Había una vez
una noche oscura,
vino una mamá
y encendió la luna.
Había una vez
un árbol muy solo
y a su alrededor
brotaron mil hongos.
Había una vez
un perro y un gato
y viniste tú
a darles tu abrazo.
Nunca estamos solos,
siempre hay quien nos cuida
bien desde la tierra
o desde allá arriba.
No hacen falta intrincadas palabras para crear belleza porque la belleza reside en la palabra en sí. Tú poema, además de bello, dice mucho. Me encantó, María José.
ResponderEliminarUn abrazo