Una señora, en un día,
va al salón de belleza
buscando paz y armonía
en cuerpo, rostro y cabeza.
Quiero un lifting que me quite
diez años de encima,
que mi busto resucite
y mi cara no de grima.
Las uñas las quiero de reina
me gustan de porcelana
y este cabello que peina,
que sea de seda, no lana.
Quiero los ojos de gata,
pómulos sobresalientes,
apetecible boca de nata
dónde se luzcan mis dientes.
Me arregla otro tanto el mentón
y las patitas de gallo,
quiero tacto de melocotón
en pierna, cadera y brazo


Me pide usted mucho, señora,
y aquí, no hacemos milagros;
siéntese y se me acomoda
y así, relajaditas, hablamos.
Mejor le doy un consejo
para tanta petición
porque ni veo de lejos
que haya mejor solución.
No hay crema fabricada,
ni veneno de serpiente,
ni de un caracol, la baba,
ni hidratante ni emoliente
que lleve regreso al pasado.
Así que, sea usted futurista
y sin dolor, ni cirujano,
cause impresión mentalista:
Si le preguntan la edad
póngase encima diez años
¿y sabe qué le dirán?
¡¡ qué joven te has conservado!!