contesta:
¿Lo quiere tamaño folio,
o lo prefiere cuartilla?,
Me da igual, dice Eulalio,
con hojas donde se escriba.
¿Lo quiere con margen al lado,
sin margen, o de dos rayas?
¿lo quiere milimetrado,
o líneas cuadriculadas?.
El hombre empieza a tomar
un rojo color de cara...
Señorita, me da igual,
cualquiera de ellos me basta.
Pero, ¿lo quiere con tapas
de cartón duro o normales?
¿lisas y coloreadas,
o de motivos florales?
¿Le gustaría apaisado
o pequeño, de tipo agenda?
tenemos unos muy majos
que están ahora de oferta.
En esto que viene a entrar
otro señor a la tienda,
bajo el brazo ¿qué iría a llevar,
que escorado allí se adentra?
Señorita, hoy ya vengo
con la última de las muestras;
ayer le enseñé el trasero,
hoy le traigo p´a que entienda
mire...mi váter entero...
quie-ro só-lo un ge-né-ri-co,
quiero eso, sólo quiero...
¡rollo de papel higiénico!.
 
 


martes, 7 de mayo de 2013

Dedicado a mis compañeros de Monosílabo.



No están todos los que son, pero son todos los que están.

El hijo que nunca tuve.

A través del visillo, sentada en una silla, veo el ir y venir de la gente que pasa por la calle. Me gusta escuchar el sonido de sus zapatos, eso me lleva a recordar mis tiempos de juventud, cuando también pisaba firme el suelo con aquellos zapatos de medio tacón reservados para los domingos.
Recuerdo que las amigas, una a una, pasábamos a buscarnos a casa. Carmela era la más rápida, era una polvorilla, la de las ocurrencias, siempre la tenía pensada, lo mismo estaba para un roto que para un descosido. Ella llegaba a mi casa sobre las diez de la mañana todos los domingos. De allí salíamos las dos, cogidas del brazo, en busca de Amelia.

Amelia era calladita, tímida, tenía un alma asustadiza; de pequeña le tocó vivir los últimos coletazos de la guerra y temía al sonido de los aviones. Tenía cinco años más que nosotras y aquel lustro marcó , posiblemente, la diferencia de carácter.
El orden de reunión no era por preferencias entre nosotras, era simplemente por ubicación física.; vivíamos en la misma calle, en orden descendiente y así nos íbamos recogiendo una a otra, lo mismo que la entrega de un cartero.
Bajábamos entonces a la plaza del pueblo, el punto de ebullición de los domingos. Los niños vestidos de marinero y las niñas de muñeca, tras salír de misa con sus padres, jugaban con las peonzas y las canicas, alguno que otro hasta llevaba triciclo y ellas, en corrillo, apostaban sus cromos.
Nosotras nos acomodábamos en un banco al solecito, mirando el pasar de la gente, dándole de comer a las palomas y haciendo planes para nuestros sueños futuros.

Es hora de mi medicación, acabo de escuchar a Gabriel que pregunta por mí.

Entre aquella mañana de domingo que tengo en la memoria y la partida de Amelia, no sé realmente el tiempo que pasó, son las lagunas que van quedando después de tantos soles vistos, pero se casó con un médico y marcharon a vivír a Italia. Mantuvimos el contacto por carta durante años, pero un día, sin cómo ni por qué, dejamos de escribirnos.
Carmela montó una tienda de ultramarinos y tuvo seis hijos, cuatro varones y dos mujeres. Enviudó a los setenta años y hoy vive con una de sus hijas.; está felíz aunque ya, su cuerpo y su mente ,pocas veces están en comunión.
Y yo vivo en un lugar plácido. También conocí el amor, un francés llegado a puerto que conocí en la tienda de ultramarinos de Carmela me robó el corazón. Viajé a Francia a conocer a su familia y allí nos instalamos. Dejó el mar y yo mi tierra y con mucho esfuerzo e ilusión montamos nuestro propio negocio, una chocolatería. Fué, ciertamente, un dulce oficio en toda regla.
No tuvimos hijos, pero sí nos sentimos padres. Una hermana de mi esposo sufrió un accidente que la dejó postrada en una silla de ruedas y nosotros nos hicimos cargo de sus niños. Vivían con sus padres, pero todas la mañanas los acompañaba al colegio, los iba a buscar más tarde, los cuidaba cuando estaban enfermos. Mi cuñada se deshacía en agradecimiento, pero siempre le dijimos que el favor nos lo hacían ellos a nosotros aunque nos hubiese gustado verla caminar nuevamente.
Y así pasaron los años, los niños fueron creciendo hasta alzar el vuelo y mi esposo cerró el libro de su vida una mañana de primavera.
Sentí entonces la necesidad de volver a mi plaza, a mi banco de las palomas..., regresé.
Ahora, tras el visillo, disfruto del sonido de los transeúntes, del ir y venír sin prisa de los días, de los eternos niños del parque y de Gabriel, el enfermero que está pendiente de mi medicación, de que no me falte el apoyo de su brazo para caminar sobre mi mediano tacón cuando me acompaña a buscar rayos de sol.
Él, ahora, es el hijo que nunca tuve.


domingo, 5 de mayo de 2013

Qué es eterno en los siglos...

¿Qué es eterno en los siglos, qué es fulgor de miradas,
qué es un roce en el alma, qué es un trino en la voz?
¿Qué es la noche estrellada, qué una casa encendida,
qué una dulce morada, qué un capricho de Dios?
¿Qué es un reino de reyes, qué un cachorro en las manos,
qué en la tierra es la Gloria, si no es el amor?.
 

 




martes, 30 de abril de 2013

Una tarde en el parque.

Ella tenía el cabello
como sol rojo, ondulado,
que caía por toda su espalda
en rizos desordenados;
los ojos, de un verde claro,
llenos de agua de luna,
 un bosque donde perderse
sin miedo, sin prisa alguna;
y él, hombre-muchacho,
rodeaba con ternura
el círculo prodigioso
de aquella fina cintura.
Así los veía yo
aquella tarde en el parque,
y también todos los cisnes
románticos del estanque.
Y de repente dos besos
se dieron en las mejillas,
y un brillo se dilató
dentro de sus pupilas.
Mirando atrás en el tiempo
mucho tiempo, tiempo atrás,
recordaba el primer beso
que a mí me fueron a dar.
Qué lejana sensación
la de aquel beso escondido
no más salir del cascarón,
apenas éramos niños.
-Que no se pierda el amor,
que es muy grande Majestad,
es...como los campos en flor,
es...como una nube de gas
que no pesa pero abriga,
clave de eternidad-
Años después de esa tarde,
la muchacha de ojos nobles,
la de cabellos salvajes,
y el muchacho ya hecho hombre,
volvieron de nuevo al parque,
con un niño entre los brazos
vestido de marinero,
y dos almirantes blancos
se le asomaban presos
por su anillito de labios
No digan que no es hermoso
el resultado de amar,
aquel bebé tan precioso
o la sensación de flotar
en los brazos amorosos
de una nube de gas.

 
 

 
 
 


Inseparables.

Separé la espiga del grano,
del agua, separé la sal,
la margarita del tallo,
la dulce miel, del panal.
De la manzana, separé la piel,
los gajos, de la naranja,
del árbol separé el café
y la arena, de la grava.
Pero no puedo separar,
de mi corazón con alas,
un amor, que tanto vida me da,
como herida me tiene el alma.
 


lunes, 29 de abril de 2013

En un bucle de amor.

 
¿Por qué abriría mi corazón
de par en par sin custodia?,
¿Por qué este arrabal de pasión,
por qué esta batalla sin gloria?.
 
Dos palabras me llevaron
a la vera de su puerta,
y él me abrió aquel candado
diciéndome, pasa, entra.
 
Me acomodé así en su alma,
él se recostó en la mía
y el calor de las palabras
en nuestros pechos ardían.
 
No hubo roces de piel,
fue el respeto delante,
ni deuda, tasa, arancel,
era amor, la voz cantante.
 
Ternura, paz infinita,
así eran nuestras miradas,
sí, amor, la más sencilla,
la más hermosa palabra.
 
Pero un paso lleva a otro paso,
y otro paso a un paso más,
y el amor quedó agotado,
aún bebé, para caminar.
 
Luché para no quererlo
y queriéndolo luché más,
para olvidarlo lo sigo haciendo
y de nada sirve, lo quiero igual.
 


domingo, 28 de abril de 2013

En honor a una amistad.

Te escribo este poema,
sin sueños, sin fantasía,
y en él, quiero que comprendas
que te nombro en poesía.
Condescendiente amigo,
mano que es compañera
levantando un vaso de vino
en copa fina o de greda.
Tu palabra es honda y sincera,
es conversación, compañía,
si es que hablamos de penas,
lo mismo que de alegrías.
En tu hombro de rosa,
-no puede ser de otra hechura,
viendo las mariposas
cabalgando en su montura-
llevas el don del trabajo,
la espuela de algún mal recuerdo,
que se habrá ido ya, río abajo,
perdiéndose en mar abierto.
Y en los dedos, la elegancia,
de la palabra que aflora
con tu personal fragancia
y sonidos de caracolas.
Habrás de perdonar, amigo,
si ves fantasía alguna,
será solamente en letra,
no en el respeto y cariño
a los que obedece mi pluma.
 



jueves, 25 de abril de 2013

Amor y condena..

Si es pecado quererte,
condena tengo segura,
porque mi amor es tan fuerte
como raíz honda y profunda.
Florece sin que lo sepas,
sin que lo sepas, madura,
aferrándose por dentro
como sarmientos de Luna.
Ahora es como una cepa,
mañana, a bien, será uva
y cuando torne en buen vino,
me acercaré hasta tu boca,
para embriagarte de un fino
mosto que en beso aflora.
¡Ah!, que soñar cuesta poco,
¡condena es de ésta loca!
que cuando tu mano rozo,
¡toca a la mía una sombra!
Amor y condena es uno,
para quien cuenta la historia,
de quien sin reino ninguno,
pretende llevar corona.


 

 
 
 


martes, 9 de abril de 2013

Génesis. (microrelato).

En un universo oscuro y tibio dos partículas se han fusionado. Mutan día a día cambiando su forma indefinida; el silencio interior se rompe en una veloz y constante sintonía pautada en ciento cuarenta pulsaciones por minuto, sin embargo, nadie lo escucha.
Pero en un determinado momento, ese universo se estremece derramando un océano entre sus caderas.
Ha sido niño.

domingo, 7 de abril de 2013

Simplemente Amor.



Cómo hablaros de amor
sin concebír llanto alguno,
consejo me pedís vos,
y yo, amiga, lo juro,
no ha de haber llanto ninguno,
lo omitiré de mi voz.
El amor es un fondo blanco,
vuestro corazón un pincel
y  el color saldrá de las manos,
cuando os acerquéis a él.
Y dibujaréis paisajes,
para los dos recorrer,
cabalgatas de estrellas,
nubes bajo los pies.
Mariposas, las más bellas,
en vuestra piel sentiréis
cuando, él, de vos, ande cerca,
cuando cercana seáis vos a él.
Y el tiempo, no será tiempo,
el reloj se detendrá
en las manecillas de un beso,
en los labios de un manantial
y, como sacada de un cuento,
una luciérnaga extraña
sobre los dos rondará.
Es la entrega más bella,
por eso, se llama Amor,
voz extendida en la tierra,
 la llamada del corazón.
 
 
 
 


martes, 2 de abril de 2013

¡Me voy de crucero!

 
Me voy de crucero,
no lo pienso más
que la del primero,
esa, ¡se ha ido ya!.
No llevo maletas
pues me estorbarán,
con cuatro tarjetas
ya voy muy "sobrá".
Me recojo el pelo,
pongo el bañador,
las gafas de espejo
y el bronceador
y...
Cruzo el salón,
cruzo la cocina,
cruzo el comedor,
cruzo por delante
del ventilador;
cruzo las rodillas,
si me siento al sol,
¡hay que maravilla,
si tengo balcón!.
Cruzo del pasillo
a la habitación,...
me está mareando
esta situación,
el próximo viaje
no lo haré cruzando
y con equipaje
me iré en el avión.
 
 
 
 
 
 


lunes, 1 de abril de 2013

Los pillé hablando.

_ ¿Te das cuenta, compañero, de todo lo que hemos andado juntos en esta vida?. Hemos recorrido tantas calles, subido y bajado por tantos caminos  juntos, con la misma prisa o la misma calma, pero siempre al compás.
_ ¿Te acuerdas de todos los bailes que hemos disfrutado?.
_ ¡Claro, cómo olvidarlo...!
_ Y aquel susto que nos dió la maldita tapa del alcantarilla, que a punto estuvo de estragularte, ¿recuerdas?.
_ Te confieso que sabiendo que ella siempre ha tenido una ligera inclinación contigo, no te tengo celos, para mí siempre serás la pareja perfecta.

Confesiones íntimas de un par de zapatos.

sábado, 30 de marzo de 2013

Pongamos que ya no te quiero.



Pongamos que ya no te quiero,
pongamos que ya te he olvidado,
y tú ya no necesitas
tenerme junto a tu lado.
Entonces ¿será el mar tan azul
como tu me lo has mostrado?
¿y las palomas blancas?
¿continuaran zureando
debajo de nuestra ventana,
si ya no nos ven besarnos?
Y este nido de gorriones,
mis dedos entre tus manos,
¿ya no emprenderán el vuelo
de tus labios a mis labios?
Pongamos que ya no te quiero,...
pero sabes bien... que te amo.
 


viernes, 29 de marzo de 2013

El tiempo y yo.

Podrá una nube gris, alborotada,
oscurecer la claridad amanecida
y agitar el frío viento impetuoso
la flor, que en su capullo está dormida.
 
Podrá la vasta sombra del olvido
gravemente, borrar cualquier imagen
y hacer mella en mis recuerdos consiguiendo
que mi vida, tal vez, sea un pasaje.
 
Pero no conseguirá jamás el tiempo,
arrancarme ni un segundo lo vivido,
aunque quieran arañarme los recuerdos,
intacto quedará en mí lo sentido.
 
 
 
 
 
 


lunes, 25 de marzo de 2013

Crónica del lunes.

Y regresé, por el mismo camino que me fuí.
Ha sido una jornada laboral ajetreada en todos los sentidos. Primero por la carga de trabajo que había, bajo amenaza verbal de que no saldría nadie a su hora si no estaba todo colocado.¡ Qué maravillosa manera de dar los buenos días!, ¿a que sí?...pero yo he desayunado bien, hoy.
A lo largo de la mañana hemos tenido visitantes de guante blanco, pillados in fraganti por el ojo que todo lo ve, las cámaras de vigilancia. Nada, dos chicas y un chico que traían de turismo la mano larga y el bolso grande, aunque a falta de bolso, pero no de mano, siempre les queda un hueco debajo de la camiseta, en el calcetín, o  hacen sitio delante del ombligo, que imaginación no les falta.
Pero no contaron con la astucia del segurata. El caso es que los han metido a los tres en el confesionario, habitación que hace las veces de nuestro cuarto de descanso, y desde allí intuía, por las voces, lo que se estaba cocinando. El guardia ha sido abofeteado por el chico, las dos muchachas gritaban y gritaban, creo que hasta se sentían ofendidas...hasta que han llegado los municipales.
Primero dos, pero han pedido refuerzos ... otros dos. Total que al final se los han llevado, pero...
no es robo, es hurto, así que ¡a la calle!.
Más tarde, una tierna abuelilla se ha dejado el bolso de mano, después de hacer su no pequeña compra, encima de una repisa y un amable caballero que lo ha visto me lo ha entregado. El bolso ha sido custodiado en el confesionario, no hacía más de diez minutos que la lady inglesa había salido de la tienda, por lo que debería estar en el parking guardando la compra. Efectivamente, al poco llega la mujer azorada, cardíaca perdida por el susto y cariñosamente le digo que se tranquilice, que su bolso está aquí. El guardia de seguridad ya se había marchado a comer y una compañera le hace la entrega de su pertenencia, pero, mi compañera que no se fía ni de su sombra, miró dentro del bolso. Ah!, llevaba, enrrollado en un pañuelo de seda, un bote de laca de la marca de las famosas y dos tabletas de chocolate...hay cosas que no comprendo puesto que no he visto la imperiosa necesidad del hurto en ninguno de los dos casos, Claro que, esas cosas no hay que entenderlas, visto el panorama a gran escala. ¿Será el ansia?.

Lunes!

Lunes, 25 de marzo, hoy he desayunado un tazón de optimismo. Estaba bueno, sí, no me explico como teniéndolo a mano no hago uso de él más a menudo.
Nada más subír la persiana del balcón, ya escucho a los pajarillos del parque trinar y el sol, de momento, ya roza las copas de los árboles. Hace más verde cada hoja que toca, las despierta y las viste , tiene buen gusto. Las gaviotas vienen y van, hacen nido en las salinas que, por situarlas desde donde estoy, están a mi espalda, así que las veo ir y venír del mar a tierra, supongo que también estan en proceso de su desayuno. Debajo del balcón hay un naranjo, dicen que es de naranajas amargas, no lo sé porque nunca las he probado, pero huele dulce,.está cuajadito de azahar, de lejos lo ves y parece que está lleno de palomitas de maíz.
Como el sol no se está quieto, (no noto que giramos todos al mismo tiempo, en algo estamos de acuerdo, qué bien), ya cae de medio lado sobre la callle. Extraño el silencio para ser lunes, claro, es temprano aún para el colegio; en cosa de media hora, son las ocho a.m., ya iré escuchando a los niños que llegan con la prisa de sus madres a la parada del bus escolar.
Mientras tanto, hoy me da igual la crisis, los recibos del ayuntamiento, el seguro a punto de vencer del coche y que espera renovación bajo importe de $, mi laúd desafinado que no hallo forma humana de encontrar la nota de cada cuerda,(aún con el afinador que los reyes M. me trajeron), las ocho horas que me esperan encerrada en el local donde trabajo y que de aquí a media hora he de entregarme voluntariamente. Hoy es lunes, empieza un nuevo día, una nueva semana, ha empezado una nueva estación, ¿se puede pedír más?. Te invito a otra taza de optimismo si por casualidad estas leyendo ésto.Azúcar?, añádele toda la que quieras, eso va a gusto tuyo, yo le puse dos cucharadas, tampoco me importa si se queda pegada a la cintura, bah, ya estaré tipo hueso cuando cumpla los cien.
Bueno pues sólo me falta la musiqueta, voy a pensar un poquito aunque ya sé la mejor para hoy.
¡Buen día!.




domingo, 24 de marzo de 2013

Es difícil.

Es diferente mirar la Luna desde mi ángulo,
es muy difícil pensar un verso sin pronunciarte,
es muy difícil contar el tiempo
que yo no paso junto a tu lado...
 
he decidido no usar relojes ni calendarios.
 
 Era más fácil no haber sabido nunca tu nombre,
era más fácil tocar el cielo que acariciarte,
era más fácil no haberte amado
y ahora no hacerlo me cuesta tanto...
 
mas yo se bien que sin mi presencia...
 sales ganando.

 


viernes, 22 de marzo de 2013

Amberes.

 
Sentado en el gastado sillón de cuero, sostenida su vieja reliquia en la mano derecha, Ovidio inhala el robusto tabaco de su pipa. El transistor emite en ese momento una nostálgica canción y esa voz femenina, junto con el humo grisáceo de la calada, lo transportan de nuevo al puerto de Amberes.
 

 Corría el añó de Dios de 1945 cuando desembarcamos de La Morena en un día brumoso. El puerto bullía en una trepidante actividad, mercancías llegadas de inimaginables lugares esperaban a los muchachos que, antes de despuntar el alba, aguardaban un puesto ocasional como porteadores de aquellos bultos desconocidos hacia carruajes en espera de ruta.
Por aquel entonces yo, Ovidio, era un fornido muchacho de diecinueve años, de barba rala y chispeantes ojos morenos que hacían contraste con mi alma marinera. Mi padre me llevaba allende los mares transportando especias, veníamos de las Molucas en un viaje que duró tres meses y en aquel puerto era donde nos esperaba el viejo capitán de los negocios Patrick Vranken.
Patrick aguardaba en su despacho, un habitáculo dentro de un edificio gris rodeado de ojos, las trescientas ventanas que observaban el trasiego de los grandes buques.
Mi padre y él se saludaron afectuosamente, ya eran viejos amigos de negocios y aquel momento fué aprovechado para presentarme, con el vaticinio de que yo sería quién lo supliría algún día en el arte de la navegación. Nos estrechamos las manos, viejas y finas las suyas, áperas y grandes las mías y comenzaron la negociación.
Mientras tanto, el sol luchaba por abrirse paso por entre las nubes bajas que estaban fuera de lugar y lo consiguió, a eso del mediodía. La resonancia de una voz se escuchó, de repente, por encima del sonido sonámbulo del gentío.
Nos asomamos a la ventana para ver qué sucedía y Patrick, sin levantarse del sillón y restando importancia al asunto anunció: -Bah!, ya está la loca ahí otra vez.  La loca, era una joven de no más de veinte años y según nos contó el belga, cada vez que un barco atracaba, se detenía delante de él gritando un nombre.
-Dicen que busca a su padre, vete tú a saber quién tiene ganas de hija en un lugar así.
Bueno, tal vez la muchacha confía en que algún día aparecerá- fué mi respuesta.
-¡Ay grumete! añadió Vranken, ni te imaginas la de cosas que se dejan olvidadas en los puertos...-así concluyó la anécdota.
La mañana continuó su ritmo y  llegados a  buen acuerdo, mi capitán y mercante, optaron por cerrar el trato delante de un buen estofado acompañado alegremente por unas cervezas de Koninck. No participé en la clausura gastronómica, opté por visitar los aledaños de la ciudad. Me sumergí en sus estrechas y diamantinas calles, una de la cuales desembocó en una gran avenida rodeada de edificios triangulares. Aquello era Amberes, la ciudad abierta a todos los continentes.
Sentada en un portal reconocí a la joven del muelle, crucé por su lado sin detener el paso, ¿a qué había lugar?, pero, retrocedí; la muchacha descansaba su cabeza sobre las rodillas y sus propios brazos intentaban reconfortarla en un abrazo.
-¿ Te encuentras bien?, acerté a decirle.
-¿A quién le importa eso?, me dijo levantando vagamente la mirada.
Me aproximé  a su lado para decirle que me parecía arriesgada su actuación, de la cual fuí testigo esa mañana en el puerto y que cualquier desaprensivo podía aprovecharse de ella con alguna artimaña.
-Mi hermano volverá un día, sé que lo hará- . Me acomodé a su lado, quise saber más de aquel muchacho, tal vez su nombre me sonara y pudiera darle aguna pista de su paradero.
-Hace tres años embarcó en un bajel con bandera alemana. Mi madre aún vivía y él quería recorrer mundo, conocer la mar desde dentro, volar sobre las olas, como él decía...y durante un año y medio nos enviaba cartas desde muchos lugares del mundo, postales maravillosas que guardo en un álbum, la última desde España. No sé nada más desde entonces, nadie me dice nada y es lo único que tengo.
Vivo con mis tías, hermanas de mi madre, pero nadie sabe la pena que me oprime el pecho, mi hermano mayor era mi hijo pequeño.
De ahí a la mañana en que zarpamos en La Morena , con la muchacha, hacia Barcelona, queda omitido, sobre todo por la cantidad de trámites burocráticos ,resalto en cambio a mi padre, Jaime I, "El Capitán Generoso". 
Llegados a nuevo puerto comenzó la aventura terrestre de encontrar a Alain. Dejó pistas de su paradero en comisaría. Con fecha 12 de diciembre de 1944, una denuncia por robo de pasaporte, lo que menos le interesaría al ladrón de la catera, fué constancia del paso del hermano de Natali en suelo español. Supimos por un número de teléfono que dejó como referencia, de un amigo suyo, que estuvo en astilleros del Ferrol trabajando de calafate. Indagamos nuevamente sobre su pista y, nuevamente perdimos su rastro.
Mientras tanto, Natali se instaló en nuestra casa para compaña y alegría de mamá. Mi padre, yo y La Morena continuamos navegando y Alain, quedó entre paréntesis.
Natali estudió enfermería y ofreció sus servicios en el nuevo hospital de La Santa Creu y, en un día brumoso, de nubes alicaídas, un paciente ingresó en urgencias. Se trataba de un bebé de dos meses al que acompaban unos padres temblorosos, el pequeño ardía en fiebre y corría peligro de deshidratación. Fué atendido en maternidad por un excelente doctor y a su cuido y vigilancia le asignaron una enfermera, Natali. Estuvo entre la vida y la muerte, pero la moneda de la vida cayó de cara y aquel chiquitín era tan fuerte como un diamante. Era el hijo de Alain, el eslabón que cerraba el círculo, fué...la casualidad, fué...el destino, fué...llamésmole como queramos, pero existe.
El sobrino de Natali llenó el paréntesis que antes ocupaban los puntos suspensivos.
 
Para mayor gozo de mi vida, mi abordaje en tierra de Amberes es la muestra viva de la buena fama que tienen de pulidores de diamantes, me llevé el mejor, ¡ella!, la aurora boreal de todos mis días.
-Ovidio, vamos, que la comida se está enfriando.
 
Sacude la pipa apagada y apaga el transistor, la bruma se ha disipado.
 
 



                                                           
 
 
 

Mas allá de la moda.

Junto a la casa consistorial se sitúa el bar de Joaquin, es un pequeño local que no ha sido reformado nunca, conserva la esencia y la sencillez de su inauguración. Los taburetes de aluminio, forrado su asiento con skay azul, ha dado muy buen resultado a lo largo del tiempo. Tras la barra metálica, vestida de azulejos hasta el suelo, un enorme espejo anunciando la marca de una conocida cerveza da profundidad al local.  La pizarra con las tapas del día, las fotografías de los equipos de fútbol y la de un honorable cliente que tuvo a bien regalársela con una dedicatoria y firmada, decoran las paredes.
Un canario recogidito dentro de la jaula que cuelga al lado de la ventana es la banda sonora que ambienta al Café de Oriente. En el techo, un ventilador de grandes aspas, gris, y unos tubos fluorescentes algo amarillentos por el paso de los años, terminan de configurar su personalidad.
Enfrente, cuatro mesas con sus respectivas cuatro sillas esperan el aperitivo o la partida de dominó.
Ramón, Paquito, Eugenio y Manolo son los afiliados de la mesa más próxima al rincón. Un taburete corto, por cada dos amigos, hace las veces de mesilla para los carajillos y el cenicero; la mesa central es el escenario del juego. Allí, removiendo fichas, dan paso al azar.
Manolo delimita su espacio privado con una infranqueable barrera de siete ladrillos vestidos de esmoquin frente a los ojos de  Ramón. Ramón ordena de mayor a menor sus fichas, Paquito apenas las levanta para echar un vistazo las vuelve a poner boca abajo, tiene una excelente memoria. Y Eugenio es el de los golpecitos, cuando le toca poner, ¡tiembla la tierra!.
Así, tres días a la semana, Manolo de setenta y cuatro años, jubilado; Paquito de treinta y nueve, bombero,Eugenio de cincuenta y dos, albañil y Ramón de sesenta, contable, gane quien gane, mantienen la amistad, la tradición y abierto el bar de Joaquin y Teresa. Dicen que el Café Oriente está pasado de moda, ¿ y lo que dentro se juega?.