jueves, 23 de julio de 2015

Los cabos del tiempo


El destino no cambia sus planes, cambian los nuestros, estoy convencida de ello. Él tiene la virtud de la paciencia, porque no está sujeto a tiempo ni lugar como lo estamos las personas, él dice cuando y dónde, esa es su forma de actuar.

Para contar esta historia he de remontarme a muchos años atrás, cuando era una niña inquieta que cabalgaba en su imaginación en un caballo blanco. Cuando recolectaba piedras y las metía en una caja de zapatos con la esperanza de que se reprodujeran, lo mismo que si fueran perros o gatos. En esa edad no se distingue la fantasía de la realidad, la mente es un valle fértil, virgen, es por eso que hay que protegerla como el mayor de los tesoros. Luego, el espacio que precisa ir cumpliendo los años, ordena en los estantes de la mente cada cosa en su lugar. Desde esos primeros años hasta el final de los días han de pasar muchas cosas hasta que todo quede por siempre colocado.

Desde pequeña ya era un tanto mistica, no por influencia del ámbito que me rodeaba, porque aunque había signos de fe cristiana en mi casa, sobre todo dentro de la cajita que mi bisabuela guardaba repleta de estampas de virgenes y santos, de cielos, no era de obligado cumplimiento ir a misa los domingos, mucho menos entre semana como tantas vecinas tenían costumbre. Pero de alguna manera influyó en mí aquella bondad de las oraciones aprendidas a base de escuchar las benevolentes bendiciones del ángel de la guarda.

Di cristiana sepultura a un gorrioncillo que murió en mis manos, la primera reacción ante aquel cuerpo ya sin vida fue miedo, aprensión y lástima, era la primera vez que veía un cadáver y aún peor, lo tenía entre mis manos, así que lo metí dentro de una cajita de jabón, envuelto en un pañito azul para que estuviera cómodo en su eterno descanso y lo enterré en un solar, encima de su sepultura coloqué unas hierbas que encontré alli mismo. Pasados los años me fui dando cuenta de que ser demasiado recta en una fe, sea cualesquiera que sea, coartaba demasiado la espontaneidad del mismo alma. Solo había dos caminos, lo bueno o lo malo, no habían opciones intermedias y eso me traía infinidad de dudas e inseguridades. Aparte del blanco o el negro hay grises, y todos, todos los colores se despliegan en gamas, ninguno es malo, ¿por qué la mente nos enjuicia?

Aquello lo descubrí en una temporada que pasé junto a mi tía muy lejos de aquí, donde había mar. Allí la gente, quizá por cuestion de vivir frente a un horizonte abierto que se mueve constantemente, no como ésta tierra que corta la mirada más allá de las montañas que hacen de frontera, es abierta, dicharachera como el Siroco. Alli, sin ser fiesta, se respiraba ambiente festivo. Cuando los barcos venian de pescar todo el pueblo iba a recibirlos, eran pequeñas embarcaciones un tanto rudas, pero gobernadas por hombres fuertes que ni temían al implacable sol del mediodía ni a las tormentas que los pillaban desprevenidos, ese era el pago que se sabía obligado a cambio de aquellos frutos.

Allí conoci a Fernando, contábamos ambos dos con la difícil edad de dieciseis años. Dieciseis años frente al mar son complicados en tanto que la luna es doble, es ella y es su reflejo sobre las olas, es ella y el calor húmedo que emana, es ella y su influjo que hace florecer la noche. Su padre cuidaba el velero de un hombre de negocios que aparecía por allí dos veces al año, una, en primavera, con su señora, otra, en verano, con su señora, pero no se parecían en nada una a la otra.

Algo tenía que tener ese velero, lo descubrimos una noche que, como piratas sonámbulos, nos dirigimos a la nave asaltándola por uno de sus costados. Sobre las saladas aguas probamos las dulzuras del amor, sobre el alcázar, bajo las velas. Sucedió después que la siguiente luna llena no menstrué, yo no tenía sintomas de nada, y no hice caso alguno de aquella señal, de que aquello era una señal, Fernando sí que lo notó, me decía que me notaba extraña, que era la primera vez que pasábamos junto al jazminero que colgaba a través de un bajo muro y no olía sus flores, no me había percatado de aquello pero era cierto, también, que cuando nos recostábamos en la playa mirando las estrellas ya no hablaba tanto como antes, en cambio, me dormía. Algo estaba pasando en mi, evidentemente aquello me puso bajo sospecha, me informé adecuadamente y le confirmé mi estado, Pero unos días antes de comunicarle a su madre y a mi tía el paradigma que se nos venía encima, se me deshizo el niño , solito, la misma magia que lo trajo se lo llevó y lo lloré como a aquel gorrión. En  nosotros mismos también actuó, puesto que poco a poco fuimos distanciándonos, sin notarlo apenas, hasta que llegó el momento en que jamás volví a pensar en Fernando. Quedó clausurado en un rincón de mi memoria.

Cuando regresé de nuevo a casa las montañas me parecían más grandes, habían crecido, a ver si después de todo iba a ser verdad aquella fantasía de pequeña, de que las piedras, sino reproducirse, crecían. Era simplemente cuestión de óptica, la mirada se me había acostumbrado a la llanura del mar. Mi madre me notó cambiada, más madura, dijo, tu tía te ha moldeado parece ser, pero no había sido mi tía, había sido el camino que el destino me puso delante para caminarlo. No le dije nada de aquello, quedó en un secreto de tres, porque el niño, si no yo a él, me conoció.

Me matriculé en una escuela de pintura que abrieron en el pueblo. Aquella idea del arte de los colores me llamó la atención y curiosamente sólo dibuja cielos y ángeles. Un día hubo una exposición de nuestros trabajos y un marchante que acudió a verla se interesó por uno de mis cuadros. Me ofreció la posibilidad de ir a una escuela de bellas artes para perfeccionar mi estilo, decía que tenía potencial, y como a veces te tienen que decir los demás lo que tienes porque tu no te das cuenta por tenerlo, me fui con él. Ya había cumplido los veintiuno así que era mayor de edad y responsable en mi toma de decisiones. Mi madre lo aceptó de buen grado, cosa que le agradeceré siempre.

Ya sabía de colores, del amor, de perder antes de tener, de valerme por mi misma, ya que nunca consentí que me mantuvieran como tenia previsto hacerlo aquel marchante, al que muy pronto le vi de cerca la marcha de sus propósitos y le di giro. Nunca ingresé en la famosa escuela de artes, pero ya que estaba en aquella ciudad, allí permanecería por un tiempo. Trabajé en una frutería, puesta de delantal blanco y una molesta cofia que nada me favorecía, pero que a la dueña le encantaba. Por las tardes, cuando cerrábamos el negocio, a eso de las siete y media, después de pasar por casa, bañarme y cambiarme de ropa, me bajaba a orillas del río que atravesaba zigzagueando la ciudad.

Por lo visto mi piel seguía oliendo a frutas, eso me dijo el joven que un día se sentó junto a mi en el desnivel verdoso que bajaba hasta la misma ribera . No hablamos demasiado en nuestro primer encuentro, pero poco a poco, a fuerza de saludarnos un día y otro, nos sentamos juntos lejos del río, tomando un cremoso café y creando una distendida conversación , ambas cosas nos fueron reconfortantes. Alli nos hablamos el uno del otro y con la misma intensidad de aquel humo del café dejamos suspendido en el aire una nube de complicidad que después derivaría en amor. Los años posteriores a aquel encuentro fueron de leyenda, nos acoplamos el uno al otro como el ritmo al tempo, como el agua a la vasija, así, nos hicimos complemento  uno del otro.

Pero el destino nunca olvida su hoja de ruta, nos deja hacer, pero es él quien dirige desde la sombra. En un viaje que hicimos a un país tropical, la primera y última vez que saldría fuera de territorio español, sufrimos un accidente. Rodeábamos una montaña subidos en un autocar con la intención de llegar a un paraje natural digno de contemplación. No estaba muy lejos del lugar en el que nos instalamos, pero las carretras, más bien los caminos, eran casi intransitables. Confiamos, como todos los demás pasajeros, en la pericia del conductor acostumbrado a hacer aquella ruta incluso con los ojos cerrados, eso nos dijo para tranquilizar a todo el grupo. En una de quellas curvas, cuya parte delantera del autobus parecía quedar suspendida en el vacio, derrapamos. La carretera estaba llena de barro debido a que el ambiente en aquel lugar siempre era húmedo y quizás, el exceso de confianza hizo que fuera a más velocidad de la justa para esa maniobra y caímos dando vueltas de campana por aquel precicipio casi vertical. Yo no me maté de milagro, pero de los veinte viajeros que lo ocupábamos ocho perecieron, entre ellos mi hombre.

Estuve más de un mes ingresada en un hospital donde recompusieron mis huesos. Él fue repatriado, hizo su último viaje sólo,  yo lo hice tres meses después, y al final, lejos de la consternación, pude llorarlo como a aquel gorrión.

La vida continuó inapetente, trémula, deshojada, ya no pintaba ni ángeles ni cielos, ni olia a frutas, ya no sabía donde tenia que estar pues en ningun lugar me encontraba.

Pero alguien, por lo visto, me había seguido la pista sin inmiscuirse en mi vida ya que nunca tuve ni signo ni seña de ello, era Fernando, aquel pirata amigo, aquel muchacho de cabellos rizados y ojos negros con el que un día participé en la osadía de poner a temblar nuestros cuerpos. Ahora había surgido de la nada para llevarse esta tristeza a la que estaba sometida. Dice que siempre hemos sido dos cabos sueltos cuyo final era quedar atados uno a otro, pero antes de eso han cabido otras posiibilidades como la de amarrar mucho, y querido, y lo hemos hecho, pero que ahora, esos dos cabos, se unirán entre sí para agarrar con fuerza el ancla de respeto que fondeará nuestra nave con su alcázar. Y es verdad, creo firmemente que el tiempo ha unido éstos dos cabos sueltos.


Relato imaginario.

domingo, 19 de julio de 2015

Beso fugaz



Ayer pensé en los besos, como siempre,
fue en el momento en que una estrella se caía,
atravesó de Norte a Sur la bóveda celeste
y desapareció sin tocar tierra en su energía.

Y en ese instante de fulgor tan momentáneo
me pude imaginar lo que la estrella sentiría,
pensar que sólo el corazón puede, es erróneo,
porque el amor también precisa cercanía.

Así, como esa estrella, son fugaces,
los besos que te mando cada día,
se desvanecen en el cielo siendo audaces
sin que tú sientas su calor ni su agonía.

jueves, 9 de julio de 2015

A las golondrinas de Bécquer

 

Golondrinas de Bécquer
¿porqué vais vestidas de negro?
¿porqué sobre cielos azules
lleváis franjas de duelo?
No, golondrinas risueñas,
no, florecillas del viento,
venid para hacer en las tejas
nidos de amor cual espejo.
Para tomaros de ejemplo,
por levantar las miradas
y que creamos de nuevo
en las nuevas primaveras
más allá de los senderos.
Golondrinas de Bécquer,
¿porqué vais vestidas de negro?
¡si lleváis de grana y verde
el corazón todo envuelto!

lunes, 6 de julio de 2015

Un po-chis*

*Esto no es más que un chiste llevado a la rima, (poema/chiste) había que ponerle un nombre, pues ese mismo. Me contaron éste pues yo no sé lo años y me acordé, así que con unos arreglos y añadiendo algunas cositas así queda:

En la casa de Manolo
también anidó la crisis,
es mucho más que un mal rollo
es como una apocalipsis,
y hasta salir del meollo
se dialogaba en elipsis.

Reunió aquel padre a sus hijos,
eran cinco churumbeles,
la comida, un huevo frito,
-se reparte como puede-
y en fila puso a los chicos
con pan que a cada uno diere.

Iré pasando el platillo
con el coco sustancioso
y mojaréis el barquillo
en este huevo tan meloso
de uno en uno, es bien sencillo,
que yo a la par también mojo.

Dada la Semana Santa
en la fecha del suceso,
el padre que va y se arranca
con un pom pom de repecho,
a cada pom cada niño
mojaba en yema su pan.

Era bastante preciso
aquel ritmo de rotar
pero el padre era algo pillo
con el huevo a su pasar
y, justo en su bigotillo,
un redoble iba a tocar.

Pom pom pom
-en los demás-
Porrompompompom
-en su lugar-

Uno de aquellos chiquillos
no lo pudo remediar
y a su padre, así le dijo:
cuando vayas a pasar
por delante de mi vera
¡para! ¡detente, papá!
¡que hoy yo canto una saeta...!
-bien mojaíta en el pan-




sábado, 4 de julio de 2015

Vuelve marinero.



Un barco vuelve
por la cintura del mar,
se trae recuerdos
de en otros mares bogar.
Abre senderos
el viento, su capitán,
y son las olas
que a puerto invitan a entrar.
El marinero,
la noche y su soledad,
rayo primero
que se descubre en el mar.
De besos mudos
tus labios saben a sal,
vuélvete a tierra,
ven marinero al hogar,
que las estrellas
saben sin ti caminar,
no tu sirena,
que es quien te espera al llegar.





 

 








domingo, 14 de junio de 2015

Sin vuelos

Anidó en mi pecho una paloma
sin saber que allí podía volar.
Estiró sus alas blancas, plumas romas,
impulsó al aire su vuelo, sin lugar:
las paredes tan estrechas de ese espacio
en el que la vida toma asiento hasta el final,
no le dan permiso de agitarlas aún despacio.

Vuela palomita a otro lugar....

Que mis brazos nunca nunca serán alas,
que mi pecho nunca un palomar,
pero, déjame volar contigo en esas horas
¡quiero ser paloma y en tu pecho yo anidar!






viernes, 12 de junio de 2015

Pelea gramatical

Eres demasiado aguda en tu verbo y ya me tienes hasta la coma.
-Eso que estás diciendo es un antónimo, pero es natural en ti...., eres tan llana...
¿Llana yo? Anda, cállate, esdrújula.
-Y tú sobreesdrújula, aunque se entiende que viniendo de ti es propio después de haber tenido un pasado imperfecto.
-Tu futuro si que es imperfecto, dados tus complementos circunstanciales...
Eres tildosa a más no poder.
-Habló la pluscuamperfecta.
Sí, y a más decir imperativa, ¿pasa algo?
-Pasa que eres una onomatopeya, una coma de más, pero sepas que para mí, desde éste momento, no eres más que puntos suspensivos.
Qué malos adverbios tienes, ¡sujeto pasivo!, ¡sintagma copulativo!
-Bueno...habló el sintagma subordinado, quien nunca ha salido de entre paréntesis...
Prefiero estar entre paréntesis que entre comillas.

El tono de voz se va elevando tanto que se sale del despacho, con lo cual, alguien o algo se acerca.
Un golpe de diccionario abre la puerta. Comienza a entrar un regimiento de lápices con las puntas lanceadas, bolígrafos con cascos azules, verdes, rojos y negros, sacapuntas que cabalgan sobre gomas de borrar y, cerrando la retaguardia, una grapadora que manda romper filas y atacar. Pero el diccionario da el alto, letras y materiales quedan en silencio, la fotocopiadora se estremece y lanza un flash,...qué ocurrirá...
El compás se levanta, les recuerda que están en un despacho de arquitectura, pincha un folio en blanco y lo levanta en son de paz. Deja entender, en un giro de 360º, que aquí no ha pasado nada.
El diccionario, siempre tan instruido, avisa que la próxima vez que se escuche un levantamiento verbal de esa índole volverá, pero con armamento pesado, y pulsará el botón rojo de la destructora de documentos.
Se firma entonces un tratado de paz entre signos de admiración, y todo queda en concordancia.

domingo, 7 de junio de 2015

El Abuelo

La noche de antes de anoche
 vino el abuelo a hacer magia,
no lleva chistera,
 él lleva un sombrero de paja
y al quitarse el sombrero
 y al sentarse en la cama,
hizo magia el abuelo sin varita encantada.

Contó un cuento inventado,
 no conoce las letras,
desde bien pequeñito trabaja la tierra,
gobernaba la casa con su risa infantil,
madrugaba a la clara
 desde mayo hasta abril.

El abuelo tenía muchos sueños pequeños,
es mejor que uno grande,
 si se pierde hay repuesto.
Eso dice el abuelo
 con su risa importante.

Cuenta que, tras la parra, se escondía un león
y las uvas, sus barbas
 descansaban al sol.
Que la tierra es coqueta y la peina un señor
y ella dando las gracias,
 le regala una flor.

También dice el abuelo que los días de sol
 es que cielo está abierto
 y al no haber guardador
 las ovejas se escapan ¡sabe Dios, sabe Dios
a qué pasto se han ido a buscar el frescor!

El abuelo bosteza sentadito en la cama,
tiene sueño el abuelo,
 le doy besos de hada.

Tantas cosas ha visto,
 tantas cosas contó,
¡tanta magia sin libro el abuelo inventó!...

 Ahora llega ese tren, del final de sus cuentos,
que traía pasteles
 y también caramelos
para todos los niños que a escucharlos llegaban
y marcharan felices, 
sonriendo a sus casas.

Ahora es él quien descansa en un sueño feliz,
con sombrero de magia,
 desde mayo hasta abril.


En memoria de mi bisabuelo, Miguel, del que conservo su recuerdo por fotografías y las cosas que de él me han contado; que sin tener uso de la escritura inventaba unos cuentos fabulosos siempre acabados con un tren llenos de pasteles, el final más feliz en tiempos de hambre.
Me hubiera gustado escucharlo en alguno de ellos...hoy el mío es para él.






José Cadalso, Cartas marruecas



Carta LIII
De Gazel a Ben-Beley

Ayer estábamos Nuño y yo al balcón de mi posada viendo a un niño jugar con una caña adornada de cintas y papel dorado.
-¡Feliz edad -exclamé yo-, en que aún no conoce el corazón las penas verdaderas y falsos gustos de la vida! ¿Qué le importan a este niño los grandes negocios del mundo? ¿Qué daño le pueden ocasionar los malvados? ¿Qué impresión pueden hacer las mudanzas de la suerte próspera u adversa en su tierno corazón? Los caprichos de la fortuna le son indiferentes. ¡Dichoso el hombre si fuera siempre niño!
-Te equivocas -me dijo Nuño-. Si se le rompe esa caña con que juega; si otro compañero se la quita; si su madre le regaña porque se divierte con ella, le verás tan afligido como un general con la pérdida de la batalla, o un ministro en su caída. Créeme, Gazel, la miseria humana se proporciona a la edad de los hombres, va mudando de especie conforme el cuerpo va pasando por edades, pero el hombre es mísero desde la cuna al sepulcro.

viernes, 5 de junio de 2015

Reciprocidad

Cada día, cuidaba de sus plantas con tanto mimo como si de sus hijos se tratara, así, las mantenía vivas.
Cada cierto tiempo, una flor se abría para ella, así, la mantenían viva.

miércoles, 3 de junio de 2015

Que el amor no muera joven

Se va gastando la vida de tanto usarla,
la paciencia, con el tiempo, tiene prisa,
se van acortando los sueños y las dudas se hacen claras.
Sólo el tiempo difumina o elimina muchas sombras.
El sol triunfa en su cénit y alza en el cielo su antorcha
y todo, hay que creer, que en su lugar se coloca.
Pero hay algo que da vueltas y en soledad no descansa,
no logra pausarlo el tiempo, ni la costumbre lo ahoga,
porque da vueltas y vueltas, porque a los ojos se asoma,
porque el amor no entregado es lo que al cuerpo le sobra.
Y en la ventana del tiempo sigue esperando el encuentro
de la mitad que le falta para el círculo completo.
El amor es siempre niño, aviador que espera el vuelo.
¡No quiero que sea la muerte quién lo levante del suelo!

 


domingo, 31 de mayo de 2015

Recuerdo de lluvia

 
 
No tardaría mucho en llover, el cielo se puso oscuro de repente y el aire olía a lluvia, posiblemente ya lo estaría haciendo cerca de aquí y pronto descargaría en la sobremesa de aquel día. Encendimos la lámpara del comedor, la luz que entraba por la puerta de la calle era menuda, si acaso se encendía de vez en cuando por los relámpagos de momento acompañados por el silencio. Más tarde se iban escuchando los rumores de los truenos en la lejanía: ya está arrastrando los muebles San Pedro, palabra de abuela.
Mi hermano y yo sólo pensábamos que esa tarde nos íbamos a librar de ir al colegio, no era hacer novillos, era con permiso de mamá. De repente surgió la urgencia de ir al patio a recoger la ropa tendida antes de que se mojara y deprisa lo hicimos mi madre y yo. Un ¡ay! nos salía con cada relámpago.
Después comenzó a caer la lluvia esperada. Nos asomamos a la calle a través de los cristales, cuatro manos y dos naricillas los empañaban; el agua caía con fuerza y por ambos lados de la carretera comenzaron a bajar dos regueros de agua, dos pequeños ríos paralelos descendiendo a la vez calle abajo. Había burbujitas, pompas que hacían visible la velocidad del agua. En el centro de la carretera se veían las bailarinas, las gotas que estallaban en círculos graciosos, aquellas no corrían, sólo explotaban, hasta parecían llevar su blanco tutú. 
Era bonito ver llover, invitaba al refugio de la casa, así que aquella tarde sería tarde de juegos, de leer cuentos o tebeos o de hacer los deberes pendientes.
Que ni la lluvia ya es como antes...
Tal vez sí, tal vez la lluvia nunca cambia, es siempre la misma y los únicos que cambiamos hemos sido nosotros (...) pero eso no deja de formar parte de un ciclo natural.
 
 



jueves, 28 de mayo de 2015

Danza de estrellas




Trashuman las estrellas por la noche espejada,
hay ríos de melaza y acuden a beber,
en su fulgor titilan, se sienten embriagadas,
el mar les pide un baile, descienden hasta él.
Las olas distribuyen sus cuerpos vaporosos,
en ondas balancean sus aros de cristal,
la Luna vigilante controla la marea
y un tácito lucero convoca a lo fugaz:
Caen ráfagas de polvo, el sol con sus mil dedos
espolvorea el cielo con viento mineral;
purpúreo bastidor que tensa un alto lienzo
bordado a maravilla, principio sin final.
A veces las estrellas no vagan en la noche,
ni el mar está en silencio, ni el sol marcha a dormir.
A veces, por las noches, ocurren éstas cosas
que si no estás despierto no puedes descubrir.

 
 

domingo, 24 de mayo de 2015

Si vas a llorar

Si vas a llorar
elige la arena
no vayas al mar,
 
que la mar devuelve
en olas la pena.
La arena la envuelve.
 
Cara de amapola,
niña de ojos claros,
no elijas las olas,
 
que la sal del mar
nació de una lágrima
de agua mineral.
 
Elige la arena
si vas a llorar.
Y entierra la pena.
 
 


Sujeta

En ti se recuestan mis aves,
al posarse en tus brazos les das libertad.

Giran, son como alondras,
 su centro eres tú,
y despliegan sus alas de sombra y encuentran la luz.
Luego llega ese viento,
esa brisa,
 ese soplo de vida que tus ojos le dan
y entonces confían,
se sienten seguras y pueden volar.
Tu las llevas tan ligeramente,
 tan particular,
a ese mundo que ellas no conocen,
 ese que está fuera de lo inmaterial,
que es entonces que se sienten aves,
que ejercen el vuelo, que pueden trinar.

En tus brazos, mis aves se enredan,
quiero ser como ellas y hacia ti volar.



Un lío matemático.

Sí, un lío matemático, tonto, pero un lío.

Lo más simple y elemental es que uno más uno son dos, y eso si se formula la pregunta correctamente ya que si cambiamos el "más" por "y" el resultado varía de dos a once.
Más allá del planteamiento matemático para alumnos de cuatro años, vengo a referir del intríngulis que tiene cada cosa. Incluso contar con los dedos.
Comienzo a hacerlo desde el meñique de la mano izquierda: uno, dos, tres, cuatro, cinco; continúo con la mano derecha, y ya empezamos..., el pulgar es el seis habiendo cinco en cada mano...pero va, sigo...siete, ocho, nueve, diez. Ahora a la inversa: meñique derecho... diez, nueve, ocho, siete, seis...más cinco que me quedan de la otra mano= once.
Esto...es mejor no contar con los dedos, sí, además de que está feo las cuentas no salen.

viernes, 22 de mayo de 2015

En aras de la libertad

Llegaron al pueblo en un carromato tirado por dos mulas atravesando la vereda de cedros que daba la bienvenida. Un hombre recio y de amable semblante lo conducía, a su lado, aprendiendo posiblemente el mismo oficio, un chiquillo de doce años, que con un palito en la mano hacía como que azuzaba a los animales. En la parte de atrás del carro, cubierto éste de arpillera sobre un marco de madera, había toda clase de enseres: sartenes, cazos, tazas, cuchillos, coladores, una piedra de amolar, saquitos de poleo y otras hierbas digestivas y pegado al asiento donde sus espaldas hacían frontera con la tienda de atrás había un hueco libre donde ellos hacían noche.
Cuando se escuchó aquel tintineo metálico comenzaron a salir las mujeres de sus casas. Era la visita semanal a aquella villa y muchas de ellas iban a recoger los encargos de la semana anterior.
Un corro de niños acudió al encuentro, les gustaba curiosear aquella guarnición además de acariciar a las mulas que, dóciles, se prestaban a ello. El niño auriga se unió al grupo infantil y se las presentó, les dijo que la de color marrón se llamaba Flora y que la otra más morena era Lunar.
-Qué suerte tienes, siempre viajando de pueblo en pueblo, viendo cosas nuevas.
-Sí- respondió el niño sintiéndose importante. -Dice mi padre que nunca nos detenemos en un lugar fijo para siempre porque somos espíritus libres.
Mecachis, es verdad -contestó otro chiquillo del grupo- nosotros tenemos que ir a la escuela aunque llueva y todo, y los domingos, nos obligan a ir a misa aunque no entendamos lo que dice el cura; pero cuando yo sea mayor también voy a ser un espíritu libre. Al cabo de tres horas el conjunto ambulante se perdió en la lejanía ofrecida por los brazos del camino.
El niño, muy calladito, buceaba en su interior, imaginaba la prisión de aquellos que quedaron en el pueblo, luego miró atrás, a su habitación, miró a su padre y le preguntó: -Papá, ¿cuánto nos falta para dejar de ser libres?

miércoles, 20 de mayo de 2015

Jotica peleona (Jota de picadillo)

Le puse a ésta jota... (que digo yo que es una jota, lo mismo los aragoneses que entienden dicen que no, pero cuando la escribí la iba cantando a ese ritmo)... jotica peleona, y después, cuando la publiqué en el foro Monosílabo el amigo Miguel de Acevedo me dijo que es una jota de picadillo. Me gusta ese nombre y será porque en ellas se hacen picadillo hombres y mujeres jajajjaj. Dice así:

Como no tengo otra cosa
que hacer en esta mañana,
me peleo con mi esposa
y ver qué me echa a la cara.


 Ya no eres la de antes
ya no te pintas ni nada,
cuando te tengo delante
me pareces deslavada
Si ya no soy la de antes
es por que tú me has cambiado,
eras un mozo elegante
y ahora vas desaliñado.
Y ahora vas desaliñado
con las barbas de tres días,
por eso no me he arreglado
porque salir no me pidas.
Por la calle, de mi brazo,
ibas como en romería
yo el clavel que iba a tu lado
tu del manto, pedrería,
y si queja tiene alguna
la señora, de mis barbas,
tu tienes toda la culpa
de que me las deje largas,
de que me las deje largas
ya que antes me dabas besos
y ahora das muchas patadas.
Cómo quieres que te bese
si tu no me das motivos,
y es que a lo que te pareces
es a un pobre pastorcico.
Por las noches, si me acerco,
a darte algún calorcico,
se te escapan los borregos
que son todos tus ronquidos.
Ay mujer no te alborotes
ni te hagas tan mala sangre,
la culpa es de los botones
del camisón de tu madre,
del camisón de tu madre
que te dejó por herencia,
que de ese no hay quien te saque
y me entra el sueño de ovejas.

Ya te has quedado sin sopa,
la que estaba preparando,
que tienes muy mala sombra
y me has ido calentando.
No te enfades cosa fina
y hazme de sopa un puchero
que eres mi rosa divina
y es a ti a quien yo más quiero.


Y va una jota de otro género y bien cantada de despedida, Palomica Palomica.

Al final del arcoiris



Llovía, el cielo se cerró, gris, apretado todo él, tal vez triste, quizás enfadado, quién sabe la causa de su reacción.
Ya que la tarde vino dada así detuve el coche en el arcén y salí, porque me gusta el olor a tierra mojada, aspiré por unos momentos aquel aroma a vida y regresé al vehículo un tanto apresurada.

 Se encendía el cielo, respondía el trueno, el viento participaba en aquella orquesta sin director; aleatoriamente se hacían silencios.
Pasado el lamento de aquellas nubes una cóncava sonrisa fue apareciendo, a poquito, en el vacío que dejaron aquellos elementos, colores toda ella, me pareció como un caminito de esperanza. ¿Qué hay al final del arcoíris? me pregunté, ¿qué significado tiene el arcoíris? pensé. Mientras tanto todo lo que me rodeaba creo que ya lo sabía: el campo parecía mostrarse más verde, más azul el cielo, más blancas las nubes rezagadas, todo tenía un cromatismo más limpio. Y entonces lo entendí muy bien, al final del arcoíris sigue estando el mismo cielo, debajo de él la misma tierra, luego, la tormenta, era un problema que había quedado resuelto.
Así ocurre en la vida misma, a veces las lágrimas son una salida para disipar lo gris que nos aprieta, el sentimiento que ahoga y que, liberándolas, retornamos al color. Por lo tanto, llovamos cuanto sea necesario, encendámonos, estamos vivos, pero no alcemos nunca nuestro rayo contra otros ni seamos relámpago cegador en otros ojos, en cambio, mostremos la sonrisa unificadora del arcoíris que nos fue otorgado tras el primer llanto del nacer, tras la primera sonrisa al llegar y tras el primer beso de amor.
Arranqué el motor y me dirigí camino a casa, en los veinte kilómetros que me distaban para llegar tuve tiempo de reírme del enfado que tenía porque a medio camino había comenzado a llover.

lunes, 18 de mayo de 2015

Déjàvu

Había llegado el momento de su final, ya no era útil, su tiempo de actividad terminó y alguien tuvo la gentileza de darle una despedida digna conforme a su clase. No hubieron sonrisas ni lágrimas pero a ella le hubiera gustado un último viaje por la ciudad, volver una vez más a las calles que tanto la habían llevado de arriba para abajo, aunque ésta vez fuera sola.
La enterraron mal, le dejaron una mano o una oreja fuera, no sabría definir bien aquello que le sobresalía de la fosa común, demasiado llena por cierto, pero sea lo que fuere fue suficiente para que el viento la reviviera proféticamente con un levántate y anda. Le dio alas.
Levantó su ligero cuerpo y comenzó su tránsito por las calles del barrio. Un rosal, en la prisa de su carrera, le desgarró parte de su tejido, no le importó, continuó su sprint hasta darse de bruces contra la cara de un transeúnte que se la quitó de encima de malas maneras, mascullando palabras de asco. En su prisa cruzó entre el tráfico rodado de la avenida principal, semáforo en rojo, sorteando los coches hasta alcanzar la otra acera en donde perdió fuerza y cayó al suelo dando vueltas como una peonza; se arrastró como pudo unos metros y retornó de nuevo a su correteo. Patinaba sorteando elementos, la gente la sorteaba a ella, era fantástica aquella sensación.
Sabía que era libre del todo y que no iba a consentir que la usaran más, ni por supuesto volver a aquel departamento de las cosas sin vida. Pero toda acción necesita un stress vital y el viento cesó. Quedó entonces arrinconada, tirada.., unos ojos precisos la observaron, un uniforme con un arma letal para ella se acercó, presintió que su momento de gloria había acabado y así fue, el hombre arremetió contra ella con su escoba y la precipitó dentro del contenedor amarillo, ésta vez recién vaciado.
¿Puede una bolsa de plástico tener un déjà vu? tengo una que cuando la saco en los días de viento, dice haber volado. ¿Habrá cosa igual?

viernes, 15 de mayo de 2015

Amor indefinido

Me haces delirar con tu cariño,
a veces me levantas sobre olas,
agitas tempestades, me desbordas,
me impulsas y eliminas cualquier sombra.
Viene a ser ese cariño a veces tierno
como mano que me cubre y me deshiela
y me roza en un rincón indefinido
y me pone corazón cuando soy piedra.
¿Qué tienes en tus manos, qué hay en tu mirada?
¿Qué símbolo nos une qué ángel nos ampara?
¿Acaso nos besamos? ¿Acaso vi tu cara?
Dime de que cariño llevas vestida el alma.
Dime de que cariño me estás vistiendo el alma.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Paseando soledades

Boabdil pasea soledades por la Alhambra,
así dice en romancero viejo un trovador;
puede ser que en las estrellas vea unos ojos esmeralda,
puede ser que la gran Luna le atesora un buen amor.

Toda la naturaleza del jardín se siente inquieta,
pues presiente en alma mora el temblor de hermosa flor.
Puede ser que soledad, no es de necesidad tristeza.
Puede ser que en compañía esté más solo el corazón.

sábado, 9 de mayo de 2015

La Isla

Tengo una isla en el corazón
es mi refugio de las tormentas,
de cuando el sol es abrasador,
de cuando tiembla toda la tierra.
En esa isla hay una cueva,
no tiene adornos,
ni fuego, porque es austera,
allí me encierro como un cachorro,
blindado el mar
blindado el cielo,
ni un rayo par
de sol adentro.
Dirás que es la isla de los cobardes
de quien no afronta la adversidad,
allí me enojo, grito en silencio
y cargo luego la realidad.
Porque hay momentos en que te cansas
de oír gruñidos,
de caras largas,
de la migraña
en el corazón,
de esa anestesia
que corre en vena,
de automatismos
en la razón.
¿Que el mundo es grande?
Vaya faena,
si hay muchas calles con dirección
también el mundo es la rotonda
donde la inercia tiene el control.

Tengo una isla con una cueva,
al menos tengo una solución
y cuando salgo salgo tan llena...
de más paciencia que el Santo Job!







jueves, 30 de abril de 2015

El Pingüino Emperador.

Como ya ha entrado un nuevo día, son las doce y nueve minutos en el momento en que comienzo a escribir, debo hablar en pasado, bien, pues ayer, sobre el mediodía, estuve viendo un programa de la 2, un documental, y los protagonistas eran los pingüinos Emperador. Me gustó tanto que esta entrada va a ser en referencia a ellos.
Comienza el reportaje en una gran caminata por en medio del desierto azul de la Antártida. En grupo recorren exageradas distancias, sin más referencia para el lugar de encuentro que el instinto que conservan en la memoria. Un pingüino anciano hace de guía, todos los demás lo siguen.
El motivo de ese éxodo no es otro que el apareamiento. Las hembras esperan impacientes la llegada de los machos, tienen un tiempo determinado para que el huevo sea fecundado. Ellos llegan, comienzan a emitir sonidos buscando pareja, generalmente no se emparejan con la misma hembra, pero el protagonista de este reportaje busca a la que en otra temporada fue suya, Ella lo rechaza, la vez anterior él no consiguió sacar adelante a su polluelo. Y sale una imagen conmovedora, porque parece que él se siente culpable, lo sabe, y hasta parece lamentarse por ello.
En estos animales es muy curioso como se desarrolla el periodo de incubación del huevo.
El insiste, son unas imágenes realmente tiernas, ella al final lo acepta y es fecundada.
A continuación expulsa el huevo y con sumo cuidado y un tanto de malabarismo se lo pasa al macho, éste lo recoge encima de sus patas y, tras varios intentes fallidos, consigue introducirlo en una bolsa que tiene debajo de sus plumas donde permanecerá dos meses bajo su calor y protección.
Las hembras se marchan, exhaustas, al mar. Quedan agotadas y necesitan alimento, para ellas y para sus crías, que, meses después encontrarán en el mismo lugar donde quedaron con los padres.
Algunas nos regresarán y sus polluelos morirán de hambre, las focas son su enemigo natural.
Los machos queda agrupados bajo el frío polar y sus tormentas de viento, no se alimentarán en todo ese tiempo, comen nieve y forman un inmenso grupo para darse calor, todos de espaldas, unos a otros. Caminan con todo el cuidado sobre el resbaladizo hielo, evitando que el huevo caiga y se rompa, o lo pierdan. Rotan de cuando en cuando en ese grupo, de manera que los que quedan en la parte de afuera puedan ocupar también el lugar más caliente del centro. Eso me pareció un extraordinario ejemplo y lección de compañerismo y solidaridad.
El huevo eclosiona, sale el polluelo, tiene hambre y es alimentado por el padre que conserva una especie de papilla que no digiere, la guarda para ese momento, la regurgita y alimenta al recién nacido que precisa alimento para recuperar fuerzas. Así hasta que vuelven las madres y con su lenguaje de sonidos encuentran y reconocen a sus hijos.
Es realmente un espectáculo de belleza, cuidado, fuerza, instinto y amor, todo junto bajo el extremo frío polar.
Dejo vídeo, es de los más cortitos que he encontrado, pero vale la pena detenerse en uno más largo para ver toda la belleza de los pingüinos Emperador.

lunes, 27 de abril de 2015

La posada de Constanza

Doña Constanza Lerma, mujer seria, apática en sonrisa, gobernaba un hospedaje en el cual hacían noche caballeros de pelo largo y otros tantos de medio pelo; en común tenían aquellos entretener el estómago y darle mejor noche al sueño. He aquí que una tarde, pasada la novena del meridiano, alcánzose a llegar a aquella casa de comidas y pernoctancia un diplomático de la castaña, a decir, Pelayo Castañeda.
Al entrar repasó el comedor de arriba abajo, todos sus ojos fueron faltas:
Las sogas que hacían de las sillas asiento, despeinadas; coja, la mesa, la chimenea no era sino un infierno venido a menos, dos espadas que, cruzadas, estaban sujetas a la pared sobre un escudo de armas pareciéronle de queso que habiendo luchado contra ratones hubieron perdido la afrenta, revelábanlo tanta muesca en las hojas.
Olor a vino picado, a manteca agria... y toda la mirada se le iba por la boca, nombrándolo a voz alta, más la duda, de si aquella posada estaba a la altura de tan noble esqueleto. Apuntó además, que figura como la suya no hacía sino darle categoría a la estancia por lo cual debiera ser él el acreedor de la cuenta a convenir.
Constanza, con la sonrisa abreviada, acercóse a la boca faltona y acertó a decirle que todos los signos acusados por s.m. no eran sino la solera de aquella casa, su historia viva, la que, por hacerla suya esa noche, tendría la gentileza de no añadir ni un maravedí más a la cuenta.
-Las espadas bien que lucharon y no contra ratones, más bien contra armaduras y hasta con el más temido morisco aún por superar, he aquí que los trozos de metal que no se acusan fueren fundidos, tal era la fuerza de la mano que la empuñaba como el convencimiento al levantarla de la mano de mi tío abuelo.
 Las sogas despeinadas de las sillas no son sino la comparación exacta, puesta en cuerda, del estremecimiento de la piel cuando ésta es obsequiada con una caricia, o la alma mesma con bellas palabras, hecho que se ha presentado aquí, en mis sillas, muestra de los grandes que tanto orgullo han traído como llevado al marchar.
 Coja la mesa?, qué decís caballero, es una mesa a dos alturas. Manteca agria no la hay mejor que aquí, porque es hecha a posta, fórmula secreta que no ha de salir más que puesta en paladar porque no la roben los cocineros de la corte.
Vino picado no, mi señor, decíd más bien que narices engañosas, el desta casa es vino macerado con finas yerbas, vino que invita al más sugerente sueño en el que, bellas damas, según tengo constancia por un clérigo y bien sabéis que no mienten sopena de excomunión, bajan en sueños con dulces uvas que contra restan el sabor un tanto amargo quizá para quien no está acostumbrado a éstas nuevas mieles.
Así pues, si decide v.m. hacer noche en mi noble casa, sabed, que me habéis hecho entrar en razón, gracias he de daros, y que a partir del mesmo momento en que vuestro nombre figure en la hoja, lo acompañará un incremento en dineros y tendréis el honor de ser el primero en ponerlo por lo que quedará en años ha, tan distinguido apellido, como antecesor de tanto bien que nunca, por modestia, tuve a nombrar.
Tomad alojamiento sin más demora, pero antes, una muestra más para vuestro convencimiento del buen trato y bondad desta casa suya, acompañadme al patio -es arrastrado tomado por la manga- ved, señor, ved la planta que os muestro -una planta de hojas redondas y frondosas- véis tamaña circunferencia, no véis en ella un obispo harto de sopa, pues sabed que si a una planta que ni pide ni da, ni siente ni padece es tratada así, ¡qué ha de ser con tan noble caballero!

sábado, 25 de abril de 2015

El reloj de arena


Vivo en un reloj de arena, soy un grano entre un millón pero sé dónde estoy. Al principio estaba abajo, miraba hacia arriba y decía "Uh, de aquí no hay quien salga" Lo comentaba con los otros granos de arena y algunos me decían: No te esfuerces, ¿tú sabes todo lo que hay encima oprimiendo la salida? En cambio, otros decían que no hay que desesperar, que el tiempo fluye y que generalmente nada es estable, todo cambia.
Así andaba yo, entre la resignación, la aceptación y la esperanza y mientras tanto nada sucedía excepto que el tiempo iba pasando.
Un día cualquiera ¡albricias! ¡estaba arriba! El reloj dio la media vuelta y el tiempo nos puso en la cima, a todos, a los crédulos y a los incrédulos, no se detuvo en elegir a unos u otros, y qué feliz estaba yo en aquel momento; los que quedaron allá abajo con esa vuelta, pataleaban, lloraban porque habían perdido su posición y lo que consideraban suyo. Tenían dos opciones: adaptarse a lo nuevo o lamentarse y sentirse los más desgraciados.
Volvió nuevamente el tiempo con sus giros y volví a quedar abajo, pero ahora sé que es pasajero y ya no pregunto porque ya sé que todo viene y va, porque sé que no todo se elige y que el tiempo lleva y trae, da y quita, y que cada uno, con eso, tiene que hacer el mejor uso que corresponda en cada momento.
Y fin.

domingo, 12 de abril de 2015

Día de viento

El viento en esta tarde agita los árboles sin miramiento, lo mismo lo hace con el robusto pino que aguanta con firmeza que con el tierno naranjo que se doblega a su merced. Las palmeras de tronco largo y espigado parecen bailar, quizá es la manera que tienen sus ramas de echar a volar, creo que es su manera de imitar el vuelo observado de tantas aves que han visto pasar.
Entre todo, existe calma, es uno de esos días grises que no invitan al movimiento: el parque está vacío, en las terrazas de los bares no hay gente, los novietes quinceañeros, posiblemente, se habrán recogido en el portal de algún edificio al calorcito de sus palabras. Es domingo además, por lo que la mayoría podemos permitirnos quedarnos simplemente sin hacer nada. Sin hacer nada...y te pones a ver las noticias y te enteras que han destruido un gran legado de la historia antigua, y no haces nada...qué puedes hacer por más indignación que te entre. Y ves el anuncio de un niño que pasa hambre y le miden el bracito...y no haces nada, y te pones a pensar cosas de tu vida que han ido quedándose atrás y nunca más volverán...y no haces nada; es entonces que quisieras salír de ti,  por una vez ser tú el viento que empuja,  y te pones a pensar qué ha pasado para llegar a convertirte en árbol, tal vez lo sabes, pero, como ya es tarde, te dejas llevar... y no haces nada.

viernes, 10 de abril de 2015

La deXpedida

Yo soy muy de mi casa. Quiero decir con ello que sí, que acudo a bodas, bautizos y comuniones pero lo que son las fiestas, pues muy festera no soy. De vez en cuando hago en mi casa alguna reunión de tupperbare de toda la vida, acuden mis amigas y pasamos la tarde, pero quiere la cosa que mi hija una semana antes de su boda me invitara a su despedida de soltera. Por supuesto me negué en redondo, a ver qué hago yo entre la juventud, nada, y así se lo dije por activa y por pasiva pero la niña erre que erre me estuvo dando la lata cuatro días, que si tú te vienes, que si te lo vas a pasar muy bien, que si te vas a reír mucho...total, que por darle el gusto a la criatura y por no oir más aquel cencerro le dije que sí. Que me iba.
Me puse el mejor traje de chaqueta que tengo, uno de Cristian Dior gris perla, con una blusa blanca de organdí, mi bolso de Cacharel y unos pendientes de...no eran buenos porque cuando me los quité tenía el lóbulo de la oreja verde, pero es que si me pongo los buenos y los pierdo o me los roban qué, me puse los de alambre que eran muy finos y elegantes.
Estuvimos cenando en un restaurante muy bonito, vinieron todas las amigas de mi chica, yo era la única madre a excepción de los demás comensales que había allí aquella noche que, año arriba año abajo, rondaban mi edad. Un hombre de la mesa de enfrente dice mi hija que me guiñaba el ojo, así que me cambié de silla dándole la espalda. Después, al salír, me fijé en él y lo que le pasaba al pobre era que tenía un tic nervioso.
Ya que estamos en la puerta deciden las niñas ir a un sitio de fiesta, yo dije que me iba a casa y las locas aquellas me llevaron casi en volandas al coche, que para casa nada, dicen ellas, que hay que continuar la noche. Al subir de aquella manera tan atropellada al coche me enganché las medias con el tacón, y se me hizo una carrera. Ya no iba yo a gusto.
Pero a ellas lo mismo les daba mi opinión, arrancaron y tomamos camino unas detrás de otras al quinto pino, estuvimos casi media hora para llegar al sitio aquel. Entramos al local, no estaba muy iluminado que digamos, pero se veía bien, supongo que las discotecas de ahora son así. Habían mesas con sillas y en el centro una especie de escenario con dos pasarelas a los lados que llegaban hasta las mismas mesas.
Nos acomodamos, pedimos unos refrescos, bueno, cada una lo que quiso, y al rato de estar allí, diréis qué pasó, pues que sale un chico vestido del Zorro. Llevaba una capa negra y un antifaz, yo pensé que iba a hacer magia, pero qué va, já, magia...se pone a bailar el gachí, y a darse estirones de la ropa. Primero se quitó los guantes, después va y se arranca la camisa, que digo yo que aquello iría con velcro porque si no, no gana para ropa. Yo me estaba mosqueando, le daba a mi hija, que la tenía al lado, golpes con el codo - nena ésto qué es...-  calla mamá ya verás como te ríes. Cómo te ríes....gracia la que me hace cuando veo que se da un estirón de los pantalones y se queda en paños menores.
Qué poca vergüenza, decía yo, y aquellas no paraban de reírse, pero éste descaro qué es...preguntaba,  y se hacían las locas. Pero no contento con eso, baja de la pista aquella y se acerca a mi hija, mira, yo que lo veo con aquella capa, que se acerca a mi hija y se la lleva del brazo a la pista....salí corriendo detrás de él con mi Cacharel en la mano, la media rota ya me daba igual, y me faltó Cristian Dior para darle con el bolso. Lo lisié, la verdad es que lo lisié, ya se sabe que a las madres los bolsos se los carga el diablo pero es que aquel tuvo mucha cara dura, no conforme con quedarse delante de nosotras como su madre lo trajo al mundo que va y se lleva a mi hija estando a una semana de casarse... luego vinieron los municipales. Pero a mi, la verdad, me dio lo mismo. Para postre después me entero que el Zorro despeluchado era el hijo de mi amiga Marga, el que trabaja llevando ambulancias. No se lo dije a su madre claro, pero estuve en un tris cuando en una de la reuniones del tuper me dice que si mis hijos me piden que les arregle los pantalones con velcro.
 

sábado, 4 de abril de 2015

Como antes

Ahora no puedo hablarte,
deja que pase en mi vida
el tormento de olvidarte.
 
Deja que corran las olas,
que arrastre la espuma amor
y soledad, que te añoran.
 
Después que todo se olvide,
limpia la playa de amor,
entonces, si me lo pides,
quiero volver a tu voz,
quiero volver a mirarte
como te miraba yo,
antes de tu alma ser parte
y tú de mi corazón.
 
 


domingo, 22 de marzo de 2015

Mi lectura de una elección

Andábamos de turismo una prima mía y yo por aquella ciudad de la que no diré el nombre, no porque hayamos hecho algo malo, sino porque por el acontecimiento puede ser cualesquiera a día de hoy.
Vimos a la gente dirigirse en tropel en una dirección, nos sumamos a ella, no tanto por propia voluntad como por los empujones que íbamos recibiendo en ese sentido, y al final, por pura curiosidad. Era a una plaza.
Cinco autocares aparcados añadían importancia al evento, doscientas cincuenta almas que en total bajaron de ellos añadían masa, y la música, que sonaba a través de los altavoces añadía velocidad a su conjunto.
En la plaza había un escenario y en su centro un atril. Al fondo y a ambos lados de éste, altavoces y, pendiendo de una cuerda banderitas que representaban unos colores. Delante de la plataforma habían sillas que fueron ocupadas rápidamente.
Nosotras buscamos posición detrás de ellas, en pie, allí esperamos que aquel evento diera comienzo.
No tardó mucho en aparecer una persona, recibida entre aplausos, en aquel escenario.
Asentía con la cabeza a modo de agradecimiento y saludaba con ambas manos al público. Comenzó su charla. Al principio fue relajada, de cuando en cuando era interrumpida por aplausos espontáneos, más adelante comenzó a cambiar su tono de voz, más parecía entonces llorar que orar.
Los decibelios que emitía su garganta se incrementaban, sus gestos al compás, y aquel discurso fue tomando, poco a poco, tintes trágicos, a mi se me embozaron los oídos llegado al punto de que ya nos distinguía lo que hablaba, lo que prometía, lo que ansiaba, y tuve que preguntarle a mi prima. Me dijo que pedía el voto.
Yo me pregunté entonces que si una vez el voto a su nombre, si una vez el cetro en su mano, seguiría poniéndole el mismo sentimiento a su hora de actuar, de hacer o deshacer, de ejecutar las funciones para las que había sido elegida; es que luego de pasado el hambre no se acuerdan del cocinero, del pescador, del ganadero, del albañil, del médico que les cura la indigestión, del agricultor...
Nos marchamos mi prima y yo dejando atrás la fiesta, hasta que, como por capricho, nos encontramos no muy lejos de allí otra plaza con la misma plataforma, bullicio de gente, oratorias, lo único que cambiaba era el color de las banderitas, y que al hablar el ponente, no lo hacía sino en tono allegro.
He aquí las variantes que hay dentro de la política, cuando lo que necesita esa voz es conocimiento de causa,  honestidad, sentido común y no tristeza ni alegría sino seriedad.
Decir he, que pasados los discursos de ambos eventos fueron ofrecidos montaditos y refrescos, será por aquello de que contentar el oído a la par que el estómago funciona para ganarse la mano de obra.
Evidentemente todos se presentan en camisa, no desnudos.


domingo, 15 de marzo de 2015

El constante movimiento de la naturaleza

 Es curioso, a veces hay que acelerar la imágenes para poder observar su movimiento,
otras, en cambio, ralentizarlas para poder apreciarlo. La naturaleza tiene un orden establecido increíble.


sábado, 14 de marzo de 2015

De vagones y locomotoras ( Cuento infantil)



Una locomotora quedó aparcada, junto con tres vagones, en la cochera en dónde descansan los viejos trenes cansados de caminar. Allí se miraban unos a otros comparando sus estados: alguno estaba oxidado, otro tenía abolladuras que para él eran cicatrices, también había uno cuyos cristales de las ventanillas habían perdido el brillo y la transparencia por el paso del tiempo, pero todos ellos sabían mucho de caminos y de gente, de idas y venidas, de encuentros y despedidas, por algo eran trenes. Ahora habían quedado como exposición en un museo ferroviario.
Niños y mayores los visitaban en su descanso, generalmente eran los domingos el día de mayor afluencia. La locomotora, así como los vagones, observaban al mismo tiempo a la gente, los escuchaban hablar, oían lo entendidos que eran algunos y les gustaba que los tocaran, que entraran en su interior y se sentaran en sus asientos, les gustaba el contacto con la gente, siempre había sido así. Pero entre máquina y vagones había uno que era de mercancías; aquel era muy serio, no sabía del contacto humano, toda su vida se la pasó transportando materiales. La gente le molestaba, no soportaba el ruido de los niños que se paraban delante de él mirándolo de arriba abajo e imitando el sonido de una bocina -¡ puuu... puuu!.- exclamaban mientras hacían un gesto con el brazo como tirando de algo.
-Míralos, qué ruidosos, qué llorones, por no decir lo pequeños que son, que no levantan ni un palmo del suelo- Para él los domingos era el peor día de la semana.
Cierto día hubo una reunión en el ayuntamiento del pueblo, el alcalde, junto con varios concejales y  un grupo de vecinos que se hacían llamar "Amigos de los trenes"  llegaron al acuerdo de poner en marcha un proyecto especialmente bonito para aquellas máquinas que descansaban en el aburrimiento.
Dado que el antiguo trazado por el que concurrían las vías aún estaba bajo las hierbas salvajes que habían ido creciendo, aprovechando aquel abandono, se acordó de recuperar el circuito hasta donde fuera posible y poner en marcha lo que iban a llamar "Un paseo por el recuerdo".
Se pusieron todos manos a la obra, limpiaron las vías, arreglaron los tramos en los que había algún desperfecto y trazaron un nuevo camino de vuelta al lugar desde donde estaba previsto que partiera el tren. El recorrido final quedaría en una distancia que al paso de la vieja locomotora supondría una hora, un paseíto estupendo para no cansarse.
Ellos se asustaron cuando comenzaron a moverlos y a meterse en su interior para observarlos detenidamente, para arreglarlos y ponerlos más guapos. Qué nervios, qué incertidumbre, pensaban que los iban a mandar a la chatarra, pero poco a poco empezaron a coger confianza, sobre todo cuando la locomotora, que era muy lista, se dio cuenta de que si fueran a desmontarlos no llevarían el cuidado que les demostraban, a ella misma sin, ir más lejos, esa misma mañana le habían limpiado la caldera y revisado los frenos, los vagones también lo apreciaron puesto que a uno le habían forrado los asientos con terciopelo rojo y a otro le habían pulido los cristales dejándoselos brillantes, aquello prometía algo bueno.
Cuando estuvieron perfectas las vías, fueron depositados uno a uno sobre ellas en un orden establecido: primero iba la locomotora y enganchada a ella el vagón de los cristales, a continuación el de los asientos rojos y por último y cerrando el convoy, el mercancías, es decir, el serio.
El día de la inauguración fue toda una fiesta, tiraron cohetes, acudió la banda municipal regalándoles una alegre sinfonía, el sol se sumó al evento y como no podía ser de otra manera acudieron mayores y niños. ¡Qué majestuoso se veía aquel tren envuelto en una nubecita de vapor! respiraba alegría por los cuatro costados. La gente comenzó a subir y, curiosamente, todos los niños querían ir en el descapotable que, para poder sentarse, fue habilitado con un banco corrido en forma de U.
-¡Ya vienen!- decía él cuando vio que se le acercaban aquellos de un palmo de altura, -no había otro vagón, no, -refunfuñaba-
El trayecto fue delicioso para todos, cruzaron un valle en el que en ambos lados podían verse caballos pastando sobre la hierba y a lo lejos se divisaba la arboleda, estaban los árboles tan juntos que parecía una muralla verde; después les tocó subir una cuesta empinada en la que al bajar la cima, aparecía el mar delante de los ojos. En aquel momento el sol hacía que sobre la superficie azul del agua parecieran haber mariposas revoloteando en brillos, eso dijo una mamá, o palomitas de maíz flotando, así le pareció a un niño. Un poco más adelante el giro, y vuelta a la estación.
 Cuando el tren se detuvo todo fueron aplausos y el vagón de mercancías, por primera vez en su vida ¡sonrió! luego dijo en voz baja: la próxima vez que salgamos de paseo me pido todos los niños. La locomotora lo escuchó y soltó un alegre silbido.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.




viernes, 13 de marzo de 2015

La distancia, compañera.

Entre tu boca y mi boca
hay un suspiro latiendo,
hay una párvula luna
 hay un silencio.
Hay una historia antigua
de un amor nuevo,
un olvido olvidado;
siempre recuerdo.
Un posible te quiero,
 un nunca cierto,
un deseado encuentro
siempre con miedo.
Por eso es que la distancia
nos va robando los sueños
y se lleva los suspiros
que rondan nuestros alientos;
para que este amor descanse
en el cielo de los buenos.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Sintomatología

Este chico tiene algo, María, ¿no te has dado cuenta de lo distraído que anda últimamente? Le preguntas algo y te contesta a los cinco minutos, y encima con un sí o un no, no creas que gasta mucho en palabras..., las notas del instituto han caído en picado y lo mismo se cierra como una ostra que se parte la camisa como Camarón. Debemos hacerle un seguimiento cauteloso, que estoy más mosqueado que un pavo en Nochebuena.
Tienes razón Arturo, yo no quise decirte nada precisamente por no preocuparte, pero también me he dado cuenta de su comportamiento. Mira, el otro día alguien lo llamó por teléfono, después de estar casi veinte minutos de cháchara, pero tan bajito que no se le entendía ni jota, se fue a la calle; tardó hora y media en volver y traía unos ojos..., cándidos, Arturo, cándidos...y no quiso ni cenar.
¿Y si anda metido en algo malo? con tantas cosas que se ven y se oyen...mira, vamos a llevarlo al médico para que le haga un reconocimiento de descarte. Así por lo menos nos quedamos más tranquilos.
El médico de toda la vida le preguntó qué le ocurría y el muchacho, con toda la sinceridad del mundo le dijo que nada, - Don José, los que necesitan tratamiento son mis padres, se pasan el día espiándome, creen que no me doy cuenta pero hasta les han crecido las orejas de tanto afinar el oído y pegarlo a la puerta de mi cuarto.
-Bueno chaval, lo que pasa no es otra cosa que se preocupan por ti, me han dicho que tus notas han bajado y en fin, sabes que hay sustancias con las que no se debe jugar...
Bueno, ya lo que me faltaba, que piensen que soy un porreta...pero sabe usted, me resulta divertido que éste misterio se descubra a través suya. Puede dar con la clave de mi comportamiento sin necesidad de analítica ni de la máquina de la verdad, va a ser mucho más fácil, hágame caso, coja el fonendoscopio y cuando le avise me ausculta.
El médico hizo acopio del artilugio, David se levantó la camiseta y tras pronunciar el nombre de Jesica le dijo, proceda doc.
El diagnóstico fue muy claro:
Ay, el niño, éste niño lo que está es ¡enamorado!

lunes, 9 de marzo de 2015

Equilibrista


Me sobra amistad con la soledad,
me sobran lugares para recordarte,
me sobran las calles de ésta ciudad
e intentos fallidos de huir a buscarte.

Me sobran estrellas en la habitación
en donde los sueños tienden a elevarse,
me sobran ideas e imaginación,
caprichos y miedos, me sobra equipaje.

En cambio me falta un golpe de amor,
un toque de suerte, un rayo de luz,
me falta la onda que emite tu voz.
¿Dónde el equilibrio, si me faltas tú?

El ánima de lo inanimado

Se han llevado mi sillón, mis libros y mi chaqueta, mi sombrero de ala ancha y mi escopeta; también han escarbado en mis recuerdos: mis cartas malheridas que pasaron la guerra, mis gafas de miope y mis poemas. Ah, que más da, si ya no estoy presente, si allá donde he ido no necesito maleta -dirán- y se irán con todo ello sin saber que el sillón tiene mi forma, mis huellas la escopeta, detrás del cristal aún se refleja mi pupila y mi sombrero es salvaguarda de mi mente tan inquieta. Pero yo ya no estoy, polvo al polvo, a la tierra, tierra; aunque mis cosas, tal vez mis cosas sí me recuerden, a su manera.

Primavera

La madre Naturaleza tiene unos hijos muy traviesos, nunca andan quietos y cuando no los siente aún es peor, ya que alguna de las suyas se está cociendo. Lo mismo se entretienen en inflar nubes para luego explotarlas que en desmenuzar algodones y ponerlo todo perdido; otras veces prenden la mecha de algún volcán o taconean hasta hacer temblar la tierra.
-¿Qué habéis hecho ahora? -pregunta la madre, ya entrado el mes de mayo-
-Nada...nada..., sólo...- dicen entre risas- ...que se nos han volcado unos cántaros de flores sobre los campos.


jueves, 5 de marzo de 2015

Enigma

¿Qué hay detrás de las estrellas,
y bajo las olas del mar?
Si un alma abandona la tierra,
¿en qué se irá a reencarnar?
¿Qué hay detrás de una mirada?
¿Y dentro de un corazón?
¿Quién te quiso, que enamorada,
en mi hace continuo su amor?

 


jueves, 26 de febrero de 2015

A Laura

Ni la perla más fina
tiene niña tu piel,
ni la Luna más clara
hace sombra a tu ser.
De mi vida eres toda
la alegría y la miel,
la frescura, el aroma,
de mi lienzo el pincel.
No hay color sin tus ojos,
con tu boca no hay sed,
la extensión de mis manos
fuiste, vida, al nacer.
Sólo pido que un ángel,
a mi niña mujer,
cuide siempre y la vele,
más que flor es Laurel.

A mi hija Laura, con todo mi amor.

viernes, 20 de febrero de 2015

Qué forma tiene el cariño

Que mengüe la luna entera,
que luchen rosas y nardos,
que se duerma la primavera
y no despierte a los campos.
Que mis manos se hagan de bronce
para impedir mis abrazos,
que la tierra pierda su orbe
y el cielo todo su encanto.

No importa.

Si no te puedo escribir,
te canto.
Si no te puedo abrazar,
te beso.
Si no te puedo besar,
te miro.
Siempre hay una manera
de demostrar el cariño.

lunes, 16 de febrero de 2015

 
Magnífica interpretación y entregada dirección.
Bravo!

domingo, 15 de febrero de 2015

miércoles, 4 de febrero de 2015

Canción de Invierno

La nieve se expande a su libre albedrío
las flores descansan serenas y en paz,
desnudos árboles contemplan el río
y hasta la montaña parece soñar.
 
El cielo camina buscando estaciones,
un rayo de Luna se hunde en el mar,
y es que en el invierno no hay declaraciones,
ellas necesitan voz primaveral.
 
Surgirán de nuevo, regalando abrazos,
cantares del agua por su caminar
y entre los parajes más insospechados
águilas y ciervos se enamorarán.
 
Ahora, en invierno, todo está dormido
para coger fuerzas en su despertar.
No dudes que te amo si no te lo digo,
pues la primavera, me manda esperar.
 
 
 
 
 
 
 
Ahor

lunes, 2 de febrero de 2015

Ámame (una inspiración de esas que me dan)

Si no nos amamos en ésta tierra,
será en la eternidad.

No me digas eso, por caridad,
que la eternidad es muy grande
y tal vez no nos vamos a encontrar.
Ámame en ésta tierra,
ámame junto al mar,
que sea bajo las estrellas
no en su inmensidad.
Ámame con dulzura,
ámame con propiedad,
que quizás, en otra vida,
no nos volveremos a hallar.

Que quizás, en otra vida,
tú seas piedra y yo cristal.




Sé siempre tú.

Tú, sé como eres, no cambies,
si de emoción llenas la Luna
si de cristal pintas el mar,
si tus besos son el magma
que fusionan un te quiero,
nada has de cambiar.

Si el estrecho cabo del amor
te atreves a doblar,
dóblalo en los brazos
de quien sepa amarte de verdad.

No aprecies tanto el tiempo,
ni las manecillas del reloj,
ellos no saben lo que son los sentimientos,
no tienen corazón.

Tu no cambies la virtud que te ha otorgado
quien nos decide al llegar,
el mundo tirita de frío,
no es natural.

Tu sigue cantándole al río
o sonriéndole al mar,
tú sé fiel a tu reflejo
y siempre te encontrarás.


Me pregunto, y me cabrea mucho, que por qué es tan fácil la violencia y tan difícil decir te quiero ¿a qué tenemos más miedo?
 ¿Decimos locos a los que son malos porque nunca hemos visto a locos haciendo cosas buenas? ¿Y porque a los que hacen cosas buenas les decimos tontos? No estoy de acuerdo con eso, como tampoco lo estoy con que cada uno tiene lo que se merece.

miércoles, 28 de enero de 2015

Castril de la Peña (Granada)

Castril de la Peña (Granada)
Un pastor con su rebaño en el llamado, según la leyenda que figuraba en un cartel, Paseo de la voz Dormida.
Río Castril



Castril visto desde el castillo, antigua fortaleza de la época almohade.


martes, 27 de enero de 2015

Amor blanco

El amor se presentó
 en una de sus mil formas,
pudo ser en una flor,
 en el giro de una alondra,
en el carisma del mar
 o en la hierba, presta a alfombra;
en esas cosas, en fin,
 que al corazón le dan forma.
Mas no fue en ninguna de ellas,
 aunque todas las evocan,
fue entre versos que surgió
 zureando esa paloma.
Desplegó sus alas blancas
 recogiéndonos debajo
para hacer nido en sus plumas,
 invitándonos a abrazos.
Nunca tocamos la Luna,
 las palomas vuelan bajo,
fue un amor, que se sintió;
 fue un amor inmaculado.
Y regresó ella, después,
 a su cielo puro y ancho,
y un recuerdo nos dejó,
 blanco y dulce, limpio y claro,
porque blancas son las alas
 que sostienen los abrazos
porque blancos son los versos
 del poeta que he amado.




lunes, 19 de enero de 2015

El último homoliteratus

De los casos raros que puede haber y que los hay quiero destacar a un personajillo que se puede pensar que está fuera de la onda actual, pero no, lo que le ocurre no es otra cosa que ajustarse literalmente al sentido de las palabras. Así le va, es cierto, pero es que ya, desde su inscripción en el registro civil le vino dado, más franco y auténtico dudo que lo haya. Comienzo a relatar.

Justo Ver Dadero era un tipo, como he dicho, literal en toda la expresión de la palabra. Su último negocio fue una peluquería, y lo que empezó con ilusión y buen pie terminó cerrándose a los seis meses. Él asegura que la gente no está adaptada al sentido propio y exacto de la palabra y eso es, ni más ni menos, el culpable de su fracaso. Cuando alguna de sus clientas le pedía que le cortara el pelo escalonado Justo lo hacía al dedillo, para eso se subía en un escalón. Desde allí sólo veía la coronilla de la mujer, estamos de acuerdo, pero por allí empezaba a cortar siendo fiel a la demanda de la señora. Dice que algunas se fueron sin necesidad de volver a usar el peine y encima ¡enfadadas! ¿pero entonces para qué lo piden? se preguntaba.
La manicura francesa, que también la hacía, le era harto difícil pero no se amedrentaba. La noche antes de la cita se la pasaba con el diccionario francés/español y al día siguiente era capaz de contarle en francés todos los chismes habidos y por haber a la clienta mientras le pintaba las uñas.
La cera le daba un poco de escalofríos, pero el cliente, lo que pida, y si quería cera toma cera, para ello la pelu se convertía en un altar, todo lleno de cirios, velas y velones.
Una cosa que le gustaba era el láser, pumba pumba...la música la ponía por su cuenta, cortesía de la casa, decía.
Ingles brasileñas...uh, ahí si que se le iba un pastón. Sí, porque entonces tenía que traerse para acá al primo de Inglaterra y a una amiga de Brasil con lo caros que están los aviones. En fin, que éste ha sido, que se sepa, el negocio menos rentable de la historia.
Ahora afirma, dentro de su línea, que es criado, y no miente, ha vuelto a la protección de sus padres.
Yo digo que de siempre al pan pan y al vino vino, y que tantas palabras nuevas sólo sirven para liarnos, dí que sí Justo.



sábado, 10 de enero de 2015

Para olvidarte

Para olvidarte
he tenido que buscar una estrategia,
sólo tengo que pensar: no eres humano,
eres un sueño, la luz entera de una estrella,
un alma buena, un corazón que me ha rozado.
Para olvidarte
he de invocar a mi memoria
y sustraerle las palabras que me diste,
las caricias que en el viento propagaste
y llegaron tan profundas a vestirme.
Para olvidarte
no debo imaginar que eres un hombre,
de lo contrario, de tus brazos no saldría,
me quedaría eternamente en tu regazo
y separarme de ti ya no podría.
Para olvidarte
tengo que mentirme cada día.

domingo, 4 de enero de 2015

Preámbulo

El cielo azul de la tarde
se ha vestido de grana
y un cortejo de nubes
le acompaña.
A su encuentro, la noche.
La luz por momentos baja
y un cántaro de breve luna
se derrama.
Hay un concierto de grillos,
una danza de luciérnagas;
 las aves buscan la suite
 más alta.
Todo se recoge al calor,
el amor, así madura,
sólo en la naturaleza
no hay censura.
Mis ojos te están llamando,
son, de paloma, las alas.
Abrázame con ternura,
todo está en calma.

 
 
 
 


jueves, 25 de diciembre de 2014

Cuando el corazón se hace poema

Cuando en soledad vas sintiendo pasos,
vas oyendo risas de tiempos pasados,
cuando la añoranza llega en ojos claros
y la eternidad tiene el pelo largo...
todo se descubre de un modo distinto;
vuelven los aromas, recuerdos de antaño,
vuelves a sentir de nuevo las manos
y aquellas palabras que abrigaron tanto.

Regresa la infancia con todos sus trasgos,
abriles de luz, diciembres de cantos,
eneros de ensueños, veranos dorados,
septiembres que fueron principios de año.
Ahí me demoro, sin prisa al presente,
y voy escogiendo los bellos recuerdos.
Algunas tristezas aún quedan latentes
quedaron sin darse millones de besos.

Y yo que quisiera ¡no puedo hacer nada!,
todo se marchó, como viento y agua,
y de algún lugar alguien viene y dice: tu no tengas pena...
y en mi corazón nace este poema.




Autoconsuelo, debiera haberlo llamado. En memoria de cuando mi familia estaba entera, cuando la casa estaba llena y nunca piensas que algún día pueden faltarte algunos de ellos y aunque lo pienses no te lo crees, pero el tiempo te hace tragar con todo.