Si quieres escuchar el mar pon tu mano en mi pecho allí, junto al corazón, la otra mano en tu boca allí, donde beso yo, así escucharás las olas las que en mi corazón se forman cuando tu nombre pronuncio o cuando tu mirar yo veo …y ahora dime… ¿quieres escuchar el mar?
Con mi mano en tu pecho y los dedos en mis labios, quiero volar y atravesar el cielo, navegar tus anhelos, mirarte a los ojos con embeleso, pronunciar tu nombre en silencio. Y asi juntos los dos, sin nada más, quietos, cercanos, en la inmensidad celestial, responderte enamorada: Sí, sí quiero escuchar el mar!
Me duelen los deseos, son sueños bretonianos, me duelen mis diez dedos por falta de tocarte, me duelen tus dos pechos tan hulírfanos de manos y duele mi memoria tratando de olvidarte.
Me duele el mes de agosto, pues todo habrá acabado. Me duelen tus orgasmos pegados a mi ombligo me duele haber nacido el año equivocado y duelen mis errores. Y duele mi castigo.
Cuando el dolor me deje, cumplida ya mi pena Te pensarlí en secreto alguno que otro día y al verme protegido por una paz serena, recordarlí por siempre. Un tiempo, fuiste mía.
Ámame, dijiste, entrégate como leña al fuego. Déjate arder. Bailemos en flamas rojas, respiremos azules destellos y en amarillas pinceladas deslízate como hace el sol sobre la cima de las olas. Y te amé con la pasión del primer beso. Rompimos las estrellas del firmamento, cayeron lunas sobre nuestros dedos, giraron planetas nuevos sobre un laico universo. Fuimos aroma, piel y tacto para un braille de versos leídos en el pergamino de nuestros cuerpos. El amor se hizo forma, se edificó en pasión. Pasión de dos cuerpos yacentes entre sábanas de algodón.
Se me clava la tristeza
como una espuela oxidada,
daña; duele; amarga; escuece,
me enferma la piel y el alma.
Cómo cierro yo esa herida,
quién me quita esa navaja,
el crujido de mi carne,
el dolor que no se acaba.
Quítame, madre, el tormento,
nímbame con tu agua clara,
hazme de nuevo en tu vientre
como flor resucitada
y apártame del cariño,
del sentido de nostalgia,
de todas las trampas dulces
que engañan y te desarman.
Del recuerdo que no cesa
de dar portazos al alba,
de tocar la libertad
con las dos manos atadas.
A mi que me disparen un rock and roll al pecho. Un culatazo al alma mientras suena un bolero que solo tengo miedo a estar viva y sin sueños. No me pidas permiso si vas a usar como arma tu mirada que debemos morirnos cuerpo a cuerpo gatillando palabras en la almohada. Diciéndonos lo mucho que nos hemos querido. Que hay que morir amando o hay que morir bailando. De lo más natural, como es debido.
Más allá de ti no hay vida, la tierra frena su caminar hambriento dejando de estar suspendida en ninguna parte… no hay luceros.
Más allá de ti la nada existe y se hace inmensa, tan oscura como mi mirada cuando no te veo…. tan triste como mi voz cuando no te habla… apagada como aura sin un credo.
Porque más allá de ti nada soy y nada tengo; frio congelado es mi aliento que no escucha calor ajeno sino es el tuyo.
Mi vida tú y por ti muero… porque la tierra no se mueve, ni suspira, ni respira…
Porque mi cuerpo no se estremece cuando no me acarician los dedos de tu aliento…
Idéntico a ese fénix de alas yermas renace mi interior de sus cenizas sanando a mis heridas más enfermas con todas las virtudes que enfatizas. Repuestas de sus males y sus mermas mis alas otra vez son primerizas curadas con vapores de unas termas repletas del amor que exteriorizas. Comienzo nuevamente un primer vuelo feliz al descorrer el sutil velo de todo lo anterior que fue antes tuyo. Desciendo de los cóndores y albatros y ardiendo mi linaje en sus teatros contigo este otro nido reconstruyo.
Este seguir sin ganas, distraído, como quien pierde en tiempo, gota a gota, su atlántica existencia y sin sentido, a la deriva, cuando menos flota; hace larga la hechura del vestido, con que evitar la lluvia el alma rota, cuajo de plumas muertas de Cupido que o no calientan ya, o no se nota.
Las ciento veces que abrazó la idea de conspirar el beso en fantasía a cambio de no hallar junto a su aldea escombros, otra vez, y boca fría; fueron la causa innoble, por lo fea y sola, de olvidar dónde vivía; si el sol destruye lo que el sueño crea, la noche, luego, sobreviene al día.
¡Pero… es tan largo el trecho en ciertos casos, cuando las canas llegan desde el cielo cansadas de volar sobre fracasos! Se toma por costumbre hacer del vuelo un cómodo caer tras de sus pasos; y tanto llega a ser de poco el celo, y tanto, cada vez, sus pies, más lasos, que andar y no, es lo mismo, y cielo y suelo.
Hoy que la lluvia araña la osamenta con sus puñales fríos, y el sonido de la memoria gime lo que inventa desde el momento en que perdió su nido; es lógico entender que pase lenta la tarde de quien tiene por cumplido un paso, un beso, un vuelo, una tormenta y este seguir sin ganas, distraído.
Eres bella expresión de cadencia, manifestación de la belleza, historia y arte. Eres imaginación y sentimiento, fantasías de libres vuelos que tus hijos los poetas modelan con sutileza y adoración. Yo, nunca te quise,no me gustabas, en mi corazón solo existían los sueños y realidades habladas, hasta que una noche de puro invierno cuando las campanas celebraban en todos los lugares del universo, se durmió para siempre el amor. La frialdad hizo escarcha en mi jardín y mi flor murió sin voz. Un amargo silencio se hizo en las agujas del reloj, las lágrimas oxidaron sus movimientos, y sin compás los pasos siguieron, hasta que la calidez de lo inmenso, disipó las sombras y surgió el impulso de las horas.
Las evocaciones rodearon mis aristas, y tú, me adoptaste con amor esperando el mío… pero hasta el momento, solo he podido ofrecerte mi aprecio… ... POESÍA,
Bienvenidos los sobrevivientes, incorregibles, inadaptables e inconformables. Aventureros, los que calman tempestades con la palabras y los agitadores que denuncian barbaries ondeando una bandera blanca. Los que cantan aunque no tengan un pájaro en la garganta, los que escriben con faltas de ortografía, los que gritan, los grises, los que son de colores. Aquellos que se enamoran de una sonrisa, los que viven muy lento, los que corren de prisa, los que inventan el día cada mañana. Bienvenidos los tristes y los nostálgicos. los que todo lo olvidan y los felices, los lobos esteparios y los llenos de amigos. Audaces, temerarios ¡Cargas de adrenalina! Y aplastantes de almohadas con marcas en el culo, los "mejor disimulo", los que miran de frente, recelosos, graciosos, los grandes estudiosos y los que no comprenden. Bienvenidos los asexuados y los que aman el sexo, los tiernos y los duros, jóvenes, maduros y los viejos. Los que son fiel reflejo de la cordura y ¡Claro que los locos! Los que regalan toneladas de ternura, flacos gordos, de dentro de un ropero o de puertas abiertas, desafiantes, sinceros. Bienvenidos ateos, buenos cristianos, putas o santas que gozan con su trabajo amantes del relajo y la algarabía, silenciosos, poetas... Porque de ellos es el maravilloso sitio, "Monosílabo"
Lo sé. Sé que soy la espora latente y silenciosa que aflora en tu pecho caliente, que te corro por las venas lentamente y llegada al corazón soy bulliciosa. Lo sabes. Tú me sabes abocada al fracaso si en algún momento me niegas el opiáceo lugar de tus brazos en donde cuerpo y alma se enhebran. Ya sabemos los dos de qué va la innegabilidad de negarnos, y el sinquerer de querernos.
¡Ya está bien!
¡Ya está bien,
que se nos va a helar!
¡Tanto adorar al chaval
y nadie tiene cojones
de darle sus pantalones,
sus sayas
o su morral!
¡Tanta mirra
y tanto incienso,
y el desnudito entre el pienso!
Pienso...
Pienso que nadie le quiere:
su tiritera me hiere
en esta noche tan puta.
¡Muchachos, traed viruta,
que vamos a hacer una hoguera,
antes de que se nos muera
de frío la salvación!
Volvería a ti una y mil veces
a tu cintura de madre-abuela
a tus manos tan sensibles en la entrega
como fuertes cuando el tiempo lo reclama.
Tu perfume balancea mis recuerdos,
te aspiro en cada día
y en cada nuevo movimiento.
El espacio está carente de ti,
la casa lo nota, tus flores lo notan
lo advierte la ropa que envuelve tu cama
y el espejo que admira tu planta.
Cuántas palabras buscadas
para el auto-consuelo
pero lo cierto es que la vida
no tiene en cuenta lo que quiero.
Seguir adelante, esa es tu ley
y el triunfo que de ti heredo.
Estás lejos, me lo dice el aire.
No respiro tus partículas de hombría.
No resalta tu lenguaje entre sus ondas
ni cabalga tu ansiedad sobre la mía.
No relampaguea tu mirada,
la que enciende los rincones que me habitan.
Ya no truenan tus palabras.
Se desploma la tormenta que aviva.
Quiero el rayo de tu impronta, tu amenaza,
el estruendo de tu gen provocativo,
la catarsis de tu nervio con mi calma
como conjunción entre luz y sonido.
Quiero el viento que arremolina mis aguas,
que me agites, para que no me convierta en hielo
y caer después en libre catarata
empapada de tu amor hasta los huesos.
Volver
a tu piel curtida
a tu gesto huraño,
a tu risa franca
y a tus ojos claros,
a tu imagen tierna
a tu amor contado
a tu tierra hermosa
con su cielo bajo.
Volver
a volver contigo,
y saltar estrellas
con los pies descalzos,
a girar planetas,
a inventarnos astros,
a volvernos niños,
y al amor primario
donde el beso rompe
como ola en el labio.
Tu voz tiene piel, tiene cintura
tiene brazos, tiene hombros tiene espalda,
tiene dedos, luz, temperatura,
toca todas las cuerdas de mi alma.
Conversando de las cosas más triviales
tu voz relampaguea en mis adentros...
¿qué será cuando tu voz sea la que calle
y todo me lo digas con un beso?
Media hora llevan en la playa esperando a la novia el novio, Don Remigio, que a punto está de que le de una lipotimia vestido hasta los pies con la sotana negra y menos mal que le han ofrecido una banqueta y Enrique lo abanica, los invitados al evento que son escasos pero ruidosos y los de la ambulancia que en vez de estar al tanto de la comitiva nupcial están a los bikinis. Y Julia sin aparecer. Algo ocurre. A lo lejos por fin se le ve venir. Va vestida de paisana, qué extraño -piensa Enrique- Desde unos metros la escucha: -Ven- y le hace un gesto con la mano para que se acerque. Enrique desde donde está levanta un poco su muñeca y le señala con un dedo el reloj dándole golpecitos. -Que vengas- dice Julia dando una patada en la arena. Enrique arranca el paso. -Mira Enrique, que no me caso. ¿...? -Que no, y te lo digo directamente. Eres muy tacaño ¿no te lo notas? Primero me vienes con un aro de cebolla de anillo de compromiso, encima me vuelves a llamar pato aparato con la de botellas de coca cola que te habré abierto con los piños y que tan bien te venía, y para postre me entero que la alianza la has comprado en el Burriking, eso ha sido la puntilla. ¿qué será lo siguiente? ¿Irnos a Venecia en monopatín? Ah, y si tenía los dientes largos es porque mi madre me daba mucho puré de zanahoria por aquello de que es bueno para la vista y yo era estudiante, de sobra sabes que fue un efecto secundario y que cuando aprobé las oposiciones volvieron a su estado normal. Eres muy tacaño Enrique, más agarrado que un chotis y eso que aún estamos solteros...así que si es así ahora, cuando llevemos 5 años casados... Julia se da la vuelta muy altanera y recorre el camino inverso. El sacerdote, al ver la escena desde lo lejos se acerca lo más rápido que puede levantándose la sotana con la punta de los dedos para no pisarla. -¿Qué ocurre hijo mío?- -Ocurre...que dice que no se casa. -¿Cómo que no se casa? ¿Qué ha pasado? ¿No tiene vestido? ¿Hay algún inconveniente? -No es eso Don Remigio, dice que soy un roñoso. ¡¿Y lo eres?! Y vuelve a por el acetre e hisopo para bendecirlo y espantarle toda roñosería. Los invitados empiezan a inquietarse, un murmullo generalizado va subiendo de tono mientras Julia, por otro lado, va camino del apartamento cabizbaja. Enrique sale en pos de ella y la localiza por fin. -¡Julia! ¡venga muchacha, no te pongas así, tonta! Julia vuelve la cabeza pero no hace caso y continúa caminando. De repente escucha un sonido de cristales rotos, se detiene en seco y se gira. Ve a Enrique con una piedra en la mano que acaba de romper el cristal de un coche, acude de inmediato a su lado y ve como está sacando del coche a un perro que estaba a punto de morir asfixiado allí dentro. Lo coloca en la sombra, le moja el cuerpo con agua fresca que otra persona le ofrece y le da de beber. Julia lo mira con los ojos llenos de lágrimas y se abraza a Enrique con todas sus fuerzas. Ya recuerdo por qué te quiero. ¡Hay boda! 💏